“No lo sé”, admite Clara Viñals apoyando los codos sobre la mesa y reposando su cabeza sobre las manos. Dice que a veces siente que es un poco… Vuelve a callar, suspira y se sincera: masoquista. “Es como si quisiera complicarme la vida”. Es como si quisiera, musita en ese tono suyo tan tímido, tan cálido, autosabotearse alejándose de la fórmula con la que ha moldeado los dos discos anteriores de su proyecto Renaldo & Clara: “L’amor fa calor” (20) y “La boca aigua” (23). “Con estos dos discos me ha ido todo muy bien, pero con ‘L’encant’ he querido volver a los inicios”. Me lo explica en un despacho de su discográfica, en la séptima planta de un edificio frente a la playa del Fòrum. Las paredes son acristaladas. Las vistas, mareantemente bellas. Seguro que en un día claro desde aquí se ve a Maria Jaume cuando va de visita a su casa natal de Lloret de Vistalegre. “Me daba cierto apuro pensar cómo se lo tomaría la gente, pero era lo que me apetecía hacer. Además, actualmente, todo gira alrededor de la música urbana”. Ella, por llevar la contraria, porque ya ha estado ahí, ha perdido el interés. “Me sigue gustando este tipo de música, pero como ahora la está explotando todo el mundo, me han entrado ganas de irme hacia otro lado”. Sí, en su nuevo álbum Clara ha virado la vista atrás, pero con el rabillo del ojo sigue mirando el ahora y el mañana.
"Quería un título que transmitiera esa sensación de algo encantador, bonito y atractivo”.
La primera vez que Clara Viñals vio a alguien entre el público llorando con una de sus canciones fue el verano del 2011 en el Faraday, el festival de Vilanova i la Geltrú predecesor del Vida. Por aquel entonces solo había publicado un EP de título homónimo y faltaba poco para publicar el EP “Lilà” (12). Luego llegarían “Fruits del teu bosc” (14) y “Els afores” (17), referencias que la ubicaron en un lugar privilegiado de aquello que se denominó Nou Pop Català, la escena de Mishima, Manel, El Petit de Cal Eril, Mazoni, Sanjosex, La Iaia, Fred i Son... Pop de orfebrería. Canciones de melodías sublimes y texturas frágiles como susurros. De algún modo, Renaldo & Clara eran nuestros Belle & Sebastian. Pero Clara, no lo digo yo, lo dice ella, es… masoca. Y como ya lo había hecho, como ya había estado ahí, se tuvo que reinventar, publicando dos discos que sorprendían tanto como seducían por su personal aproximación a movidas como el reguetón y la electrónica. “L’encant” reúne lo mejor de sus dos mundos, un retorno a los orígenes de cadencia acústica (“Tan brillant”) y un seguir disfrutando de los ritmos urbanos (“Repartit”) y como eje vertebrador pildorazos como “Amb tu podría estar” o “Quines coses de mí”, ese tipo de canciones que podrías escuchar una y mil veces hasta odiarlas de lo irresistiblemente contagiosas que son. Dos caras de una misma moneda, la del pop sublime, refrescante y ligero como una rodaja de sandia una tarde perezosa de agosto. “Nunca he querido petarlo”, dice la artista (y no es contradictorio una cosa con la otra) que siempre acaba colando sus discos entre lo mejor del año.
Este se volverá a situar en lo más alto de la lista de imprescindibles. “L’encant” es un disco con una doble cualidad. En realidad, tiene múltiples cualidades, pero destaca el hecho de funcionar como colección de sencillos, a la vez que seduce como álbum en su totalidad, sin concepto, pero sí una unidad. “Aunque inconscientemente, es así”, confirma. “‘L’encant’ es un disco muy variado. A mí lo que pasa es que trato las canciones de manera individual, cada una en su universo, y cuando tengo una cantidad que, más o menos, me da para un disco, las reúno”. Clara admite que es justo en ese momento cuando le entra el pánico. “Me da como mucho respeto darme cuenta de lo distintas que son las unas de las otras”. Se le pasa el susto cuando decide el orden en el que sonarán en el disco. “Nunca decido el orden por la temática de las canciones, sino por el feeling que transmiten. Tal vez ese sea el secreto de por qué funcionan todas juntas y que un tema como ‘Tan brillant’, que es muy minimalista, muy acústica, entre muy bien después de ‘Repartit’, que se sustenta en un beat totalmente electrónico y la voz es medio rapeada, medio hablada. En este disco, lo que más me ha obsesionado ha sido conseguir ese equilibrio entre sonoridades más clásicas y, al mismo tiempo, elementos rítmicos muy desdibujados. Sin dejar de hacer pop, mezclar lo más clásico y lo más moderno”.
“Mis alumnos saben que hago música. Les hace gracia, aunque también hay muchos a los que les da un poco igual”, admite entre risas. Clara ejerce la docencia. Es profesora de Historia en un instituto de Lleida. La profe enrollada (“Sí, esa soy yo”) que tiene un grupo de pop con el que ya ha escrito centenares de canciones. “Lo bueno es que siempre acaba apareciendo la inspiración. Haciendo cualquier cosa te viene una frase a la cabeza y a partir de ahí vas estirando”.
Cuenta que, en este disco, su obsesión con las letras ha sido mostrarse directa, desprendiéndose de las metáforas que trufaban los versos de las canciones de sus anteriores discos. “Una canción pop de amor ya sabes cómo será. Huir de esos lugares comunes es un aliciente que hace que el proceso sea más divertido. Por ejemplo, en este disco no he querido tirar de recursos poéticos. Me apetecía que las letras fueran directas, que salieran casi automáticamente sin tener que romperme demasiado la cabeza. Y pese a que en alguna de ellas hablo de temas como los celos, casi todas son letras bonitas. De ahí que el disco se llame ‘L’encant’. Quería un título que transmitiera esa sensación de algo encantador, bonito y atractivo”.

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