Studio 666
Cine - Series / Foo Fighters

Studio 666

6 / 10
Jaime Tomé — 28-03-2022
Empresa — Open Road Films
Fotógrafo — Cartel de la película

Toda la plantilla de Foo Fighters puede presumir de tener un gran sentido del humor, tal y como ha demostrado en gran parte de los videoclips y cameos televisivos que ha protagonizado a lo largo de su carrera. En “Studio 666”, la banda originaria de Seattle vuelve a poner sobre la mesa este factor metiéndose de lleno en la interpretación con una película en la que se parodian a ellos mismos mezclando comedia con terror y gore con todos los clichés posibles de estos géneros.

“Studio 666” recrea la situación hipotética del grupo pasando un bache artístico mientras graba su décimo disco con el objetivo de pagar una serie de deudas. Dave, Taylor –en paz descanse–, Pat, Chris y Rami se alejan del mundanal ruido y se encierran en la típica mansión embrujada en la que suceden cosas extrañas (idea de su mánager) y que esconde un secreto en su sótano que provocará la posesión de Dave y consecuente inspiración de éste para grabar un disco influenciado por el metal de bandas como Venom, Celtic Frost o Slayer.

En el transcurso de los excesivos ciento seis minutos de duración van sucediendo los variopintos y bastante logrados asesinatos de los distintos miembros del grupo, que logran por los pelos el cometido de divertir gracias también, en parte, a los cameos de la joven promesa Jenna Ortega (“Scream 5”, “X”), Kerry King (Slayer) o los mismísimos Lionel Richie y John Carpenter.

Es cierto que la interpretación no es el fuerte de Grohl y compañía, pero esa es parte de la gracia de esta película que lleva al límite lo paródico de cada miembro consiguiendo despertar la curiosidad del espectador. Resultará especialmente entretenida a esa gente que no le pide demasiado al cine y también para los seguidores del gore y de los slashers más absurdos.

Posiblemente “Studio 666” sea una un capricho más o idea loca de esas que merodean en la cabeza de Dave y que sirve para poco más que alimentar su hiperactividad, tal y como ocurrió con alguno de sus documentales o con el EP grabado el año pasado como tributo a los Bee Gees con el nombre de Dee Gees, pero esta vez con sangre, decapitaciones, posesiones infernales y mucha distorsión.

En definitiva, que este largometraje no va a cambiar la vida de nadie, pero el hecho de que este proyecto culmine con un disco más interesante que lo que han sacado Foo Fighters en los últimos años de una banda ficticia de metal satánico llamada Dream Widow (disponible en Spotify), hace que valga la pena para pasar el rato. Por eso y por despedirnos de nuestro adorado Taylor Hawkins.

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