El 10º aniversario de la discográfica y promotora catalana La Castanaya nos ha brindado la oportunidad de volver a ver en directo a The Hot Snakes, disueltos en 2005, solamente habían vuelto a girar en 2011, volviendo a Gasteiz donde todavía se recordaba su imponente concierto en la sala Helldorado.

Abrieron la noche los catalanes Aliment (foto inferior) presentando su disco “Brother” donde su postpunk del nuevo siglo consiguió sobrepronerse a algún problema técnico y a la lógica falta de rodaje de las nuevas canciones en directo.

John Reis y Rick Froberg son dueños de una pequeña flota undeground californiana de bandas de punk/hardcore que, arrancando a finales de los 80s, han sabido adaptar a las nuevas épocas sin perder sus cimientos originales ni quemarlas en carreras y discografías extenuantes. Siendo su buque insignia Drive Like Jehu y otras embarcaciones como Rocket From the Crypt, Obits o los propios Hot Snakes, compartiendo trayectorias guadianescas y directos explosivos.

El regreso de Hot Snakes (foto encabezado), tras 13 años, se produce con el álbum “Jericho Sirens” con canciones que los posicionan más allá de su alineación típica en el terreno del hardcore o posthardcore. Píldoras de punk acorazado, en una primera percepción, despachadas inmisericordemente a un público que entraba en la inmediatez de la propuesta con los riffs marciales, especialmente los de Reis y la contundencia de la base rítmica, para revelarse magmáticas y espesas a medida que avanzaba el concierto.

El armazón sónico dejó ver la calidad compositiva de los nuevos temas, “Death of a Sportman” o ese himno inmediato que es “Six Wave Hold Down” son pruebas de ello, mientras que la fiereza y la contundencia de otros temas “I Need a Doctor” o “”Having Another”, no nos despistó en nuestra percepción de que su puesta en escena sale triunfadora, por convencimiento no por aplastamiento, permitiéndose el lujo de prescindir de su mejor canción “This Mystic Decade” y dejando detalles melódicos en todos los temas, unos comprimidos y otros más expansivos.

Fue una noche para coger ola, como su bajista en la portada de “Jericho Sirens”, desde el acorde inicial una vez superada la erupción del volcá y alcanzar la orila.