La vigesimonovena edición del festival volvió a convertir Alcalá la Real en un espacio de convivencia, baile y descubrimiento, con una programación capaz de conectar tradición y electrónica, figuras históricas y nuevos talentos, sin perder el espíritu abierto que ha definido a Etnosur durante casi tres décadas.
La cita alcalaína ha sido un rotundo éxito gracias al equilibrio entre nombres, géneros y procedencias. Alcalá la Real sigue siendo un enclave único para acoger uno de los festivales más divertidos que existen en torno a las músicas del mundo. La localidad jiennense abraza Etnosur, lo hace suyo de principio a fin y lo mima como a ese hijo pequeño al que todos colman de atenciones, aunque ya haya cumplido veintinueve años.
El jueves comenzó con dos conciertos nocturnos en la plaza del Ayuntamiento. Los vallisoletanos Delameseta abrieron una noche que cerró por todo lo alto el cubano Afrosideral. Lucía López y Santi Sierra, acompañados por Laura Silva a las percusiones y las cuerdas, centraron su actuación en Al baile por ver amores. “Lindos colores”, “Jota de la Narcisa”, “Ay, sí” o “Campurriano”, firmada junto a Castora Herz, hicieron bailar al público al son de la jota y otros ritmos castellanos. “Tiende la rede” convirtió la plaza en una rave delameseta, antes de los bises “3 coplas para decir adiós” y “Rondadora”. Un primer concierto que dejó el listón muy alto y nos hizo presagiar que el festival iba a ser duro, muy duro. Después apareció Kumar Sublevao-Beat con su proyecto Afrosideral. “Ya comienza la ceremonia”, anunció al pisar el escenario, dejando claro desde el primer instante que aquello no era solo un concierto, sino “una fiesta que no para”. Sonaron “Ese soy yo”, convertida en una declaración de intenciones, “Me saca del cuerpo”, de carácter rústico y místico, y “Ode Ni Ire”, un viaje de percusión afrocubana y pulsación de club. Presentado en formato de trío, su concierto fue concebido como un ritual colectivo en torno a la música, la espiritualidad y la celebración. “Hay que celebrar la vida, porque no en todos los sitios se puede celebrar”, nos recordó. La despedida resumió el espíritu de su directo. “Paz para todo el mundo, libertad para todo el mundo”, repitió una y otra vez como un mantra.
Uno de los grandes aciertos de esta nueva etapa del festival ha sido trasladar los conciertos de las dos de la tarde desde el Paseo de los Álamos hasta la plaza del Ayuntamiento. Aunque su capacidad sea más reducida, la arboleda amortigua el sofocante calor de esas horas. El viernes debía comenzar allí Ben Zabo, ganador del programa Vis a Vis de Casa África, pero un retraso alteró el orden y fue Castora Herz quien abrió la jornada. Sobre una mesa decorada como la de una casa de pueblo tradicional, con mantel de ganchillo, vasijas de barro, cuerdas de esparto, cesta de mimbre y velas, presentó Cien años de Castora, homenaje a su abuela Castora Hernández. Con su característica máscara de lechuza, la sesión estuvo marcada por las músicas ibéricas y los objetos cotidianos transformados en instrumentos. Sonaron Casapalma, Delameseta, Boyanka Kostova, Fillas de Cassandra, Califato ¾ e incluso una versión de “La Tarara”. Entre los momentos álgidos estuvieron una irreverente remezcla de “Extremaydura”, de Extremoduro, y el final con “Tractores y cosechadoras”, de SVM3000. Una sesión apoteósica para comenzar el día. Por fin llegaron Ben Zabo, entrando al escenario en procesión con sus coloridas vestimentas y peinados. El artista maliense parte de la tradición bwa y del afrobeat para fusionarlos con el rock y el funk. Sus letras hablan de justicia social y paz. En un momento de la actuación reclamaron democracia para su país y terminaron pidiendo “paz, unidad y amor”, algo que se vive y se siente en Etnosur. El concierto de media tarde corrió a cargo de The Zawose Queens, llegadas desde Tanzania. Las hermanas presentaron Maisha mediante una actuación emotiva, vibrante y cargada de significado. Destacó “Sauti ya Mama”, dedicada a todas las madres del mundo. “Mapeando” y “Masanja Kalila” elevaron los decibelios de un público convertido en coro improvisado. La jornada siguió en el escenario Etnochill del Paseo de los Álamos con los dj’s María Calavera y Dj Simpson, que caldearon más el ambiente a base de ritmos del mundo ante un numeroso público allí congregado.
Ya por la noche, Los Van Van, los Rolling Stones de la salsa abrieron el escenario principal. Sus más de cincuenta años de trayectoria quedaron reflejados en un directo impecable, donde los ritmos afrocubanos se mezclaron con funk, músicas folclóricas e incluso algunas pinceladas de rock. Después aparecieron Fillas de Cassandra, dispuestas a poner patas arriba el festival. Reivindicando el gallego como vehículo para transmitir los distintos estilos musicales que interpretan, fueron desgranando Tertulia, un álbum que pone en valor la charla a la fresca, la tradición oral, la conversación y la comunidad. “Insolación”, “Lodos” o “Déixate ver” funcionaron a la perfección con una banda íntegramente femenina. También hubo espacio para “II. LISÍSTRATA (Varre Vasoira)”, perteneciente a su debut Acrópole. Una actuación que confirmó el excelente momento de María Soa y Sara Faro y su capacidad para tender puentes entre tradición y contemporaneidad. Tras el cambio de escenario llegaron los colombianos Ácido Pantera, más próximos al house y al ácido que a la cumbia, aunque esta estuvo presente mediante continuas referencias a la tradición de su país. Las bases pregrabadas se apoyaron en audiovisuales psicodélicos y coloridos. Nos encantaron. Al son de instrumentos como la gaita colombiana, homenajearon a la escena musical de su país con un tema de La 33 y lanzaron un guiño al Carnaval de Barranquilla.Con carácter festivo y desenfadado tocaron Huele a Mariacachafa, un título escogido para jugar con la expresión coloquial colombiana mariacachafa, empleada para referirse a la marihuana. Y para despedir este segundo día, cerró Telephunken, con su potente selección de funk y electrónica. El cansancio nos pudo y nos marchamos a descansar con una sonrisa en nuestros corazones.
Bajo el sol de Alcalá la Real, el de Jaén en Julio, el argentino Lucky Salvadori abrió el sábado en la plaza del Ayuntamiento. Quien fuera guitarrista de Manu Chao conectó cumbia, chicha peruana, reggae, dub y ritmos latinoamericanos en un concierto optimista y vital. Sonaron “Funky Chingolero”, “La Cumbia Felice”, “De antes”, “Clandestino” y el clásico “Cariñito”, de Los Hijos del Sol, convertido en uno de los grandes himnos de la chicha peruana. También hubo espacio para el homenaje a Héctor Lavoe con “El día de mi suerte”. Lucky Salvadori dejó a los etnosureños felices y bailando. Después llegó DJ Cous Cous con la maleta cargada de potentes beats. Sonidos árabes, ethno techno, brazilian funk, tropicalismos y afro house se dieron la mano en una sesión que nos hizo temer lo peor. Demasiado baile para ser todavía tan temprano. Aquello lo íbamos a pagar después, seguro. De vuelta al escenario del Ayuntamiento llegó uno de los aciertos de este año. El festival tuvo la valentía de traer a D’Chipén, un proyecto con solo dos años de vida, un único tema publicado y que cuenta como mayor logro con haber creado la canción principal de Aída y vuelta, pasando la sintonía de la serie por el filtro de la electrónica. Chapó por apoyar el talento emergente. La música de D’Chipén forja conexiones entre flamenco y electrónica. Loops, teclados, guitarras, percusión, palmas, beats y taconeo reinterpretan las coplas jerezanas. Nos hicieron vibrar con “Mi sombra”, “El tío de los tornillos” y “El carbonero”. Para culminar dejaron claro que viven y sienten el flamenco como una religión, aunque, tal y como dijo Bastián, “soy un gitano inquieto al que no solo le gusta el flamenco”. Queden atentos a este nombre porque darán que hablar. D’Chipén.

Ya en la noche, Dhoad Gypsies of Rajasthan ofrecieron una muestra de la riqueza cultural de la India a través de su música y su danza. Su repertorio reflejó la tradición sufí y el qawwali. Sonaron “Nimbooda” y “Mast Kalandar”, una de las canciones sufíes más famosas de la India. La actuación estuvo animada por la bailarina Shusila Kalbeliya, que mostró sus dotes de equilibrio colocando sobre su cabeza varias piezas de cerámica mientras bailaba con una destreza pasmosa. También mantuvo al público en tensión al subirse descalza a una tabla con clavos y cuchillas. Sentimos auténtica devoción por la música hindú, por lo que el concierto nos pareció excelente. Seguidamente fue el turno de Kanazoé Orkestra, liderada por el balafonista Seydou “Kanazoé” Diabaté. Este instrumento, presente por partida doble, fue el protagonista absoluto. La formación desplegó ritmos africanos acompañados de un suntuoso funk. El resultado fue un directo de ritmo implacable, con una mezcla enérgica de afro grooves, afrobeat, jazz, electrónica y amapiano. La noche fue gastando etapas y aparecieron Asian Dub Foundation, uno de los platos fuertes del festival y quizá nuestra mayor decepción. Su directo ha perdido potencia, garra y fiabilidad debido a los cambios sufridos por la banda. Ya sin batería y con un solo cantante, no pueden hacer sombra a lo que fueron cuando Aktarv8r y Ghetto Priest lideraban el espectáculo.Una pena, porque su música sigue siendo absolutamente brillante. Solo hay que comprobar cómo se enciende el público cuando suenan los primeros acordes de “Flyover”, “Naxalite” o “Free Satpal Ram”. Cerró la noche Marcos Boricua. Con una técnica muy depurada, pasó por el filtro del afro house muchos temas icónicos de la música sudamericana. La sesión estuvo cargada de simbolismo, aunque se nos antojó excesivamente plana, sin vaivenes ni grandes descubrimientos. Era eso o el extremo cansancio acumulado a esas horas.
El domingo cerraron las actuaciones en el Etnochill DJ Pierrot y Nura, para quienes todavía conservaran fuerzas para bailar un poco más. Tras el apagón de luces y sonido solo nos queda disfrutar de lo vivido, que ha sido mucho y muy bueno y quedará para siempre en nuestra memoria. También toca reservar la fecha del año que viene para lo que puede ser una de las mejores ediciones de Etnosur, la de su trigésimo aniversario. Ahí es nada.Y nosotros estaremos allí para contarlo. Y quién sabe si algo más.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.