Tras el cuasi obligado abandono del paradisiaco paraje de la península de Santa Catalina, en Mundaka, dadas las nuevas exigencias administrativas, el festival -rebautizado ahora como Bay of Biscay Festival– ha continuado en su quinta edición maridando la cultura pop con el negociado culinario. Y es que, la localidad bermeana siempre se ha caracterizado por ser una de las plazas planetarias más significativas en lo que a la pesca y conservación de túnidos se refiere. Bajo la etiqueta “Bermeo keep on cooking” la organización ha desplegado al efecto una seria de showcookings (comandados por reseñados restauradores como Ander González, Andoni LuizAduriz, Paulo Airaudo, Joan Grau o Xabier Gutierrez), catas de cerveza, degustaciones y una feria de producto local.

En un más amplio y mejor dotado recinto (a subrayar el mirador, desde donde se podía vislumbrar la playa de Aritzatzu, en cuyas cercanías se programaba antaño un flamígero festival “rockanroller”, o el limítrofe campo santo, donde lamentablemente yacen centenares de malogrados jóvenes víctimas de la plaga ochentera de la hipodérmica), asistimos a la inaugural jornada del evento (tras la Wave Rave de la jornada previa –crónica aquí-) para catar primero al cántabro Ángel Stanich, que como es habitual en él, cursó singular y bizarro (su bolo vino precedido por la sintonía de cabecera de la serie “Twin Peaks”), progresando de los medios tiempos como “Escupe Fuego” a rocks más vigorosos como “Mátame Camión” o su hit “Metralleta Joe”.

La chilena afincada en México, Mon Laferte, hizo uso de una coctelera en la que cupieron el bolero, la (muy de moda) electro-cumbia y el rock independiente. El pop latino onda mtv de “Amárrame” o la “calamarolera” “Amor Completo” agenciaron bajo la lluvia el beneplácito popular de una artista cuya popularidad continúa creciendo a pasos agigantados.

Mon Laferte

Los franceses Caravan Palace dieron acto seguido pie a la danza, valiéndose de sonidos que recorrían el electro-swing, el jazz comercial o ritmos expoliados a Nina Simone o a los colombianos Bomba Estereo. Gracias a la cordial frontwoman Sonia Fernandez (aka Zoe) y el serpenteante saxofonista, los galos pudieron diligenciar un correcto espectáculo donde “flamó” –vocablo que nos susurró la colindante Ana U, una especie de Amparo Muñoz en sus años buenos- su cover del “Black Betty”(una adaptación del tema de 1939 de Leadbelly, que los hardrockeros setenteros Ram Jam llevaron al hit parade en el año del Punk).

El torbellino cordobés de colores, bien acompañada de su fiel escudero canario, arrollaron raudos al respetable con sus bases electrónicas a propulsión por keroseno, sus dos ametrallantes baterías, sonidos arabescos, lanzamientos florales y ecos a Lole y Manuel o el rock sureño peninsular. Fuel Fandango es una rara avis en el indie ibérico, donde erróneamente se les suele posicionar, acorde a su participación continua en festivales de dicho género. El despunte se plasmó en “New Life”, tonada donde Morcheeba establece idilio con Smash, e incluso Triana, y en el epilogo, con la coreada, intensa e in crescendo “Salvaje”.

Fuel Fandango

Ya el sábado, The Mani-las, el super trio femenino integrado por la televisiva Maika Makovsky, la ex Culebr(ic)as, Olaia Bloom y la parcheadora Mariana Pèrez (Sonic trash, Bluesas), demostraron –vestidas con monos setenteros a lo Abba o The Runaways- que lo suyo no es flor de un día. Utilizando contenidos trucajes rockers, divagaron elegantes por el sonido de las girl-groups de los sesenta, el rock de estadio setentero y el garage, alcanzando el culmen con la rompedora versión del “She Said” del majara de Hasil Adkins.

The Manilas

A pesar de que el “mesías gay”, Rufus Wainwright, jugaba en desventaja y en terreno pantanoso: en el cartel prevalecía el rock de guitarras, logró engatusar a muchos con piezas de orfebrería pop como su éxito “Going to a town”, o las sublimes interpretaciones de “So long Marianne” y “Hallelujah” del bardo canadiense al que el gran Enrique Morente llamaba Leonardo Cohen. Con el paso de los años, es más que patente el débito del norteamericano con el John Cale del “Paris 1919”.

Rufus Wainwright

Tarque, ayudado por una banda solvente, donde destaca el ex guitarrista de Sangre Azul y actual mano derecha de Fito Cabrales, Carlos Raya, ejecutó profesional un set donde rindió pleitesía a Grank Funk Railroad en “Ahora y en la hora”, y más a los Cuervos Negros que a Lynyrd Skynyrd en el “Perdido en la ciudad” de su nave nodriza. Tributó de forma notable a los Fab Four (“Come Together”) y al enorme Howlin’ Wolf (“Evil”), pero anhelamos su cover de Cactus.

Tarque

Se esperaba con ganas a los escandinavos Backyard Babies (foto encabezado) tras su resaltable paso por el WOP Fest del 17 (crónica aquí). Sin embargo, Dregen y los suyos pasearon planos sus otrora relámpagos de punk-rock y glam-rock. A eximir únicamente el trallazo “Look at you” de su obra capital “Total 13”, o la “powerpoperizacion” del “People like, people like, people like us”. Quizás sus testificados graves problemas en su vuelo con la germana Lufthansa, influyeron en la cierta desidia de los suecos.

Sucintamente, destacaremos los ciertos paralelismos con el favorito JJ Cale de James Room & Weird Antiqua (cursaron un gran bolo, aun no siendo aptos para festivales de este pelaje) y denunciaremos taxativamente como nadie tiene el atrevimiento de instalar de una vez por todas como cabezas de cartel a Sex Museum, la mejor banda rock en directo de la historia en la piel de toro, además de ser los triunfadores absolutos en el pasado Mad Cool madrileño. La mítica formación encabezó la jornada dominical de conciertos gratuitos en el centro de Bermeo junto a The Bronson y Zona Cero.

Sex Museum