No hay mucha gente en la escena musical patria con treinta años de experiencia que pueda alardear de carrera tan fresca, alegre y juvenil como Alex Díez, aka Alex Cooper, Alex “Flechazos”. Por eso, lo ocurrido en esta última celebración cumpleañera no puede entenderse como un concierto de aniversario sin más. A falta de líderes a nuestro alrededor que sepan tomar el mando de nuestro destino, Alex demostró en un par de horas el pasado sábado en La Riviera cómo hay que llegar a una cita de responsabilidad y largo recorrido. Subido al escenario, con su elegancia brit y su gesto aniñado, el leonés triunfó en esta comunión musical porque demostró dos buenas artes de liderazgo. La primera, pericia ante sus fieles seguidores al jugar con el paso del tiempo sin caer en la trampa de la nostalgia y del cuando éramos jóvenes. Alex sigue en forma con música de antes y de ahora. Y lo que es más meritorio, el músico y protagonista central del evento dejó que fueran los demás quienes se sintieran héroes de la era pop, facilitando que exprimieran a través de su música tres décadas de citas, de festivales, de revivals, de amistades, de juergas y celebraciones, en los que, de algún modo u otro, el líder de Los Flechazos ha estado siempre presente.

Alex apareció ante el micrófono central una hora y cuarto después de las ocho de la tarde. La bonita sala ribereña alcanzó el aforo máximo permitido con gente buscando entrada de última hora entre los reventas de la puerta, y sirvió de paradisíaco punto de encuentro para mods y revivalistas llegados de las cuatro esquinas del país. Y para aficionados sin etiquetar. Aficionados al pop. Así, Alex congregó a chicos y chicas llegados del noroeste gallego astur leonés, por supuesto, también de Mallorca, Sevilla o Barcelona. Alex consiguió que dicha pléyade se sintiera parte de un todo mientras se escuchaban canciones, las de toda esa gente que en 30 años se ha ido encontrando en ediciones del Purple Weekend que el propio Alex fundó, o del Euroyeyé gijonés, del The Beat Goes On madrileño; en todos los clubes donde se impone el Northern Soul, el ska o el garaje; en delirantes scooteradas; en otros conciertos y allnighters, o incluso en foros de Internet. Así, mientras el sábado sonaron de forma impecable dos docenas de canciones, todas las que tenían que sonar, desde “La reina del muelle” hasta “Lo conseguí”, mientras músicos profesionales como Dani Charras y Javier Pérez (dos ex Vacazul) hacían hueco en el escenario a primigenios como Héctor, el bajista; como Elena, la teclista; mientras el público celebraba en cada rincón de la sala, en el baño, en la barra, apelotonado ante los artistas, las tres décadas de comunión pop, el héroe Alex sentía que, en realidad, treinta años no son nada cuando la música te sigue acompañando allá donde vayas.