Curioso y acertado cartel el elegido para la presentación en Madrid del nuevo disco de Crystal Fighters, juntando a dos bandas que, coincidiendo en centrar su interés en directo en la descarga de energía, representan dos formas muy diferentes de entenderla. Para regocijo de todos los presentes en el Wizink Center, la mezcla entre el entusiasmo hippioso y luminoso de Crystal Fighters y la densidad de Belako funcionó a las mil maravillas.

Hace ya tiempo que Belako han dejado de ser una promesa para convertirse por derecho propio en una de las propuestas más potentes y refrescantes que circulan por nuestros escenarios actualmente. Los de Mungia funcionan como una máquina engrasada, suenan seguros de sí mismos y en directo son capaces de encender al más escéptico a base de post-punk rabioso y oscuridad new wave marca de la casa en unos escasos cuarenta minutos que anoche supieron a poco.

Belako

Pasada la descarga eléctrica de Belako y con los oídos todavía un poco resentidos por la avalancha de volumen de los vascos, tocaba presenciar la puesta de largo en la capital del nuevo trabajo de Crystal Fighters y la fiesta habitual que acompaña en directo a una banda a la que hay que reconocerle la efectividad sobre las tablas a la hora de provocar y controlar a su antojo durante todo el concierto un tipo de euforia y compenetración con su público que, más allá de la cantidad de tópicos desplegados en forma de buenrollismo new age a lo Paulo Coelho y momentos de bailoteo de verbena a través de un filtro de rave hipster, resulta contagiosa y convincente. Uno no va a un concierto de Crystal Fighters a ponerse exquisito, la baza principal y lo realmente disfrutable de su universo es precisamente esa entrega al baile desinhibido, al misticismo Adlib y a las melodías pegadizas y facilonas. Si no entras al juego de su energía bienintencionada, hay momentos del espectáculo que pueden resultar duros, como cuando suenan a parodia de ellos mismos en “The Get Down”, con su aire de jingle con ukelele, o la innecesaria y poco afortunada jam de percusión a mitad de concierto.

Por otro lado, normalmente los aciertos a lo largo de un concierto de Crystal Fighters son suficientes como para no irse nunca con mal sabor de boca, y anoche no fue una excepción, desde los primeros compases de “I Love London”, con la que abrieron su fiesta. Sólo por presenciar los coros masivos y la locura desatada en canciones como “Love Natural, Yellow Sun” o “LA Calling”, ya valió la pena sumarse a la celebración tribal en la que se convirtió la presentación de su reciente y luminoso “Gaia & Friends.

La suma de sonoridades urbanas y latinas a la ya de por sí desprejuiciada trayectoria de Crystal Fighters que supone su último disco funcionó a la perfección en su paso por un Wizink Center entregado al entusiasmo y al baile con “Wild Ones” o “All My Love”, entusiasmo convertido en euforia con el inevitable repaso a algunos de los momentos más inspirados de su discografía anterior, como la obligada “Champion Sound”, una hiper revolucionada “Plage” con la sala convertida en un enorme chiquipark con balones de playa gigantes sobrevolando el público o el colofón final a base de explosiones de confeti empalmando “At Home con You and I”.

Abusen de tópicos o no, y dejando de lado lo facilón de su propuesta en muchos momentos, lo cierto es que la cantidad de sonrisas que se veían en el Wizink Center una vez se encendieron las luces al terminar la velada sirve como único elemento de juicio acertado para valorar a una banda que, en estos tiempos extraños de crispación que nos está tocando vivir, sale triunfante en su empeño por transmitir positividad, buena vibra y felicidad cada vez que se sube a un escenario.