Con la excusa de la celebración de su 20 aniversario la promotora Houston Party contactó con Chuck Prophet para encargarle una gira española en la que recreara un histórico trabajo ajeno. El ex “Green on Red” aceptó el reto y se le ocurrió la idea de reclutar como apoyo y “partner in crime” al Maestro tejano Charlie Sexton a las seis cuerdas y voz. Sexton tiene una extensa carrera en solitario a sus espaldas y ejerce actualmente como guitarra solista fijo de Bob Dylan, ya se sabe coto reducido y con poca capacidad de desparrame. Se trata de un hacha de primer nivel, aunque Prophet lo trato de tú a tú en los cruces de guitarras. Pues sí, a la postre la mejor interpretación que le hemos visto en los últimos meses ha sido calzándose la alargadas botas de Townes Van Zandt coprotagonizando el crudo biopic sobre el cantautor country Blaze (Fowley) en una magistral interpretación.

Sobre el disco seleccionado “Some Girls” (1978) cabe decir que tanto este trabajo como su anterior rodaja en estudio, “Black and Blue” (1975), siempre han tenido, dentro de la discografía de los Stones, un inmerecido estatus secundario tras el cuarteto clásico con el que cerraron los 60 y ascendieron al olimpo en los 70:   Beggars Banquet- Let it Bleed- Sticky Fingers – Exile on Main Street. Cuando lo cierto es que muchas bandas matarían por tener esas dos obras en su colección y  que por sí solas ya convertirían a un grupo en legendario. En el caso de “Some Girls” estamos ante un disco sólido y preciso (solo 10 temas) donde no parece faltar ni sobrar nada. Con cuatro trallazos indiscutibles y dos gemas escondidas que los Stones no han embarrado en su transformación en dinosaurio mastodóntico de estadios, conservando así toda la magia con la que quedaron capturadas en este disco.

Los bautizados como The East River Truckers salieron a escena sobre una base repetitiva de batería con la guitarra de Sexton sonando con un tono increíble como un cañón mientras recreaba durante unos cuantos compases los riffs iniciáticos de “Can’t You Hear Me Knockin’” para enlazar directamente con el no-clásico de Chuck Berry “Let It Rock” con la guitarra crujiente de Sexton remedando los característicos trallazos de Richards, en un tema muy revisado por los Stones en sus giras de los años 70.

Ya metidos en harina y dándole la vuelta al listado del disco homenajeado, atacaron el cierre del mismo con la pre –ochentera “Shattered” con sonido glam alimentado por el efecto flanger de la guitarra Prophet. Ambos líderes compartiendo protagonismo a las voces y liderando el cuarteto, formato que se quedó un poco cortó a veces a lo largo de la noche.  Como en todos los números rápidos el sonido de la banda pecó de disperso en ejecución, confuso, con las guitarras algo descompensadas a favor del hiperactivo y nervioso Sexton con una colección de tics que superaba su amplio abanico de riffs. La misma sensación de atasco se repetiría más tarde durante “When the Whip Comes Down” con guitarras y base rítmica luchando por no descarrilar en la ejecución.

Por el contrario los medios tiempos sonaron mucho más ajustados y preciosistas en su recreación como la única versión del disco “Just My Imagination (Running Away with Me)” de los Temptations, con las guitarras atmosféricas de Chuck, Sexton a la voz y cierre con duelos de guitarras remedando las originales de Wood. O “Some Girls” más pausada que el original, y con Prophet masticando las estrofas con su característica voz nasal, llevándola a su terreno y justificando este proyecto revisionista. Aunque los atriles muy utilizados en toda la velada no estuvieran a la altura, además de primar en exceso el feeling y la improvisación de la ejecución en caliente sobre una actuación algo más preparada antes de coger el avión rumbo a una semana de fiesta por la península.

Otra de las joyas que esconde el disco original es ese “Beast of Burden” que serviría para modificado bautizar a una institución “ozzie”, además de proporcionarle a la cantante/actriz Bette Midler un éxito con su versión. Con intro de slide ejecutada con un tercio de San Miguel por Charlie que se atrevió con falsetes agudos en su icónico estribillo: “I’ll never be your beast of burden/My back is broad but it’s a hurting/All I want is for you to make love to me!!”, mientras bajaba al foso para cantar entre el público para deleite del personal. La enlazaron con el hit de aquel trabajo la discotequera “Miss You” en lo que supuso seguramente el momento más bajo de la noche con una interpretación cuasi-verbenera. Tampoco atraparon la magia de Richards en su lamento de yonki acorralado por la ley en “Before They Make Me Run” aunque sonó muy pegada al original en arreglos de guitarra.

Y entre el rush final del concierto y el bis ganaron a los puntos una cita que por lo mencionado anteriormente– sonido deslavazado, versiones rápidas inferiores al original, uso de atriles como guías, cierto insistencia en apoyarse en el público para suplir las carencias de preparación del repertorio – estaba dejando cierta frialdad en parte del público seguramente contra las expectativas creadas.

La primera cima fue “Far Away Eyes” ese cadencioso góspel country a lá Hank Williams  (como “Luke the Drifter”) que como dijo Prophet tocaban con la inspiración de la iglesia contigua a la sala. Por su recitado encajaba perfectamente con Chuck y ahora sí, Sexton nos deslumbró remedando el sonido de la steel guitar de Ron Wood mostrando la calidad que atesoran sus dedos y el motivo por el que lleva años girando con Dylan. “Lies” fue ejecutada de menos a más, con mucha más pegada y garra que los anteriores tempos rápidos y con un duelo de guitarras cruzadas a la altura antes del abrupto final que marcó Prophet.  Acabado la recreación del disco se lanzaron a la interpretación del muy “pegajoso” hit “Brown Sugar” potente, cohesionado y coreada por un público que igual esperaba un repertorio más conocido y al que la estructura y altibajos del grueso principal no acabó de encender del todo.

Ya como bis atacaron una “rareza” políticamente incorrecta – que hoy sería imposible publicar – el “Starfucker” del “Goat’s Head Soup”, tocada con brío y cantada de forma canalla por Sexton. A la que siguió como cierre “Jumpin Jack Flash” que ayudada por el estruendoso volumen de las guitarras sonó como un derechazo final a la mandíbula aunque fuera extendida hasta el paroxismo. En resumen hora y cuarenta para celebración de un disco guiado por un Chuck Prophet como maestro de ceremonias que no pudo evitar cierto sonido desestructurado por momentos y sin la cohesión de banda y calidad ejecución que esperábamos de una banda norteamericana del nivel de estos ejecutantes.