Éste era el lugar
Comics / Chris Reynolds

Éste era el lugar

7 / 10
Manu González — 01-06-2021
Empresa — Libros Walden

Comenta el prestigioso autor Chris Ware, en el largo prólogo de “Éste era el lugar” en el que destripa gran parte del argumento de las veintidós historias presentes en este recopilatorio, que el autor británico Chris Reynolds es el artista de cómics más infravalorado de los últimos veinte años. Personalmente, infravalorar no sería la palabra elegida por mí, sino, directamente, desconocido en la historia popular del cómic y, más concretamente, en nuestro país. No se puede infravalorar algo que no conoces.

Reynolds pertenece a la generación más underground del cómic británico de la década de los ochenta, aquella que no intentaba ganarse la vida con la ciencia ficción de la revista “2000 AD” ni tampoco era asidua a los fanzines punk de la época. Reynolds colaboró en la revista “Escape” con gente como Eddie Campbell. El problema es que Reynolds no tuvo un “From Hell” que le colocara en el mapa mundial y solo era conocido por la revista “Mauretania”, que se autoeditaba con a su amigo Paul Harvey, con una distribución menor a la que le costaba cruzar el Océano Atlántico. Ware reconocé que era un auténtico fan de “Mauretania” e intentaba hacerse con sus números siendo bastante complicado.

“Este era el lugar” recoge las veintidós historias que Reynolds publicó en la revista “Mauretania”, incluyendo la novela gráfica de más de cien páginas con el título, poco inspirado, de “Mauretania”. El gran acierto de esta edición se convierte, desgraciadamente, en su gran desventaja. Porque transitar por veintiuna historias sobre paseos mentales, misterios sin resolver, relatos que no plantean preguntas, soledad desbocada o psicogeografía de ciencia ficción el lector llega agotado a la parte jugosa de este libro, el relato más largo y ambicioso de su autor, la novela gráfica que comparte título con la revista que editaba y que publicó Penguin Books en 1999, cuando el siglo XX daba sus últimos coletazos.

Describir las historias de Reynolds no es tarea fácil. El propio autor se vuelve más hermético mientras los relatos se van acumulando. Aunque Ware sea muy fan, su arte está más cercano al de Seth, sobre todo en el amor por historias de paseos visuales por viñetas con calles solitarias y lugares vacíos mientras una voz en off divaga sobre misterios irresolubles. Reynolds se fue volviendo cada vez más tosco con cada número de “Mauritania”, hasta que en la novela gráfica su minimalismo se embrutece alejándose del arte más figurativo. Algo extraño, pues el autor se apuntó en 1999 al movimiento británico del stuckismo fundado por Billy Childish y Charles Thomson para promover la pintura figurativa en oposición al arte conceptual.

Aunque no rehúya el género, el noir con esas bizarras historias de detectives, o la ciencia ficción, sobre todo en los relatos del esquivo Monitor, un personaje que va con un casco en la cabeza con la letra “M”, Reynolds es opaco en soluciones o explicaciones, convirtiendo sus relatos en una especie de viaje mental por un google street view fantasioso sin resolución. Con Reynolds se aplica a la perfección aquella máxima que dicta que importa mucho más el viaje en sí que el destino final.

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