Lo de “Project Hail Mary” es una noticia estupenda. Y no hablo del hecho de que tengamos ahora en las salas una película excelente y con aroma de clásico; hablo del hecho de que además ha sido un absoluto taquillazo. Ojalá esto provoque que se produzca más cine así, como esas películas de los ochenta y noventa de cuya nostalgia ahora se nutre Hollywood para sacar reciclajes pero sin entender qué hizo que marcasen tanto al público. Lo más probable es que esto sea un oasis entre blockbusters cortados por el patrón marveliano, y que la consecuencia de su éxito sea simplemente tener una secuela. Pero oye, podemos soñar. De hecho, es a lo que nos anima “Proyecto Salvación”.
Tanto Andy Weir al escribir la magnífica novela en la que se basa como Drew Goddard al adaptar para cine y Phil Lord y Christpher Miller al dirigirla, todos ellos seguramente se dejaron llevar por ese punto de sueño más inocente (que no infantil). Es una muy buena película por sí sola, es una gran adaptación del libro, y a su vez empuja a leer el libro si te gustó, pues son maneras distintas de contar la misma historia. Si el libro se detiene mucho más en los aspectos científicos y el hito que supone lo que ocurre (de lo poco mejorable de la película es el paso tan rápido por esto, probablemente debido a tijera en montaje; deseando estamos de ver ese montaje original de cuatro horas), la película toma el componente emocional que ya había en el libro (no lo desvelaremos pues supone un spoiler) y lo abraza con una clara influencia de Spielberg, expandiéndolo, e incluso con ideas inéditas respecto al libro.
Me estoy refiriendo, por supuesto, a cierta escena con Sandra Hüller (igual te protagoniza “Anatomía de un asesinato” y “Toni Erdmann” que un blockbuster) que se roba por completo la película, y que hará que muchos tengan en bucle “Sign o’ the Times” un buen tiempo (ya que mencionamos algo musical: menuda pasada es la banda sonora de Daniel Pemberton). Hüller es una gran elección para el segundo (entre comillas... de nuevo, spoiler) personaje más importante de una historia cuyo protagonismo casi absoluto recae sobre Ryan Gosling, responsable de hundirla o de remar a favor. Afortunadamente, hace lo segundo, y vaya cómo lo hace. Gosling se marca el que será uno de los papeles de su carrera, como Indiana Jones lo fue de Harrison Ford, a quien (y sé que esto son palabras mayores) llega a acercarse a nivel de carisma. Si tenéis la oportunidad de verla en cines, no lo dudéis. Estoy seguro de que esta película será una de las que en décadas recordemos con una sonrisa.

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