Lleno hasta la bandera. En el patio principal y también en el palco del primer piso. Toundra es uno de esos grupos que, junto a traperos y reguetoneros, hoy en día puede presumir de llenar una sala como Capitol. Y puede fardar de hacerlo, además, de dos tribus musicales bien diferenciadas: metaleros y hipsters. ¿El nexo entre ambos? Dicho sea desde la sobradez, el buen oído y el gusto por las guitarras que crean y revientan atmósferas.

Con ese lleno total (todas las entradas vendidas desde dos días antes), la sala Capitol de Santiago recibió a los madrileños con ganas. Recién llegados de Gijón (de donde es uno de sus integrantes), el aforo estaba igual o hasta más motivado que aquella vez que el Triciclo, allá por 2013, los situó en el mismo cartel junto a Pony Bravo y Guerrera. A estos últimos, más de su cuerda, les tomaron el relevo en otro evento de ese ciclo, ya en 2015, los estadounidenses Russian Circles, referentes a nivel internacional del metal escorado al post rock. Y en ese terreno juega Toundra. Juega para ganar.

Para los (pocos) que presagiaban el ocaso de la banda formada en 2007 en Madrid por Esteban Girón, Alberto Tocados, David López ‘Macón’ y Álex Pérez, nada más lejos de la realidad. Su último disco,Vortex”, supone un paso cualitativo en esta carrera de más de una década, a la que seguro ha contribuido su colaboración con El Niño de Elche en el enorme proyecto bajo el nombre de Exquirla.

Mucha carretera, mogollón de directo y a buen seguro una buena dosis de ensayo les han llevado a alcanzar una sonoridad y una velocidad que se vivieron trepidantes en Compostela, desde “Tuareg” hasta “Kingston Falls”, pasando por “Magreb” y “Bizancio”, en un setlist que no por poco sorprendente defraudó a nadie. Una de las más espectaculares canciones de Vortex”, “Mojave”, que explora nuevos terrenos con el toque de la caja de sonidos que emplean por primera vez (la usaron con Exquirla) mantuvo al público plenamente conectado antes del bis.

Un extra protagonizado por Cruce oeste en un recital que, como ya es marca de la casa, se convierte en una obra que puede leerse como una pieza única, lo que también habla de la experiencia de unos músicos en plena madurez. Una cita que, en resumen, se disfrutó y sirvió para reeditar y dejar a la altura que se merece la presentación del álbum en Galicia, tras la, en cierta manera, fallida actuación en el Son do Camiño. No, en el Monte do Gozo no estaba (todo) su público. El sábado sí, los de siempre y los siempre bienvenidos recién llegados.

De teloneros, los salmantinos El Altar del Holocausto gustaron e impactaron a quienes no los conocían, y es que la suya no es una puesta en escena al uso. Además, en lo estrictamente musical, su interpretación se vio más rodada que cuando telonearon a otros gigantes, Mono, en 2016 en A Coruña.