El noruego Kristoffer Borgli se dio a conocer internacionalmente con “Dream Scenario”, inesperada y excéntrica reelaboración del mito de Freddy Krueger con Nicolas Cage en el divertido papel de un sosaina. Borgli, bregado en cortos, cambia de registro en “El drama”, con Zendaya y Robert Pattinson, detalle este no baladí: si consideramos que un protagonista puede definir con su mera presencia el estilo de una película, entendemos fácilmente que el libérrimo Cage diera otra dimensión al film mencionado y que Pattinson y Zendaya, estrellas sofisticadas, pero todavía al servicio de Hollywood, frenen la heterodoxia que rezumaba aquella.
“El drama”, anclada en la realidad, intenta pervertir el modelo de la comedia romántica y solo lo consigue a medias. Su propuesta formal nos recuerda, en su inicio, al clásico “Dos en la carretera” de Stanley Donen, en la que la crisis de la pareja protagonista, era diseccionada en constantes idas y venidas temporales que fragmentaban el relato. Aquí, Borgli, también co-montador de la cinta, parece evocarla en la presentación de los personajes, pero, a diferencia de Donen, ofrece la descomposición de la pareja en presente durante los días previos a la boda y en la misma ceremonia.
El detonante de la crisis nos lleva a comedias teatrales como “El nombre” en la que un hecho, revelado en conversación amistosa y etílica, dinamita las relaciones establecidas: aquí, un secreto del pasado de uno de los consortes se antoja insoportable para el otro, como sucedía en “Los perros dormidos mienten” en la que se la novia confesaba un desliz sexual con un can.
Igualmente, la presunta provocación de “El drama” radica en la confidencia, aquí relacionada con una de las tragedias perpetuas de la sociedad americana. Borgli, guionista en solitario del film, desaprovecha la ocasión para ahondar en ese drama de base y se decanta, como cortina de humo, por burlarse del personaje de Pattinson. Lo mejor, Zendaya, creíble en todos los registros de su rico personaje.

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