McCartney 3, 2, 1
Cine - Series / Paul Mccartney

McCartney 3, 2, 1

8 / 10
Raúl Julián — 12-09-2021
Empresa — Disney +
Fotógrafo — Archivo

Apunto de convertirse en octogenario, Paul McCartney no solo ha conseguido seguir de rabiosa actualidad, sino que parece que su legado –ese que gracias a la suma sus diferentes épocas creativas lo sitúa como el músico vivo más trascendente junto a Bob Dylan– resulta reivindicado pasionalmente por nuevos artistas que reconocen abiertamente su importancia e influencia. Si a finales del año pasado veía la luz su notable último disco, McCartney III (20), y hace solo unos meses hacía lo propioMcCartney III Imagined (21) –en donde nombres de lo más vanguardistas rendían tributo al de Liverpool con remezclas, versiones y colaboraciones de los temas de su álbum más reciente–, ahora ve la luz la mini-serie “McCartney 3, 2, 1” (21) dirigida por Zachary Heinzerling y disponible en la plataforma Disney +.

Un documento que junta a McCartney con el reputado productor Rick Rubin (cofundador de Def Jam Recordings y artífice de los “American Recording” de Johnny Cash entre otro sinfín de logros), al cálido amparo del estudio y a lo largo de tres horas troceadas en seis capítulos. Un regalo para cualquier interesado en el tema, concretado en la propia charla distendida y entrañable acontecida entre ambos, protagonizada por dos veteranos que continúan emocionándose con el poder evocador de la música y sus consecuencias. ‘McCartney 3, 2, 1’ (21) es un repaso ininterrumpido por aquellas circunstancias, excepcionales o casuales pero siempre inspirativas, que cristalizaron en la inolvidable obra de The Beatles, pero también y tras la disolución del cuarteto, en la de los magníficos Wings o a lo largo y ancho de esa extensa carrera en solitario de la que el vocalista puede presumir. No esperen encontrar multitud de secretos nunca antes revelados (aunque alguno hay), ni tampoco análisis concienzudos o de profundidades estratosféricas al respecto de ese catálogo con la firma del británico que mutó en mítico hace tiempo. Ni siquiera reclamen un estricto rigor cronológico a la hora de de seguir la trayectoria del bajista.

Porque esta no es sino la (valiosa) charla acontecida entre el ex Beatle y Rubin (quien a su vez se muestra fascinado casi con cada detalle o confesión del inglés), de textura informal y durante el que, con frecuencia, ambos protagonistas parecen ajenos a las cámaras. Asombra también la emoción con la que el autor se enfrenta (cabe suponer que por enésima vez) a sus propias creaciones, así como el detallado recuerdo que entrega al exponer cómo fue gestada la pieza de turno. Una secuencia que, de paso y quizá como consecuencia secundaria, señala cuán precursor, ambicioso y vigente ha lucido siempre el talento de McCartney, tanto en labores compositivas como técnicas. Porque esta retrospectiva invita a comprobar la vigencia incorruptible de su música, y también esas ansias innovadoras y experimentales que comenzaron en la segunda mitad de los sesenta con discos como “Rubber Soul” (Apple, 65), “Revolver” (Apple, 66), “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band” (Apple Records, 67), “White Album” (Apple, 68) o “Abbey Road” (Apple, 69), pero que a posteriori también emergieron con intensidad en otros títulos vanguardistas y arriesgados como “McCartney” (Capitol, 70), “Band On The Run” (Capitol, 73) o “McCartney II” (Capitol, 80).

“McCartney 3, 2, 1” (21) no presenta, en realidad, un contenido demasiado novedoso para cualquier aficionado en firme que ya haya visualizado otros documentales al respecto o investigado entre la inabarcable bibliografía que existe en torno a The Beatles y al mismo Sir Paul. Pero es, en cualquier caso y sin atisbo de duda, un producto del todo satisfactorio, además de impecable en el plano técnico, tanto en montaje como con esa elegantísima fotografía en un precioso blanco y negro mantenida a lo largo de toda la serie. Un documento que, a pesar de lo sobado y consabido del contenido, continúa resultando excitante. La prueba reiterada de que las canciones tejidas por Paul McCartney, en cualquiera de sus etapas, conforman un legado atemporal y eterno que evita marchitarse con el paso de las décadas y que, casi con toda seguridad, seguirá influyendo en multitud de generaciones venideras.

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