Dice Kortatu en El estado de las cosas que no importa si te recuerdan que estás metido en una causa perdida. A la música, sus circunstancias le hacen ser, además de una disciplina artística, un deporte de riesgo. Precisamente de correr riesgos y de tener el control se habló en la segunda entrega de Mondo Lab, el encuentro entre profesionales auspiciado por MondoSonoro, y que se celebró el pasado jueves 30 de mayo en la sede madrileña de la revista.

El tema de la charla, la autogestión, tuvo como ponentes a la artista Le Parody (portada de nuestro número de mayo, y nombre de guerra de Sole Parody), al cantautor Javier Álvarez y al abogado especializado en propiedad intelectual Julián Galindo, socio del Departamento de Arte de Carrillo Asesores.

Tomando como punto de partida las carreras de los músicos participantes, la conversación arrancó con las impresiones de Le Parody. Con su reciente tercer disco publicado, Porvenir (2019), la artista –que representa la variante más folklórica de la electrónica y la experimentación que tiene lugar en nuestro país– ya se ha erigido toda una experta en autoedición. Su primer LP Cásala (2014) lo publicó por su cuenta y el segundo Hondo (2015) fue una coedición con Warner: una colaboración casi fugaz. Con desparpajo y humildad, la artista reconoció que la aventura multinacional fue el argumento perfecto para darse cuenta de que tenía que volver a su hábitat: el territorio independiente. Y es que, ¿merece realmente la pena trabajar con una multinacional cuyo trabajo principal es colocar discos en estanterías?

Quién habló sobre discos, listas de ventas, independencia y yoísmo fue Javier Álvarez. El cantautor, que saboreó las mieles del éxito durante los noventa consiguiendo 10 números uno en la lista de 40 Principales, habló sobre lo que supuso personal y profesionalmente pasar de una popularidad absoluta a la catarsis personal. Un relato que desarrolló de manera personalísima: no paró de interactuar con el público formado por profesionales de la industria, músicos, integrantes de instituciones culturales y periodistas musicales.

El último ponente en intervenir fue Galindo. Campechano y con la voluntad de desmitificar la imagen del abogado listillo y tiburón, se afanó en aclarar que la autogestión no solo tiene que ver con la edición de un disco mediante una estructura empresarial modesta, sino con el control total de la imagen y el discurso. Consciente de que los textos legales son leoninos y poco accesibles, habló sobre el cambio de acuerdos en los contratos -ya quedaron atrás esos tiempos en los que se firmaba con las disqueras por cinco discos- y de lo fundamental que es leer los contratos con atención y comprender el significado de los derechos y obligaciones recogidos en ellos.

Con la certeza de que el artista debe tener el control total sobre todos los aspectos de su carrera quedó evidenciado que los artistas nacionales en lo que realmente coinciden es en volverse cada vez más conscientes, independientes y autosuficientes. Los músicos ya no solo escriben sus temas, producen sus discos y los editan. Ahora también gestionan sus redes sociales, son sus propios publicistas y, a veces, hasta sus propios directores de arte. Y así, regresando a la idea primigenia de la música –esa en la cual hacer canciones es un fin en sí mismo– la velada terminó con un pequeño concierto de Le Parody para los allí presentes: un puñado de inconscientes entre los que están quienes no se cansan de intentar crear el próximo gran hit y los que desean contarlo de la manera más ingeniosa. Nos va lo que nos va. ¡Qué le vamos a hacer!