Qué gran historia para los medios esta de Els Amics de les Arts, ¿eh? Para los que no sean catalanes, porque aquí son ya más famosos que La Moreneta (el fenómeno cambia a partir de Fraga y Castellón, como explicó Blai Marsé), os cuento la combinación: cuatro chicos normales que hacen canciones ‘normales’ (destacar lo de ‘normales’) sobre temas normales, algo así como neo-costumbrismo, pero que acaban viviendo de esto porque han ‘conectado’ con toda una generación, ganando “discos de oro”, alzándose incluso con premios de la crítica y llenando auditorios como el Coliseum… ¡Oh cuento de hadas de la factoría Disney! Qué goloso esto de emular a los ídolos y con cuatro acordes estar sobre las tablas. Pero llega un momento, tocadas las doce, que hace falta dar el callo en lo musical e ir más allá del gracejo en los adagios de entre canciones para demostrar por qué se es el nuevo abanderado del pop en catalán.

Y parecía que EADLA se habían puesto las pilas ya que “Espècies per catalogar” ofrecía algo más que “Bed & Breakfast”. ¿Una vuelta de tuerca? Una historia explicada cien veces en esto del pop… pero una vuelta de tuerca, al fin y al cabo. Pero en directo, siento decir que las mejoras del nuevo disco no se notaron: titubearon las voces, el sonido no ayudó y los nervios de los grandes estrenos también hicieron mella. Y eso que una banda de refuerzo de hasta cinco miembros (“la banda per catalogar”, los bautizaba Joan Enric) echaba una mano con bajo, batería y sección de vientos, dotando al directo de más texturas, dinamismo y músculo del que los cuatro amigos nunca antes habían conseguido en anteriores giras a base de tímidas guitarras, xilófono y melódica. Fuera como fuere, el público -muy juvenil- había hecho los deberes y con su karaoke ocultó en varias ocasiones los fallos en las voces de los barceloneses.
Muchos de los presentes iban armados de palomitas, evidencia del tipo de espectáculo que se disponían a ver: un teatrillo que entretiene con cercanos, coquetos y simpáticos gags (como una ‘llamada’ a “L’home que dobla en Bruce Willis”) pero que musicalmente tiene demasiados altos y bajos. Si bien cuando suena “Louisiana o Els camps de cotó” o “Els ocells” uno debe reconocer que se ha hecho buena faena con las melodías, ”Espècies per catalogar” queda corto a la hora de la verdad para incendiar el Coliseum (tampoco favoreció el setlist, cayendo pronto hits como “Monsieur Cousteau”). Es por eso que a partir del sexto tema, “L’home que treballa fent de gos”, “Jean-Luc” o “Bed & Breakfast” se entrelazaron con las nuevas composiciones para poner en órbita a un público intermitente pero lanzado (palmas acríticas y bailoteo incluido) al intuir las ‘joyas’ del grupo: revisión country de “Armengol”, “Tren Transsiberià”… No cabe duda que la gente lo pasó bien. Els Amics de les Arts se marcaron tres bises, cerrando con “El matrimoni Arnolfini”, y porque no quisieron más. Es tanta la pasión que despiertan que podrían empalmar un concierto con otro. Tal vez sea la solución y a base de ir tocando puedan pulir defectos: para no despertar del sueño, digo. Corren el riesgo de que la carroza se convierta en calabaza antes de tiempo.