La transversalidad artística define a Santi Balmes. No se encasilla en la etiqueta de músico o en la de escritor: para él, todo forma parte de lo mismo. De ello deja rastros en su nueva novela, “El hambre invisible” (Planeta, 18), una lectura autobiográfica en la que viajar por su mundo interior se convierte en una aventura apasionante.

El hambre invisible es una novela que se completa con las ilustraciones de Sergio Mora –quien ya colaboró con Love Of Lesbian en su último disco, “El poeta Halley” (16)- y que incluye multitud de referencias al repertorio de la banda. Balmes cierra así un triángulo de creación entre el último álbum de Love Of Lesbian y “Canción de Bruma” (17), un libro de poemas que empezó mientras escribía su novela. Cuatro años después de empezar El hambre invisible, abre a los lectores las puertas de Bruma, su fascinante ciudad interior, y así, las cierra a antiguos fantasmas de otras etapas. Remueve el pasado y se reconcilia con él para saciar su propia hambre invisible.

“Reivindico el papel de la magia dentro de la rutina, que es lo que hemos querido con la banda desde hace tiempo: el deseo de que nos pasaran cosas inexplicables”.

“El hambre invisible” parece una manera de entender mejor las canciones de Love Of Lesbian. ¿Era la intención o tenía más que ver escribir sobre tu yo ficcionado?
La intención de escribir “El hambre invisible” era un efecto de abrirse en canal de manera metafórica. Me veía con la necesidad de finiquitar ciertas épocas de la vida o, como mínimo, de llegar a ciertas conclusiones. Despertar héroes y monstruos que tenía dentro ha sido muy bonito pero, a la vez, muy doloroso. Me ha servido para reavivar según qué personajes que tenía dentro, como el Niño o el Joven Poeta Halley. Aunque en mi profesión los tengo bastante despiertos, hay como un compromiso vital de no hacerlos desaparecer.

¿Cuánto ha durado esta abertura en canal?
Me tomó cuatro años escribirlo en mis ratos libres. Algunos de los escritos del Joven Poeta Halley son de cuando era más joven. Los he actualizado un poco para que parecieran un poco más profesionales. Eran más viscerales y no tan bien escritos, pero los temas sí que estaban allí. Lo intenté escribir con treinta años y, de repente, inconscientemente, lo abandoné. Hasta que me di cuenta hace unos años que era el momento porque mi vida había dado una vuelta y ya podía verlo todo en la distancia.

En este equilibrio de personalidades que describes en el libro, ¿cuál es la que domina más sobre ti?
Creo que el Mago, porque es mi voluntad que sea él quien me encabeza. Es esa persona que, de alguna manera, no cree en la magia de prestidigitador, sino una magia más profunda, más arraigada a la vida. Reivindico el papel de la magia dentro de la rutina, que es lo que hemos querido con la banda desde hace tiempo: el deseo de que nos pasaran cosas inexplicables. Hay una parte destructiva hacia el deseo más primario que, aunque se sacie, continúa provocando una insatisfacción continua. La otra parte es más profunda, casi esotérica, de desear que perviva la magia, y esta parte provoca que nos hayan pasado cosas con la banda casi inexplicables.

Como haber pasado de ser una banda indie pequeña a llenar el WiZinc de Madrid…
Totalmente, y además, habernos encontrado la gente maravillosa que hemos conocido, todos esos ídolos en los cuales había establecido una conexión personal que ni en mis sueños hubiese pensado que podría suceder. Es aquella conexión de la que habla el Mago en el libro, tan personal en uno que, a la vez, crea una especie de cono que hace que conecte con tantísima gente. Es algo que no sabes cómo sucede pero que quizás dentro de cien años tiene una explicación científica, o no. Hay un momento que Equilibrista habla con el Mago y le dice: “Sabes que no lo estás diciendo todo”. Sin lugar a dudas, es la persona que reivindico, aunque el Burgués aprieta.

¿Esta personalidad está menos activa en ti ahora mismo?
Sí, por nuestra profesión, que está a las antípodas de un estilo de vida burgués. No es cómodo: trabajamos siempre con el riesgo y viajamos continuamente. Pero sí que a veces pienso que diré basta a esta vida tan anárquica. Lo que he mamado de pequeño es la educación de clase media.

¿Cierras una etapa con “El hambre invisible”? Tu anterior libro, “Canción de Bruma”, parece una escisión de la novela.
Sí. De hecho, el ochenta por ciento de “Canción de Bruma” estaba dentro de este libro, y me di cuenta de que había dos libros. Todo lo que decía en “Canción de Bruma”, que lo escribí en dos meses, eran inserciones poéticas dentro de “El hambre invisible”. Me di cuenta de que el libro iba a ser demasiado extenso, así que hice la prueba de extirpar todas las partes poéticas.

“Hay mucha gente dominada por el rencor y un diógenes psíquico que no saben filtrar. No puedes estar juzgando siempre”.

El personaje del Equilibrista empieza a estudiar psicología, pero lo deja, como hiciste tú. Gracias a ello parece que puedas hacer una novela casi psicológica.
Creo que me he ahorrado muchas sesiones de psicoanálisis. Me fue bien empezar la carrera para empezar a saber por qué he tenido esta insatisfacción continua que se ha reflejado en esta intensidad vital y mental que he tenido siempre. A mí se me juntaron el hambre con las ganas de comer.

¿Cuánto hay de ficción en el personaje del Equilibrista y cuánto ha sucedido de verdad?
El Equilibrista es el ser social que todo el rato está intentando ser aceptado y ponderarlo todo. Creo que tenía una responsabilidad moral de explicar las cosas bajo mi perspectiva. Lo que no puedo hacer es jugar con la ventaja de tener muchos seguidores y poder explicar algo a mi manera y acusar a alguien que luego no podrían defenderse. Esto lo tenía clarísimo: si alguien tenía que salir pillando cacho, este era yo. Al escribirlo, me reconcilié conmigo y con mi pasado, y aprendí a perdonar mucho más.

¿Qué es el hambre invisible?
El hambre invisible es el deseo de desear. Es la reivindicación del deseo como motor vital. La gente está continuamente anhelando salir de la rutina en todas las facetas de la vida. Hay gente que lo tiene más acentuado o no. En el mundo de las parejas, por ejemplo, hay una negación a la rutina brutal. La rutina se identifica directamente con la muerte.

¿Este libro ha sido una manera de apagar fantasmas del pasado?
Sí. Por una parte, los he conocido más. He dado la oportunidad de hacerlos expresarse en su lado más extremo, les he dado unas cuantas páginas a cada uno para que se peleen. Menos al Román Feliz, porque él vive la felicidad.

¿Y qué hay de esa etapa, de los veinte a los treinta, en la que trabajas de todo para mantenerte pero no estás haciendo lo que realmente quieres, como el personaje de tu libro?
Tu interior va por libre completamente. Claro que en esa época había gente que ese trabajo era el objetivo a lograr. Para mí, era un puente, un plan B que me servía para tranquilizar a mí familia mientras yo iba al local hasta las dos de la mañana. Esas épocas en las que duermes una mierda porque estás intentando combinar lo que quieren de ti con lo que tú quieres. Esos años noventa en los que todo el mundo quería ir pagando su hipoteca con su pareja.

En una de las escenas, aparece el personaje del Fiscal de tu mundo interior, que conserva expedientes en montones de bolsas de basura. ¿Qué pasa si nos acaba dominando esta parte del cerebro?
Es muy peligroso. Hay mucha gente dominada por el rencor y un diógenes psíquico que no saben filtrar. No puedes estar juzgando siempre. Hay cosas de nuestro pasado que cuesta de digerir y, en este sentido, la escritura tiene un punto sanador: lo escribes, lo archivas y lo alejas.

¿Quién es Edith?
Edith es la figura femenina. Evidentemente, en un porcentaje muy elevado y por los años que llevo con ella, es mi pareja. Es la búsqueda de la conexión con la feminidad y recortar distancias entre los dos sexos. Edith tiene una parte instrumental también: ha servido de inspiración para canciones o escritos que iban más allá de ella. Como guiño, Edith es como llamaba la madre de Cortázar.

Aunque hay cantidades de referentes musicales, David Bowie es el principal personaje musical en el libro. ¿Qué significa para ti en lo personal y profesional?
Recuerdo que cuando vi el vídeo de “Blue Jean” con doce años me fascinó. Su relación con el mundo de la imagen y su capacidad de mutar son cosas que intento aplicar dentro de mis reducidas posibilidades. Crearse y destruirse continuamente es el sueño húmedo de querer jugar a ser Dios, y él jugó a ello hasta el final. Para mí, es uno de los iconos más indiscutibles de la modernidad. No tenía una sola lectura, todo el rato te volaba la cabeza. Tenía una parte mágica o alienígena.

En “Canción de Bruma” ya incluías trazos políticos en algunos versos, igual que en “El hambre invisible”, en el que mencionas tensiones entre un país más grande y uno más pequeño, pero acabas concluyendo que ningún político acaba de solucionarlas.
El personaje de Bourgeois está muy decepcionado con la política. A mí me gusta la política, pero no los políticos. Sin embargo, hemos entrado en un juego de manipulación en el cual hemos sido expuestos continuamente. También hago una crítica a la izquierda -aunque me considero de izquierdas- porque a veces está demasiado dominada por burgueses que tampoco tienen prisa por cambiar el mundo si no es en unas condiciones muy específicas. Esto me ha hecho decepcionarme de algunos políticos. En cuanto al nacionalismo, es una época de volver a las trincheras porque te sentiste muy atacado, pero en realidad no eres nacionalista ni de un sitio ni de otro, porque era algo que tenías muy superado. Por eso, Bourgeois finalmente se aparta.

En cambio, el Joven Poeta Halley quiere ser artista en todos los campos y al final se agobia.
Es una profesión muy absorbente, así que al final siempre estás pensando en lo que tienes que hacer. La autocrítica, sin embargo, siempre está vigente: no porque las cosas estén yendo bien quiere decir que todo lo que haces mole. Somos los más críticos feroces de las cosas que hacemos. El Joven Halley era un arrogante que pensaba que por escuchar la música que escuchaba se le había contagiado el talento. Realmente, pasa mucho esto de que te preguntas por qué las cosas no están sucediendo, cuando en realidad no has hecho un autoanálisis de ver que todavía no has demostrado nada. A medida que empiezas a tener tu voz propia, tu arrogancia juvenil empieza a bajar porque estás más feliz haciendo lo que haces.

¿Cuál será tu próxima hambre invisible?
La base siempre será la misma, pero el objetivo será diferente. Ahora me apetece más afrontar proyectos más ligeros. Somos pendulares, y ahora mismo tardaré en ponerme en un proyecto como este.