Puerta grande
Conciertos / León Benavente

Puerta grande

9 / 10
Jesús García Serrano — 12-08-2020
Sala — Plaza de Toros de Huelva, Huelva
Fotógrafo — Jesús García Serrano

Dice una leyenda (probablemente falsa pero no por ello menos interesante) que, a Abraham Boba (voz y teclados) y a Eduardo Baos (bajo) les dejó tirado el coche en el trayecto de carretera que va de León a Benavente (imagínese todo esto en un tramo desértico, con una mágica puesta de Sol de tonos dorados atravesando las nubes) y en el tránsito de tiempo en el que la grúa tardó en rescatarles, surgió entre ellos la idea de montar una banda de rock. Lo que sí es del todo cierto, es que la llama saltó a principios de la década pasada, cuando tres de ellos; Abraham, Eduardo y Luis Rodríguez (guitarra), eran parte de la banda de Nacho Vegas, y César Verdú (batería) era además su técnico de sonido. Los cuatro músicos, de distintas partes de la geografía española, compaginaron durante varios años ambos proyectos, pero saltaba a la vista que León Benavente se estaba haciendo demasiado grande y que debían dedicarse a protagonizar su propia aventura de forma exclusiva.

Habiendo conquistado ya la mayor parte del territorio nacional, arrasando como cabezas de cartel de numerosos festivales y tras el parón ocasionado por el Covid19, al fin llegó el turno para Huelva, donde rozaron la excelencia con un primer concierto electrificante, en el que mostraron la solvencia de su tercer álbum Vamos a volvernos locos (2019) y el poderío de algunos de los temas más celebrados de sus trabajos anteriores.

Una secuenciación absolutamente disfrutable y bailable; aderezada por riffs distorsionados, hilada por pinceladas de pop electrónico, y coronada por la voz y el carisma de Boba que, como siempre, despachó letras mordaces, cargadas de personalidad. A la versión relajada de Siempre hacia delante, le siguieron incontestables hits como Amo, Como la piedra que flota, Se mueve, Estado provisional, Ánimo valiente o Tipo D. Las cañeras Disparando a los caballos o Ayer salí proporcionaron momentos de alto voltaje y tras recargar baterías con La canción del daño, se produjo el despiporre final sobre el escenario con las infalibles Ser brigada y Gloria.

Son tiempos inciertos, llenos de cancelaciones por culpa de los rebrotes, motivo por el que a los presentes no pareció importarles el “incordio” que ocasionan la obligatoriedad de la distancia de seguridad y de las mascarillas. Los “cuatro monos” actuaron como si este concierto hubiese sido la última oportunidad de darlo todo, y Huelva les correspondió celebrando el carpe diem desde sus asientos, en una plaza sin toros que lució más bonita que nunca.

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