Fundación
Cine - Series / David S. Goyer Y Josh Friedman

Fundación

6 / 10
José Martínez Ros — 05-10-2021
Empresa — Apple TV
Fotógrafo — Archivo

No se suele recordar a menudo, pero el ciclo de “Fundación”, la gran obra de Isaac Asimov, es un producto de la II Guerra Mundial. El origen de la saga, según relató el propio autor en su autobiografía, fueron los aterradores titulares de la prensa neoyorquina de 1941. Estados Unidos aún no estaba en guerra, pero los periódicos no dejaban de anunciar las continuas victorias de las potencias del Eje. En el norte de África, un general alemán llamado Rommel se ganaba fama de invencible derrotando una y otra vez a los británicos en su avance triunfal hacia el canal de Suez; en Asia, los japoneses continuaban con su invasión de China y se extendían por el Pacífico; y en la vasta Unión Soviética, las vanguardias acorazadas del Reich nazi estaban ya a unos pocos centenares de kilómetros de Moscú. Asimov, un joven bioquímico y aspirante a escritor, de sólo veintiún años, trató de superar la honda angustia que sentía en una época donde la civilización parecía naufragar ante la oscuridad y la barbarie mediante aquello en lo que más confiaba: la ciencia. Decidió que la historia señalaba que ningún régimen basado en la destrucción indiscriminada y el exterminio podría perdurar en el tiempo. Al tiempo, concibió la idea de una disciplina científica capaz de predecir con antelación grandes cataclismos o cambios sociales. La Psicohistoria.

Estamos unos cuantos miles de años en el futuro. La especie humana se ha expandido por miles de mundos. El centro de este Imperio Galáctico, inspirado obviamente en la Roma clásica, es Trantor, donde gobierna el linaje de Cleon, una dinastía que funda su estabilidad en la clonación de sus miembros. Sin embargo, el Dr. Hari Seldon (Jared Harris) experto en psicohistoria, a través de complejísimos cálculos, ha llegado a la siguiente conclusión: el Imperio se halla ante una decadencia imparable. Una vez que caiga, una era de tinieblas se prolongará a lo largo de milenios en los que la mayoría de la ciencia y la cultura humana desaparecerán. La historia arranca con Gaal Dornick (Lou Llobell), una joven superdotada ha sido desterrada de su planeta de nacimiento, donde rigen las supersticiones y es vista como una abominación. Viaja a Trantor, donde confirma los cálculos de Seldon, quien ha concebido un plan: la caída no puede detenerse, pero el periodo de oscuridad puede acotarse. Al frente de un grupo de eruditos, marcharán a un planeta aislado, en el borde la galaxia, llamado Terminus. Allí compilarán una Enciclopedia Galáctica, donde reunirán todo el conocimiento posible, con el objetivo de que sirva de punto de partida a la Humanidad cuando llegue el colapso (aunque en realidad el plan es mucho más complejo y ambicioso: Seldon cree que si sus seguidores saben demasiado de sus predicciones, esto les dará una falsa seguridad que las invalidará). Pero los emperadores de Trantor ven las profecías del científico ante todo como una amenaza…

Desde su publicación de las primeras historias de “Fundación”, a mediados de los años cuarenta, hasta el presente, han existido muchas tentativas de adaptarla, pero al tratarse de una suma de narraciones que se prolongan a lo largo de cientos de años no ha sido hasta ahora, cuando las distintas plataformas compiten ferozmente entre sí por llevar a las pantallas el proyecto más caro y ambicioso. Al frente tenemos a David S. Goyer, guionista de "Man Of Steel” y de la “Trilogía del Caballero Oscuro” (y responsable también de otra adaptación peliaguda: la de “Sandman”, el cómic de culto de Neil Gaiman). Si en la obra de Asimov se establecía un obvio paralelismo con el proceso que llevó, a lo largo de casi un milenio, de la caída de Roma en manos de las tribus bárbaras al Renacimiento, pasando por el Medievo, Goyer ha preferido recrear una alegoría del presente. No es difícil ver a Seldon como un trasunto de los científicos que alertan del peligro mortal que representa el cambio climático; nos encontramos igualmente con una versión galáctica del 11-S e, incluso, con un reflejo de las desastrosas guerras de Irak y Afganistán. También da mucho más protagonismo a los gobernantes de Trantor, que en la interpretación de Goyer se convierten en un trío clones, tres encarnaciones del mismo individuo de distintas edades. A lo largo de los primeros capítulos, saltamos entre distintos periodos de tiempo, mientras los pioneros de la Fundación se asientan en el agreste y gélido Terminus y la decadencia imperial se acelera.

“Fundación” es una serie casi tan ambiciosa como el plan de Hari Seldon, pero también, desgraciadamente, imperfecta. Goyer hace lo posible por aligerar la carga filosófica de los libros de Asimov y añadir espectáculo a una obra centrada en las conversaciones y en los duelos de inteligencia entre los personajes con escenas de acción, bruscos y un tanto tramposos cliffhangers e intrigas políticas, a riesgo de desnaturalizarla. Es evidente que los responsables han contado con un cuantioso presupuesto, pero eso no impide que los escenarios planetarios y espaciales, el diseño de criaturas, naves y vehículos, resulte bastante genérico y, como máximo, funcional. Lo mismo ocurre con los personajes, aunque en parte se deba a su origen literario, ya que Asimov no se caracterizaba por crear personajes de una excesiva complejidad, sino que estos eran más bien instrumentos para presentar sus ideas. Aunque todas las comparaciones son injustas, aquí no encontraremos la capacidad inmersiva y el ingenio estructural de, por ejemplo, la reciente Watchmen de Damon Lindelof. Tampoco el sentido de la épica y la aventura de la excelente “Star Trek: Picard”. Sin embargo, a pesar de sus defectos, mantiene algo del original de Asimov: sus héroes son los portadores de la fe en la ciencia y la razón, su causa es la de la civilización. Y en unos tiempos donde el oscurantismo conspiranoico no deja de extenderse, eso nunca está de más.

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