Casa Jäger, rock por todo lo alto
Conciertos / V V. A A.

Casa Jäger, rock por todo lo alto

9 / 10
Cristina Pancorbo — 20-10-2011
Empresa — Jägermeister
Sala — Finca Cerrolen, La Navata
Fotógrafo — Alfredo Arias

Misteriosa, escondida y exclusiva, lo único que el cartel de la Casa Jäger aseguraba de su esperadísimo evento anual eran buenas dosis de rock en todas sus vertientes. Bastante más cerca del punk, y ya no tanto por su inclasificable estilo (que también) como por su actitud, el dúo SraSrSra comenzaba la fiesta a las diez y media de la noche en la finca Cerrolén de La Navata, a unos cuarenta kilómetros al noroeste de Madrid. Batería y guitarra tenían la dura misión de calentar ánimos y motores con un concierto al fresquísimo aire libre de la sierra. Pero la caña de sus brevísimos temas caló en seguida, y a los veinte minutos la primera fila se volvía loca bailando pogo al son de su hit “Comebolsas”. Una hora más tarde, con la mecha ya encendida y el Jägermeister a punto, Juanita y los feos llenaban “la habitación de los padres”, con una buenísima sesión de auténtico garage en castellano que más tarde dio paso a la ecléctica propuesta de los vigueses The Cobras. A su término, y con los seiscientos invitados ya dentro de la espectacular mansión rústica, el núcleo duro se trasladaba al escenario principal. Y aparecían los también gallegos Triángulo de Amor Bizarrox, que a pesar de la acústica de la sala volvieron a ofrecer un gran concierto. Como anunció su bajista, venían “con pocas baladas”, pero desde luego con lo más granado de su potentísimo repertorio. De coger su relevo se encargaron los americanos HEALTH, (en la foto) que dieron lo mejor de ellos mismos, y poco importó que su noise volviera a poner en evidencia lo inapropiado de la sala. La gente ya estaba dispuesta a pasárselo bien en cualquier lugar de la casa, donde igual te encontrabas una fiesta fluorescente con mesa de ping pong que una sesión de electrónica en “la habitación del chico”. Y para cuando los alemanes Frittenbude salieron al escenario, muchos ni se enteraron de que estaba habiendo otro concierto. Poco importa. Fue una fiesta enorme. Las seiscientas resacas que hoy la recuerdan no pueden estar equivocadas.

Un comentario
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