The Black Crowes: El retrovisor de Mondo Sonoro
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The Black Crowes: El retrovisor de Mondo Sonoro

Kepa Arbizu — 06-05-2026
Fotografía — Ross Halfin

La publicación de su nuevo disco, “A Pound Of Feathers” (Silver Arrow, 26), significa reubicar en plena actualidad a una banda que, por otra parte, ya vive por méritos propios en la inmortalidad artística, habiendo logrado ser el estandarte del hard rock clásico en estas últimas décadas mientras conquistaban un lugar privilegiado en la historia del género.

Podrás ver a The Black Crowes en: Alicante (8 julio, Multiespacio Rabasa; Área 12). Barcelona (10 julio, Festival Cruïlla) y Madrid (11 julio, Mad Cool Festival).,

El imprescindible:

Amorica (1994)
Recogiendo el legado de dos álbumes predecesores, “Shake Your Money Maker” (92) y “The Southern Harmony And Musical Companion” (92), que les había convertido ya en doctos representantes del rock sureño, su tercer capítulo, tras dar por amortizado ese factor canónico, se presentaba más personal y paradójicamente emisor de un todavía mayor arraigo tradicional. Sin renegar de una ascendencia que les cruzaba con los Stones, Aerosmith, Otis Redding o Allman Brothers, composiciones como “Gone” o “High Head Blues” dirimían una “batalla” eléctrica entre las guitarras de Marc Ford y Rich Robinson, mientras que la imponente voz de su hermano Chris se sentía dotada para trasladar el más desgarrado dolor en "Cursed Diamond" o ubicarse en los pantanos del blues primigenio invocados por "Downtown Money Waster". Caracterizado por un ánimo visceral que compete a todos sus ingredientes, la banda despejó cualquier incógnita sobre un posible adocenamiento entre dictámenes convencionales para firmar un disco de agitadas emociones, una demostración de que su estado de gracia no era algo pasajero.

La Rareza

Before the Frost... Until the Freeze (2009)
Aunque no hay en la existencia del grupo salidas de tono estilístico a nivel global, el rotundo éxito que significó “Warpaint”, encarando ese abismo que representaba un regreso, en este caso después de siete años, huérfanos de figuras esenciales en la configuración de la banda, papel encarnado por Marc Ford, parece que le otorgó el empoderamiento necesario a la formación de entonces, con un Luther Dickinson (North Mississippi Allstars) incorporado de pleno derecho, para atreverse con un disco doble grabado en una suerte de directo. Un heterodoxo camino que, salvo algunas inmersiones en terrenos campestres o místicos más prescindibles, representaba un jugoso y variado recorrido por las diversas facetas de una banda que dejó constancia de que su existencia, por encima de todo, seguía teniendo todo el sentido y que su idioma está hecho de numerosos dialectos.

La decepción

Three Snakes And One Charm (1996)
Puede que consecuencia de haber “nacido” como sucesor del brillante “Amorica”, que opacó sustancialmente su resultado, o sobre todo de verse envuelto en el ya públicamente expresado odio cainita entre hermanos, lo cierto es que su cuarto trabajo adolecía del vigoroso alma, hasta ese momento impoluto, que caracterizaba al sonido de la banda, en el que ni las llamadas al desenfreno eléctrico, convertidas demasiadas veces en fuegos fatuos, ni los medios tiempos, carentes del estremecimiento habitual para sobrecoger el corazón, lograban aupar su contenido. Si bien el disco no supone un traspiés suficiente como para descabalgar la admirable trayectoria del grupo, su contenido está llamado a diluirse y pasar inadvertido entre el caudal creativo de los cuervos.

 

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