El escritor Miqui Otero nos descubre los seis discos de su vida
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El escritor Miqui Otero nos descubre los seis discos de su vida

Redacción — 22-04-2021
Fotógrafo — Archivo

No sabe duda de que el barcelonés Miqui Otero se ha convertido en uno de los grandes nombres de la literatura de nuestro país.

Al éxito de obras anteriores suyas como “Hilo Musical” (10) o “Rayos” (16), se suma el espaldarazo definitivo conseguido por “Simón” (Blackie Books, 20). Y aunque lo normal es que ahora mismo se estén recomendando libros por las fechas, nosotros hemos preferido ir por otro lado. Teniendo en cuenta que fue colaborador de esta casa, sabíamos que le gustaría descubrirnos sus seis discos imprescindibles.

The Nerves – “The Nerves”
(1977)

Este EP es la perfección. Si quiero estornudar y miro al sol, sé que estornudaré. Si necesito encenderme y dispongo de poco tiempo para hacerlo, solo tengo que poner estas canciones y todo cambia de color. Hits pluscuamperfectos de guitarras que resistirían ser tocadas por una mala persona y seguirían siendo infalibles. Cuando hablamos de perfección, se suele mencionar La victoria de Samotracia o los ejercicios de Comanecci. Para mí, la perfección es “When You Find Out” y las otras canciones de esta joya autoafirmativa, espídica y luminosa. Lo que quieres es que las canciones te den la razón y estas te hacen decir sí con la cabeza.

Héctor Lavoe – “La Voz”
(1975)

Un disco que se titula “La Voz” (referido al gafotas con pajarita que aparece en la portada y no a cualquier otro) y que arranca con una canción llamada “El todopoderoso”, es un disco que promete lo que sabe que puede pagar. El debut de Lavoe, El Cantante, del que no sabemos si fuera del escenario ríe o llora, es electricidad, cuero y ritmo hasta esa última versión de “Mi gente”. Y “Emborráchame de amor” es pinchada cada vez que tengo algo de tristeza, algo de vino, algo por celebrar. Llegué a la salsa de la mano de Casavella, y de su hermano Alex, y ahí me he quedado: representa todo lo que me gusta. Siembra, calor, sabor. Échale semilla a la maraca pa que suene y agárrame que voy sin jokey.

Terry Callier – “What Colour Is Love”
(1972)

No sé cuántas veces al mes pienso en la chica de esa portada. Para mí que lleva sentada en ese sofá floreado desde que salió el disco, pensando en sus cosas y con ese piti que no se consume. Cuando pongo este disco siempre es la primera vez, todo queda como suspendido. Callier hizo un disco de folk tremendísimo, luego se abrió a otros sonidos más rítmicos y aquí lo envuelve todo. Tiene lo mejor de cada uno de los géneros que explora: folk, jazz, soul, funk. Empieza susurrando y acaba gritando y no te importa, le sigues. Como cita muchas veces Pau Luque: “primero bonito y luego devastador”. Uno de los discos que más escuché en el primer confinamiento y que más escucho siempre.

Vashti Bunyan – “Just Another Diamond Day”
(1970)

Tengo una cubeta en mi colección de discos que he rotulado, sin rotulador: música para amansar a las fieras. Desde que soy padre (ahora de dos) hace tres años, vuelvo a ella una y otra vez. Ahí están Loudon Wainwright, Janis Ian, Nick Drake, Bert Jansch y muchos otros. Pero el verdaderamente infalible, para los bebés y para mí, que en cierto modo a mis cuarenta recién cumplidos no he dejado de serlo, es este disco en el que Vashti nos mira desde esa casa en el campo por donde asoman caballos como diciendo: hace un buen día, te lo voy a cantar.

Sam Cooke With Bumps Blackwell Orchestra – “Songs By Sam Cooke”
(1958)

Si tuviera que enviar un mensaje a una raza alienígena que estuviera muy lejos en el tiempo y el espacio, le mandaría unas canciones de Sam Cooke. Enviaría “You Send Me”, quizás, o “Tammy”, no sé. Es, de veras, de lo mejor que ha dado este podrido planeta. Si además se arropa con la orquesta de Bumps Blackwell, de donde salieron Ray Charles y Quincy Jones, la que aupó el nuevo idioma adolescente de Little Richard y su “Tutti Frutti” y su awopbobalooba, es directamente irresisitible.

El Niño Gusano – “El escarabajo más grande de Europa”
(1998)

“El escarabajo más grande de Europa” o el disco de aquí más grande de mi adolescencia. Es, también, la razón por la que firmo Miqui. A través de este disco, y de Algora, descubrí estribillos, poemas, más discos, el humor y que hay muchas formas de mirar la realidad. Y que el sol de mi cabeza es de muchos colores. Me parece un grupo verdaderamente prodigioso, raro en el sentido de excepcional, de único en su especie, de insigne en su línea. Lo poníamos sin tregua con un tipo que conocí que se llamaba como yo, y eso que no éramos familia, Miguel Otero: tenía diez años más, quería ser escritor, falleció demasiado pronto (por eso firmo Miqui). Estuve mucho tiempo sin ponerlo, pero ahora es mi mejor manera de recordarlo a él y a esos años. Ninguno de nosotros estamos hechos con frío.

BONUS TRACK:

John Coltrane – “My Favourite Things”
(1961)

Tengo la tradición de poner este cuarto de hora cada domingo. Y cada vez que necesito irme ese rato exacto a otro sitio. Jonn Coltrane tocando “My Favourite Things” es, efectivamente, una de mis cosas favoritas. Lo es junto con el primer sorbo de cerveza, el jamón en sábado y cerrar una novela y querer tomarte, jamón y cerveza, con alguno de sus personajes. Y decirle: oye, tienes quince minutos? Escuchemos esto.

 

 

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