Física para gatos
ComicsTom Gauld

Física para gatos

7 / 10
José Martínez Ros — 11-06-2026
Empresa — Salamandra Graphic

El escocés Tom Gauld (1976) se ha ganado el aprecio de un creciente grupo de lectores gracias a novelas gráficas como “Goliat”, pero, sobre todo, a ser un maestro moderno del que tal vez es el subgénero más clásico del noveno arte: la tira cómica en prensa. El estilo de Gauld recuerda mucho al del español Calpurnio: depurado, minimalista, con figuras esquemáticas, pero la capacidad de sintetizar una historia en unos pocos elementos. Y también evoca al noruego Jason por su humor seco e inexpresivo, su ingenio inagotable y su costumbre de mezclar en la misma página una imaginación surrealista con una situación aplastantemente costumbrista. Sus viñetas han aparecido de manera habitual en medios tan prestigiosos como The Guardian y New Yorker y, en los últimos años, en la revista británica de ciencia New Scientist. Salamandra Graphic nos ha traído un par de selecciones de estas: “El departamento de teorías alucinantes” y este reciente “Física para gatos”.

En una entrevista, Gauld confesó que tuvo muchas dudas cuando le ofrecieron hacer una tira cómica semanal en ese medio. Le preocupaba no tener lo suficientes conocimientos. “Ciertamente, no tengo formación en ciencia… No sabía si podría conectar con la mentalidad científica y no saber lo suficiente para hacer unas tiras decentes… Pero, tras la experiencia, me he dado cuenta de que, en realidad, la mentalidad científica no es tan diferente de la artística como pensaba…. A ellos también les inquieta no ser publicados, estar decepcionados con la reacción de la gente a tu trabajo y tener un bloqueo…. En mi trabajo, intento bromear con ellos respeto. Y a veces, curiosamente, eso implica pasar una tarde leyendo artículos e intentando comprender algún aspecto de la ciencia para hacer un chiste tonto al respecto, de una manera que funcione”. Y lo cierto es que funcionan, aunque el lector tampoco posea conocimientos específicos de ciencia.

Gauld satiriza de forma amable las rivalidades, la lucha por las becas, las angustias provocadas por los recortes fondos, las interminables ponencias en los congresos, la rutina de los laboratorios, pero sus observaciones siempre se hacen desde una mirada inusual, inesperada y traviesa, con una comprensión muy instintiva de las paradojas de la condición humana. Pero también nos cruzamos a lo largo de las páginas con escenas más desaforadas: a la materia oscura del universo explicando sus cuitas a un psicólogo, los galardones a las “mejores teorías de conspiración del año”, a unos robots que planean rebelarse contra la humanidad enfrentados al típico formulario web de “no soy un robot”, o una parodia de la célebre escena de la pastilla roja de Mátrix. Y, además, muchos descacharrantes experimentos fallidos.

Respecto al título, lo cierto es que no hay demasiados gatos. Pero las pocas tiras en los que aparecen son memorables. Como cuando, nada más arrancar el tomo un “gato científico” empuja suavemente hasta el borde de la mesa una taza que se hace añicos contra el suelo. A continuación, anota en su cuaderno que “una vez el experimento confirma mi hipótesis, pero se requiere una mayor investigación en este campo”.

 

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