Los discos de mi vida por Mike Bordin (Faith No More)
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Los discos de mi vida por Mike Bordin (Faith No More)

Adriano Mazzeo — 02-10-2021
Fotógrafo — Archivo

Mike Bordin (San Francisco, 1962) se sienta con Mondo Sonoro para hablar de los seis discos que tuvieron más impacto en él, mostrándole el camino para encontrar su personalidad musical.

El prestigioso batería de Faith No More, ex Ozzy Osborne, colaborador de Korn, Primus y Angelo Moore hace un recorrido musical y sentimental por la música de su niñez y adolescencia y revela las coordenadas que lo llevaron a su original sonido y a fundar Faith No More, una de las bandas históricamente más influyentes de la escena alternativa, junto al bajista Billy Gould.

Prokofiev - “Peter & The Wolf” (1936)

Es el primer disco que recuerdo. Todos esos enormes sonidos sinfónicos: golpes y platillos, todo acompañado de un narrador que cuenta la historia. Era un disco de mi padre. Mis padres no tocaban ningún instrumento, pero siempre había música clásica en casa. Íbamos mucho a la ópera, mis padres me vestían de una manera estúpida, no entendía por qué debía vestirme así para ir a escuchar una música tan espectacular. Asistí a conciertos de un tipo que era muy famoso por entonces, Arthur Fiedler And The Boston Pops Orchestra.

¿Qué importancia tenía la música en tu casa cuando eras un niño?
La música era algo omnipresente en nuestra casa, y cuando escuchas tanta, algo te quedará. Con este disco pasó que al ser algo divertido y entretenido, que cuenta una historia, me atrajo. Yo tendría unos cuatro o cinco años.

The Beatles - “Revolver” (1966)

Fue mi primer disco de rock/pop, aunque también era de mi padre. Sonidos psicodélicos junto con el recitado del texto del Libro Tibetano de los Muertos. Muy bestia.

¿Conociste este disco cuando salió o más tarde? Tenías cuatro años en ese momento.
Cuando puse este disco en la lista me sentí un poco estúpido, porque, claro, es un disco muy adulto para la edad que yo tenía en el momento en el que lo escuché por primera vez, pero lo que quise expresar es que el nivel de información cultural que tiene puede influir a cualquiera. Es decir, decodificas lo que puedes, pero el resto se meterá en tu cabeza de cualquier modo. Cuando hablo de música siempre digo lo mismo: cagas lo que comes. Y esta es información de alta calidad que se carga a tu cerebro, la entiendas o no. Especialmente a esa edad. O sea que sí, disfruté de ese disco apenas salió y mi padre lo trajo a casa. “Tomorrow Never Knows” es una de mis favoritas, muy cool, una canción con mucho vuelo.

The Rolling Stones - “Exile On Main St.” (1972)

Uno de los primeros discos que compré con mi propio dinero. Otra vez, material muy bestia para un niño de nueve años. En ese momento ya estaba obsesionado con la cultura rock, estaba muy al día de lo que pasaba y más viviendo en la Bay Area de California, donde había una enorme infraestructura de artistas de rock, radios FM, la productora de Bill Graham, etcétera. Yendo al disco en sí, simplemente es uno de los mejores de la historia.

¿Fue este disco el que te hizo pensar en tocar la batería?
No, eso fue unos años más tarde, en 1975 o 1976. Estábamos sentados en la habitación de un amigo y él me dijo: “quiero probar de tocar el bajo”. Yo respondí que me parecía muy cool, así que yo aprendería a tocar la batería. Ese amigo interesado en el bajo, resulta que era Cliff Burton. Recuerdo perfectamente cuál era el disco que escuchábamos, pero nunca se lo conté ni se lo contaré a nadie.

Black Sabbath - “Sabbath Bloody Sabbath” (1973)

No fue el primer disco de Sabbath que escuché, ese fue “Master Of Reality” y hasta podría pensar que “Sabotage” me gusta más que este, pero “Sabbath Bloody Sabbath” me llevó al lugar al que consecuentemente iría musicalmente. Lo compré en mi temprana adolescencia.

Pregunta simple y compleja: ¿Qué significa Black Sabbath para ti?
¡Oh, Dios! Bueno para empezar, cuando escuchaba música clásica Wagner, Verdi, Puccini, Arthur Fiedler And The Boston Pops Orchestra o música patriótica o incluso The Beatles, hasta cuando fui entrando en los Stones… Bueno, esa era la música de mis padres. Luego cuando Hendrix me llevó a Sabbath todo cambió: esa ya era mi música. Punto. Es tan simple como eso. Ellos me revolucionaron, me redescubrí escuchándolos. El sentimiento, el poder, los bajos, el sonido de Ozzy, todo. Mis padres no estaban listos para escuchar esto, lo cual me puso muy feliz. Esta es música que hablaba por mí.

¿Cómo fue para ti reemplazar a Bill Ward en la batería de Sabbath?
Bueno, no soy el tipo de tío en plan “se me hizo realidad un sueño”. Nunca soñé con ser parte de la banda. O sea, amo a la banda y su música y cuando tuve la oportunidad de participar de la banda de Ozzy –en el tiempo que Faith No More estábamos separados–, lo hice como fan de Sabbath y con toda la gratitud y el respeto del mundo. Pero cuando Ozzy comenzó su carrera solista con Randy Rhoads, yo acababa de ver a Sex Pistols en en Winterland y sabía que Motörhead estaban por ahí dando vueltas. Estaba evolucionando. Mi máximo objetivo al tomar ese trabajo y tocar los temas de Sabbath era respetar al máximo el legado de Bill Ward y su emocional estilo de tocar. Amo a Sabbath. Son mis héroes. Entonces quería tocar los discos tal cual eran. Eso y respetar el feel de las canciones tal cual las tocaba Bill era para mí mucho más importante que decir “hey, mírenme, estoy tocando en Black Sabbath”. Canciones como las de Sabbath tocadas ante tantas generaciones pueden evolucionar, pero yo prefiero intentar mantener sus intenciones en el tiempo. Bill no creció escuchando a Hendrix, él es de una generación anterior, como Bonham, Cozy Powell, Ian Paice, que crecieron escuchando a las grandes bandas de swing. Y eso es, en mi opinión, lo que diferencia a los discos de Sabbath: el swing, no lo heavy, sino el swing.

Sex Pistols - “Never Mind The Bollocks, Here's The Sex Pistols” (1977)

Otra compra de mi adolescencia, en la que estaba listo para lo próximo. Evolución, revolución: cada chaval podía formar su propia banda. Pinchó el globo del sobrecargado y excesivamente solemne rock y metal de la época. También influyó que les fuese a ver al Winterland con mi amigo Cliff Burton ¡Eso me cambió la vida!
Sí, cambió mi vida por completo, no sé, podría agregar “Rocket To Russia” de Ramones o “Funhouse” de The Stooges… Mira, incluso quizá “Funhouse” sea mi disco favorito de punk, pero lo que los Pistols me dieron en ese momento en concreto fue la posibilidad de entender que yo mismo podía hacer música. Podía ver con claridad lo que hacían, algo que no pasaba con Keith Emerson o la Mahavishnu Orchestra. Y yo, obsesionado con “Sabotage” o “Sabbath Bloody Sabbath”, lo que buscaba en ese momento eran extremos musicales y quizá este disco no suene extremo ahora, pero sí lo era en aquel entonces.

¿Cómo lo descubriste?
Es que yo veía venir esta mierda. Por lo menos diez meses antes ya sabía que algo así saldría. En 1976 yo ya era un yonqui de la música, tenía muchos discos, de todo, desde Aerosmith a ZZ Top y todo lo que imagines en el medio. Deep Purple, de todo. Pero todo heavy y progresivo. Ya sabes, cuando eres un tipo sediento de información nunca te conformas con un disco. Tenía una camiseta de Sabbath para cada día de la semana. Estaba al tanto de todo. Leía prensa especializada como Cream o Circus… Rolling Stone me parecía algo de hippies pijos. En las secciones de “lo nuevo” de esas revistas comenzabas a ver a David Johansen tocando con Lou Reed en el Max’s Kansas City de Nueva York. Aparecía Iggy Pop, ya estaban Ramones por ahí y llegaba información de Inglaterra. Se supo de la gira de Ramones por Reino Unido que hizo que el punk explotara allí, así que sabía que algo sucedería, lo veía venir. Luego llegó la explosión de las radios en los institutos, que fueron las que dieron espacio a estos sonidos. Ese fue el momento en el que escuché por primera vez a Sex Pistols, en la radio KUSF. Grababa esos programas en cassette, con bandas como The Damned, The Boys, The Stranglers, Ramones, Devo, Pistols y, por supuesto, el padrino Iggy Pop. Esa gente me cambió la perspectiva. Compartí esa música con Cliff [Burton] y quedó alucinado. Él era un músico completo y le interesaba todo tipo de música. Era conocido por un gran manejo de las escalas, tocaba encima de la música de The Jam, y otros grandes del pre-punk. Resumiendo, que cuando salieron los discos de Ramones y Sex Pistols los compré inmediatamente porque sabía de qué iba aquello.

Y encima les pudiste ver en directo...
¡Claro! Mi hermana nos llevó al Winterland en su Camaro, un coche asociado a música como la de Aerosmith, no con Sex Pistols. Un coche rockero. Éramos dos niños, así que fue increíble ver a Johnny Rotten al frente del escenario con Sid Vicious a un lado y Steve Jones al otro y Paul Cook detrás suyo. Había hippies en el show que pensaban que los Pistols eran una mierda. ¡Joder! ¡Eran jodidamente increíbles! ¡No había nada malo en ellos! Un descomunal show de cinco dólares de entrada. Soy muy afortunado de haber estado allí.

¿Qué tamaño tenía la sala?
Bueno, ya había visto a Ramones y The Jam allí. Íbamos mucho a ver conciertos con Cliff. Diría que entraban unas mil quinientas o dos mil personas. Estaba en un barrio, Western Addition, muy pesado en aquel momento. El último show de esa sala fue de Grateful Dead, quienes tocaron muchísimo allí. Era un barrio peligroso al que nos llevaba el padre de Cliff desde los suburbios en los que vivíamos. Pero la verdad es que nunca nos molestó nadie. También, de tanto ir, conocíamos a algunos de los guardias de seguridad que nos cuidaban. ¡Piensa que teníamos trece o catorce años!

Motörhead - “Ace of Spades” (1980)

Como con Black Sabbath, este no fue mi primer disco de la banda. Me enganché a Motörhead con “Overkill”, pero “Ace Of Spades” es la máxima vanguardia y roza la perfección.

Para las nuevas generaciones es extraño entender este disco como algo de avanzado. ¿Cómo de impactante fue para ti escucharlo en su momento?
Bueno, como te decía, yo ya estaba muy metido en “Overkill”, que salió unos años antes. Por cierto, cuando escuché la canción “Overkill” que abre ese disco, ese acto dinamitó mogollón de la música que había escuchado antes en mi vida y que en ese preciso instante supe que jamás volvería a escuchar. Cambió todo. Motörhead fueron exactamente lo que estaba buscando, del mismo modo que lo fue Sabbath. Era una música desnuda, que prescindía de todo lo que no necesitaba. Música agresiva que te rompía los altavoces. Los tempos eran rapidísimos y, tras ese enorme impacto, ¡hicieron “Ace Of Spades”!
Para mí, Led Zeppelin, Black Sabbath y Motörhead tienen una saga de tres discos intocables, perfectos. Los de Sabbath son “Volume 4”, “Sabbath Bloody Sabbath” y “Sabotage”. De Zeppelin, “IV”, “Houses Of The Holy” y “Physical Graffiti” y, por último, los de Motörhead son “Overkill”, “Bomber” y “Ace Of Spades”. Fueron la intersección entre el metal y el punk. Para mí es algo de un valor increíble. Yo vengo del metal y Billy [Gould, bajista de Faith No More] viene del punk, así que es muy importante porque eso nos llevó al lugar al que queríamos ir musicalmente.

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