Los castillos son los escenarios perfectos para que los cuentos de princesas, caballeros, magos y brujas se conviertan en realidad. En el festival de Convenanza se produce año a año pura magia entre sus muros, bien conjurada por un Andrew Weatherall que cada vez se parece más a un druida galo o a Gandalf, con su pelo largo y su barba blanca. Cuando despliega su magia deja completamente hechizados a los que le escuchan y le siguen, convirtiéndose en una especie de flautista de Hamelín escondido detrás de los platos. Sus conjuros empiezan con él mismo y la excelente forma musical en la que se mantiene después de más de tres décadas en la música electrónica, ofreciendo todavía novedades estimulantes y dando una vuelta de tuerca más a su sonido. Veamos que encantamientos nos ha ofrecido esta séptima edición del certamen…

Viernes 27 de septiembre

Cuando pasas el puente y atraviesas los muros del castillo de Carcassonne, siempre es una gozada ver a Lord Sabre al fondo, recibiendo y dando la bienvenida a los asistentes con los temas “incunables” que descubre en su programa de radio online Music’s Not For Everyone para la NTS. Dónde puedes escuchar desde canciones perdidas de la electrónica más pionera, martingala cósmico arábica, krautrock, post-punk a beats africanos o novedades de lo más estimulantes.

Los lives del viernes empezaron con Fantastic Twins, alias Julienne Dessagne, productora francesa que está haciendo bastante ruido últimamente con la publicación de su nuevo material, como el EP “Lost In Germany”, del sello Against Fascism Trax, que pertenece a Optimo Music u otras grabaciones para Hippie Dance. Experiencias que le ha servido para crear su propio label, Microdosing, donde han grabado tótems de la electrónica como Autarkic, Manfredas o Smagghe.

Encima del escenario se mostró de lo más hipnótica, con su voz sensual y susurrante envuelta con diferentes sintetizadores y cajas de ritmo que iban acompañando ese universo tan personal, a veces por caminos de bandas sonoras oscuras de cine, como la de la película “Drive” o las del propio David Lynch. Un cúmulo de melodías serpenteantes, con atmósferas repletas de reverbs, hasta llegar a algunos apuntes ácidos más movidos que hacen que su música se pueda disfrutar desde varias perspectivas, como si fueran diferentes partes de un mismo cristal fragmentado.

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El siguiente a salir fue Curses, alter ego en el que se esconde Luca Venezia, de ascendencia italiana pero afincado en Berlín, lugar donde ha podido desarrollar todo un submundo propio de melodías dark disco, con tintes de new wave, bajos profundos y gruesos, ritmos desnudos constantes con punteos de guitarra bajo los efectos de delays arrastrados que atrapan hipnóticamente.

Su presencia en el festival venía en formato de directo para enseñar en la ciudad que lleva el nombre de su reciente EP “Carcassonne”, editado en Höga Nord Rekords, un nuevo material con el que sigue demostrando que es uno de los productores en más forma del momento dentro del panorama de la música electrónica actual. Curses se presentaron en formato dúo, con Luca enfundado en un pantalón y chaleco de cuero, con diente de oro y bien surtido de tatuajes con su pose de rockstar, acompañado de un multiinstrumentista con el que se iba cambiando bajo, guitarra, pads de batería electrónica, cajas de ritmo y secuenciadores. Una puesta en escena correcta, pero en la que se echó en falta la presencia de algún miembro más en la banda, como un batería real para poder hacer brillar todavía más toda la buena mandanga de canciones de las que disponen. Hizo un buen recorrido por su universo tocando temas de su anterior “Romantic Fiction”, como el mítico “Surrender”, hasta acabar con el fantástico homenaje que hace del tema “This Is The Day” del grupo The The.

Un clásico del festival es el cierre que hacen todos los años de la noche del viernes A Love From Outer Space, una simbiosis perfecta entre las sensibilidades musicales de Sean Johnston y Andrew Weatherall que funciona con la exactitud de un mecanismo de reloj suizo. Creando una fusión entre ambos tal que uno no sabe dónde empieza uno y dónde acaba el otro. La única premisa a respetar es que los temas no superen los 118 bpms, consiguiendo juntos un viaje con un clímax y un flujo constante que atrapa. En esta ocasión, la sesión fue un poco más sintética que otras veces, con menos puntos de bajadas y subidas, más lineal. Pero eso no quiere decir que no sonara “musicón” del bueno, porque hubo momentos de influjo disco, como “Hood’oin” de Flying Mojito Bros o “Dinner In The Jungle (Erotic Mix)” de Alessandro Scellino, pasando por los momentos de cajas de ritmo sintetizadas de “Atchu” de Bawrut o “Pantsula Traxx” de Esa o los tintes de notas de película de terror a lo Carpenter del “Class Dagger” de Antoni Maiovvi, hasta llegar al gran momento de de hermandad con “My Love Is For Real (ft. Haddaway) (Dance Mix)“ de Wolfram. Las sesiones de A.L.F.O.S son pura delicia para los oídos porque nunca fallan.

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Sábado 28 de septiembre

La segunda sesión de Music’s Not For Everyone fue un poco más movida, rítmicamente hablando, de la que auspició el viernes Weatherall, con “Seeing Is Forgetting” de The Beat Escape, un sorprendente tema atmosférico beduino de Claude Young, ”No Longer Us (Beatless Mix)” o la tatareable “What’s A Girl To Do” de Fatima Yamaha, donde se produjeron auténticos coros de loloísmo ilustrado entre la concurrencia.

La noche del sábado se produjo la apuesta del festival, para abrir su radio de acción a sonoridades más africanas, gracias a los descubrimientos del blog y ahora también sello musical Awesome Tapes From Africa, proyecto en el que Brian Shimkovitz se dedica a rescatar artistas, álbumes grabados en rudimentarios cassettes que quedaron en el olvido en mercadillos de diferentes localidades africanas. Dos de sus descubrimientos más destacados estaban presentes en el Convenanza de este año: Hailu Mergia y Ata Kak.

El primero venia desde Etiopía. Hailu Mergia es teclista y acordeonista del mítico grupo Walias Band, que posteriormente grabó en solitario el sorprendente “Hailu Mergia And His Classical Instrument” en 1985, un disco que a partir del jazz exploraba otros territorios sonoros como la psicodelia o la electrónica primigenia. El álbum fue grabado con la ayuda de una caja de ritmos, piano Rhodes, sintetizador y acordeón, que como resultado consiguió un sonido muy curioso y especial. Pero en su actuación en el festival no vino a recuperar ese momento concreto, sino a tocar en formato de trío (bajo, batería y teclados) melodías más jazzies desarrolladas a lo largo durante de su carrera. Con una banda bien engrasada de excelentes músicos de buen músculo, Hailu Mergia, muy agradecido con el público, se mostraba contento de esta segunda juventud que está viviendo y de tocar en el castillo, alternando instrumentos del piano Nord Electro al acordeón a la melódica. Buen concierto en su género, aunque para alguna parte de los asistentes dejó con sorpresa su inclusión en el festival, al no estar tan habituados a este tipo de melodías menos electrónicas.

El segundo hallazgo africano de la noche era Ata Kak, desde Ghana, con su mezcla de hip hop y funk con reminiscencias lo fi del acid house de Chicago, que en 1994 grabó en cinta “Obaa Sima” y aún sorprendía por su frescura cuando se redescubrió hace pocos años. Pues bien, este hombre, que ha estado 25 años en la sombra, ha vuelto con la energía de una manada de ñus corriendo por la sabana africana; con una forma física envidiable a su edad, no paró de bailar, moverse y calentar su show desde que puso el pie en el escenario. Estuvo bien arropado por un grupo de músicos jóvenes que contrastaban con su veteranía, una bajista, una cantante y un manipulador de melodías rítmicas que iba lanzando todas las bases electrónicas y efectos pregrabados. En este caso su sonido un poco actualizado a los nuevos tiempos, no hizo que se echara en falta sus inicios primigenios más enlatados. Su flow constante, rápido como una metralleta de repetición, dejaría sin aire a más de un rapero de la actualidad. Como cuando abordó su divertido y vacilón fraseo de “Scooby-Dooby ah-Scooby-Dooby-Doob” en el tema “Moma Yendodo”, que se convirtió en uno de los momentos más entrañables vividos en Convenanza.

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“The Guv”, el jefe, como lo llaman los devotos de Weatherall, fue el encargado de cerrar el festival, como no podía ser de otra manera, erigiéndose como fantástico maestro de ceremonias que despidió a los asistentes del festival con muy buen sabor de boca y esperándolos para siguiente edición. A priori no se sabía muy bien como podría ser su sesión, como respiraría, en que derroteros se sumergiría ni que estilos tocaría, pero al sonar las primeras notas del remix de Superpitcher del tema “Spaceship” de Paulor, la pista lo tuvo claro que la cosa no podía empezar mejor. Fue una sesión larga, rítmica y variada, con una selección de electrónica de pata negra, que pasaba del techno al acid, al espíritu rave, pasando por apuntes de techno pop a donde hubo puntos álgidos con temas y descubrimientos como “Meteora” de Fernanda Arrau, viajes a Berlín con el tema “Pastarella al Limoncello” de Perel, “Gumba” de The Populists , “Younger Than Me” – Disco Rootz (Fabrizio Mammarella Remix) o con algún clásico como “Vortex” de Rex The Dog. Una sesión que dejó fulminadas todas las búsquedas de Shazam que hacía el público constantemente.

La familia Weatherallista va creciendo año a año y cada vez son más los que suben al castillo de Carcassonne a deleitarse con el festival, pero esta vez, aparte de volver a producirse el sold out de la anterior edición, se han vivido momentos de colapso un poco incómodos que deberían hacer replantearse el concepto del festival a corto plazo. Crecer en el mismo recinto es inviable, tampoco está en su ADN hacer un megaevento, pero se agradecería volver un poco a las raíces del festival para que los believers estén un poco más cómodos, echando en falta la buena selección de vinos y gastronomía que había en sus inicios y sobre todo mejorar los servicios del baño. En la noche del sábado solo funcionaban la mitad de los inodoros del festival, provocando colas de más de treinta minutos para poder utilizar los que quedaban vivos.

Seguro que en la próxima edición, Convenanza nos prepara grandes momentos, porque la magia que se produce entre los muros del castillo es imperecedera y eterna si contamos con la presencia del gran druida de la electrónica, Andrew Weatherall.