
Aunque el más catastrófico de los conciertos que recuerdo en estos últimos años fue el de TV Personalities, en el festival Cultura Pop. Por todo esto de las modas resulta que de repente el nombre del grupo (que siempre había sido maldito, minoritario) estaba en boca de todos, Jota de Los Planetas llevaba tiempo citándolo como una gran influencia y hasta había venido desde Granada a ver el bolo... Lo que pasa es que Dan Treacy es un hombre con serios problemas, mentales y de drogodependencia, que vive en la indigencia más absoluta. Y delante de mil personas aquello fue el desastre absoluto: no fueron capaces de terminar ninguna de las canciones que arrancaron y terminó despidiendo a la banda sobre el escenario. A los pocos meses volvió a tocar en la sala Arena y en el público apenas estábamos 30 personas.
Hablar propiamente de “timos” en directo es complicado, porque el público exige cosas bien diferentes en función del artista: por ejemplo, estoy seguro que algunos de los que salían indignados el otro día del CBA con John Maus estaban encantados de la vida cuando Whitehouse actuaron en La Casa Encendida, y básicamente hicieron lo mismo: berrear sobre una base electrónica. O con Dan Deacon, que pulsa el “play” y se lanza a bailar entre el público. Fangoria lleva años llenando el Palacio de Deportes con un espectáculo en playback y su público está encantado. Y es más, cuando MF Doom actuó el otro día en la Red Bull Academy o Daft Punk lo hicieron en el Summercase de 2006, por supuesto en ambos casos enmascarados, todos tuvimos dudas muy serias de que fueran ellos y no unos figurantes los que habían venido a Madrid… Aunque personalmente creo que la mayor desfachatez que he visto sobre un escenario madrileño fue en la última gira de Depeche Mode: Andy Fletcher ni se molestaba en disimular que tocaba el teclado y entre bailecito y bailecito hizo un parón para ponerse a comer ganchitos.
Respecto al concierto de The Horrors en Moby Dick, la cosa fue tal que así, el cantante Faris Badwan se encaramó al techo de la sala y golpeó una bola de espejos que cayó entre el público, que a su vez empezó a juguetear con ella y como consecuencia varias personas se cortaron en las manos. Al día siguiente, y como suele ocurrir con estas cosas, aquello se empezó a comentar en medios como si la Moby se hubiera convertido en una batalla campal. Lo que sí que es cierto, porque yo tuve la oportunidad de comentarlo con el grupo más adelante, fue que tuvieron que encerrarse en el camerino por un rato porque el personal de la sala estaba tan mosqueado por el destrozo del material que querían darles una paliza para que aprendieran… Pero al final la cosa no llegó a mayores.

En cierto modo es algo parecido a lo que pasó con aquel famoso concierto de los Sex Pistols en Dallas en que Sid Vicious tocaba con la nariz chorreando sangre. Seguro que todos hemos visto alguna vez alguna foto y pensamos que fue a causa de alguna pelea o algo que le habían tirado desde el público. Pero la verdad fue que se chocó con la rodilla de Hellin Killer (la groupie con la que estaba liado aquel día) mientras le ayudaba a saltar una valla. El rock necesita de su mitología y ésta de la exageración…
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