El amor de nunca acabar
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El amor de nunca acabar

Aritz Galarraga — 26-06-2018
Fotógrafo — Galder Izagirre

1993, cuatro chavales de Hondarribia y uno de Irun se juntan para hacer música. Este año se cumplen 25 de la creación de Dut, una de las bandas post-hardcore más interesantes que ha dado el País Vasco. Partiendo de una fotografía hecha en París junto a los miembros de Negu Gorriak, y de los recuerdos que de ella emanan, este texto recorre el trayecto a través de los cuatro discos -tres en solitario, uno con Fermin Muguruza- que la banda del Bajo Bidasoa publicó en sus quince años de vida.

La imagen me impactó desde el primer momento en que la vi. Una estación de metro de Paris -de cuyo nombre no he conseguido a día de hoy enterarme-, en ella aparecen algunos de los componentes de Negu Gorriak: Iñigo Muguruza, Kaki Arkarazo, Angel Katarain -técnico de sonido y, casualidades de la vida, hermano de Yoyes-. La foto (ver en la parte inferior), de Gari Garaialde, está fechada el 20 de octubre de 1995, y se publicó ese mismo año en el libro “Ideia Zabaldu Tour” de Garbiñe Ubeda, crónica de la gira que la banda liderada por Fermin Muguruza hizo por Europa -Francia, Italia, Suiza, Alemania, Catalunya, España-. Negu Gorriak, año 1995, imaginaos, estamos hablando del SUPERGRUPO, era la banda-de-referencia-que-todo-joven-vasco-de-bien-debe-adorar. Lo explican mejor que yo Roberto Herreros e Isidro Lopez, en su libro El estado de las cosas: “Negu se convirtieron en algo así como la banda sonora abertzale de los noventa”.

Pero, de la imagen que estamos comentando, no eran los componentes de Negu Gorriak, sino unos jovencitos, con gesto todavía entre tímido y asustado, los que me llamaban poderosamente la atención; jovencitos que eran de mi pueblo -o yo del suyo, si respetamos la cronología-, y que ya formaban una de las bandas destacadas del panorama vasco y, sobre todo, habían conquistado mi universo musical. En la foto aparece la banda al completo, el quinteto titular, con Galder mirando al convoy de metro que recién entraba, Manex absorto en el interior de uno de los vagones, Xabi de cuclillas soportando como buenamente podía su dolor de espalda, Eneko detrás de todos, casi en la lejanía, como quien controla un rebaño, y Joseba, al que apenas se le intuye el inicio de una media sonrisa. Los cinco formaban por aquel entonces el grupo de música Dut.

Negu Gorriak y DUT por Gari Garaialde-Bostok Photo (Paris, 20/10/1995)

Vayamos al inicio de esta bonita historia -no sé si de amor, ya veremos-. Es una anécdota que siempre explico -pero como aquí no me conoce nadie, la voy a soltar con vuestro permiso-: seguimos en 1995 -unos pocos meses antes de la imagen comentada, eso sí-, tres colegas recién iniciados en la adolescencia, matan el tiempo en el caserío de uno de ellos -un caserío sin huerta, sin animales, sin campesinos, y, sobre todo, sin olor a caserío; un caserío-chalet de los de toda la vida, vaya-. Ingieren botellas de sidra, fuman alguna substancia psicotrópica de muy dudosa calidad, y escuchan un disco, recién desplastificado, que da vueltas en el aparato musical. Pensad ahora, entre la ingesta excesiva de zumo de manzana fermentado y el pésimo costo, cómo fue aquel viaje iniciático a través de “Itxura faltsuak”, “Hitz hutsak” o “Legea hil”, y que culminó en una canción ya de por sí bastante psicodélica, “Urtsua uda”. Bueno, pues es así como escuché por primera vez a Dut. Es como aquello tan yankee de, ¿dónde estabas cuando volaron las torres gemelas? (por cierto, esta también la explico siempre: en el sofá de casa de mis padres, medio sobado, y en gayumbos; siempre me ha parecido una manera acertada de hacer frente al fin del mundo). ¿Dónde estabas tú la primera vez que escuchaste a Dut?

Esa anécdota -la del caserío, digo- la expliqué en un libro colectivo que publicó la maravillosa gente de Kafea eta Galletak, Granos de café (la anécdota de los gayumbos la expliqué en el único diario en lengua vasca, Berria, sin que me despidieran por ello). Se trataba de elegir un disco, cualquiera, y explicar en un texto la elección -a ser posible con un poco de gracia-. En aquella ocasión escribí unas líneas sobre “Batzen”, el recopilatorio de 1998 que reúne todas las canciones de Beti Mugan, otro grupo mítico de Hondarribia. Pero, en un pasaje secundario, ya dejaba entrever lo que supuso Dut para mí: “ha sido una experiencia más vasta, ha abastado más de una época” -juro que en la versión original en euskera el texto tenía más gracia-. Y es que es así. Dut es un grupo importantísimo en mi educación sentimental, y estoy convencido de que en la de muchos otros jóvenes que como yo rondaban los 15 años por aquel entonces. Yo de música no entiendo ni papa (bien os podría haber hecho esta confesión al inicio de este texto, y así ahorraros su lectura). Mis conocimientos musicales se ciñen a un curso de guitarra, demasiado cerca de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano, y a la escucha constante de canción eusquérica de corte reivindicativo, mamada en casa desde pequeño -con especial énfasis en Oskorri-. Pero al escribir estas líneas me doy cuenta de que hubo una época, precisamente la que abarca este texto, en la que escuchaba bastante música, y de la buena.

Creo firmemente que haber pasado aquellos años de adolescencia escuchando a Dut me ha hecho no ser tan gilipollas en el aspecto musical -y ahora que lo pienso, también en un aspecto más general-. Fueron en mi caso los primeros de una línea musical, de un modo de hacer, de una manera de estar también; una bendición para mí, en definitiva, que me salvó de escuchar cosas mucho peores, del estilo de -ahora que no nos oye nadie- Su ta Gar, Etsaiak, etc. No solo Dut, claro, en aquella época Hondarribia era una olla de grillos, estaba infestada de bandas musicales. Prueba de ello es “Underribi”, disco colectivo que agrupó canciones de los ya citados Beti Mugan, de Illusions, de Orgasmic Toothpicks, y de nuestros Dut. Psilocybe, la asociación de músicos, es también de aquella época, se formó en 1993, señal de que había una necesidad también para la auto-organización. Y el movimiento general que se formó alrededor de la música en el gaztetxe. Recuerdo perfectamente un concierto de Deabruak Teilatuetan, las vueltas que le dimos comentándolo. O las veladas en casas de colegas que tenían hermanos mayores, qué gran escuela: Helmet, Soundgarden, Alice In Chains, Smashing Pumpkins, Tool, Fugazi.

La perfección de una idea

La historia oficial de Dut es por todos conocida. Este año se cumplen 25 de su creación: 1993, cuatro chavales de Hondarribia (Manex Martinez -voz y scratches-, Eneko Garaialde -guitarra-, Xabi Strubell -guitarra-, Joseba Ponce -bajo-) y uno de Irun (Galder Izagirre -batería-) se juntan para hacer música. Graban una maqueta y nunca la publican, pero recuperan cuatro canciones en el disco ya comentado, Underribi. 1994, el debut-consagración, con el disco homónimo -el de la sidra y los porros-. Inmediatamente después, la crisis, Manex y Eneko deciden abandonar la banda, y se instala entre la gente una gran duda: ¿lo dejarán, seguirán adelante, cómo seguirán? Nos calmamos un poco cuando se conoce que la cosa continúa, pasan de ser quinteto, a trío. Pero surgen más preguntas, cómo cambiará la cosa, quién cantará. Preguntas que se despejan bastante rápido, y de qué manera: 1996, publican “At”, un discazo, que supera de largo al primero. Impresionante el cambio, temas más densos, más pesados, más oscuros, como “Sokaren itzala” y “Fumut”, desgarradores al estilo de “Bidaia”, o ultra-acelerados y pioneros de otras bandas que vendrían después -tipo Kuraia o Dead Jauregi’s-, como es el caso de “Hondarribi Hills”. Sin olvidarnos del himno que nos acompañará toda la vida, hasta que nos convirtamos en polvo: “Haize eza”. 1997, sorpresa, sacan disco con Fermin Muguruza -que acaba de dar carpetazo a Negu Gorriak-, “Ireki ateak”. Y hacen una gira impresionante, con gente del grupo de teatro Gaitzerdi subiendo y bajando andamios colocados para la ocasión; recuerdo un concierto en un bar de Irun: caían constantemente gotas de sudor del techo, parecía aquello un país tropical. Consagración yo creo que ya definitiva, y de cara a un público más amplio. Alguno puede pensar que les vino bien que Muguruza los apadrinará. Personalmente me parece que no le fue mal al propio ex-Kortatu, rejuvenecido a partir de entonces.


2000, tarda un poquito más en llegar el que, a la postre, será el último disco, “Askatu korapiloa”. La culminación de una trayectoria. La cima de un sonido. La reostia. Si decíamos que las canciones de “At” eran más densas, pesadas y oscuras en relación a las del primer disco, las de éste son ya la perfección de una idea, un concepto, que diría aquel. A “Askatu korapiloa” no le gana nadie en su terreno. Para mí no le sobra nada, ni una canción, ni un segundo de ninguna canción, es para escucharlo de inicio a fin, sin interrupciones. Temazos todos, desde “Inkisidoreen dantza iluna” hasta “Hotzikara”, pasando por “Unean uneko”, “Gure ke beltzak” u “Hor nonbait”; con especial hincapié en la dos colaboraciones, masterclass en ambos casos: una de Fernando Sapo, en “Eromena abian” -germen sin duda de lo que en breve sería Kuraia-, y la otra de Carlos Desastre, “Petrolioa ere”, de una actualidad que da miedo. Sin tapujos, uno de los mejores discos, sino el mejor, que se ha hecho nunca por estos lares. Hoy, 18 años después, su escucha resulta tan impactante como la del primer día. Y, luego, el silencio. Una breve aparición en un festival aniversario de Psilocybe, el 2003 (video inferior) , una canción inédita en un disco colectivo, el 2004, y poca cosa más. Hasta el 2008 en que aparece una especie de comunicado que pone el punto y final a unos de los buques insignia de la música vasca contemporánea. A muchos, aun sabiendo que el grupo no estaba ya por entonces activo, algo se nos rompió en el corazón, a lo Atxaga, kra.

Una historia de amor

En esta época de revivals, seguro que en la mente de más de uno habita el sueño húmedo de que Dut vuelva a juntarse. El quinteto titular quizás no, pero el trío sigue activo: Galder, después de Kuraia, forma parte de Berri Txarrak; Joseba, ideólogo de Kuraia junto con Fernando Sapo, es miembro de Lisabö, además de firmar en solitario como JP Lohian; y Xabi, tras colaborar con Anari, mantiene en activo el grupo Zura. De todas manera, es Joseba quien pone las palabras a un sentimiento que, creo, es más generalizado: “Para mi Dut tuvo sentido en su época. Aquel era el momento en el que mejor nos entendíamos, mejor congeniábamos y expresábamos. Cuando me preguntan que por qué no volvemos suelo responder si volverías tú con tu ex. Para mi Dut fue una historia de amor y ese amor se acabó”. La única posibilidad, entonces, es que Hondarribia vuelva a darnos otro grupo similar a Dut. Pero hoy en día Dut no sería Dut, no podría serlo, como mucho sería algo llamado Det, la variante del verbo “tener” en dialecto central, es decir, guipuzcoano. La forma utilizada por los más jóvenes. En aquel entonces, las relaciones eran sobre todo con el Bajo Bidasoa, con Irun, claro –Lisabö nace en 1998-, con Bera –Borrokan son de 1996-, aún la capital provinciana no era foco de atracción, la movida donostiarra no ejerció en nosotros su efecto seductor. Vivíamos en la Republica del Bidasoa de Pio Baroja (en este caso con alguna mosca, no pocos frailes, y, sin duda, demasiados carabineros). Y en una época que, mucho me temo, ya no volverá.

Como ya no volverá aquel joven que todavía no tenía 15 años y se iniciaba en la vida adulta. Aquel joven se quedó en aquel caserío, en aquel gaztetxe, en aquel bar de Irun. En aquella imagen de una estación de metro de Paris -de cuyo nombre espero algún día enterarme-. 23 años más tarde, tengo la foto delante. Según me contó el autor, iban todos hacia el barrio de Pigalle, Xabi con la intención de comprarse una guitarra. En una tiendecita cerca del Moulin Rouge, encontraron una Guild de segunda mano y Kaki le dijo: “esto es lo que necesitas, Xabi”. Durante mucho tiempo fantaseé con que yo también aparecía en aquella foto, con que era el personaje en movimiento, casi una sombra, que aparece justo detrás de Eneko -el cual, por cierto, al tiempo, se convirtió en íntimo amigo; íntimo, entiéndase, todo lo que dos vascos puedan llegar a intimar-. Fantaseé con que yo era el sexto integrante, no ya de una banda legendaria como Negu Gorriak, sino de Dut, yo que sé, una tercera guitarra, un segundo frontman -una segunda batería no, que todavía Lisabö no existía-. Ni que fuera el chico de los recados. Yo quería haber estado en esa estación de metro un 20 de octubre de 1995. Yo quería haber sido parte de una banda ya inolvidable, que permanecerá grabada para siempre en mi aparato auditivo. Suerte que la historia de amor entre Dut y un servidor, es de las que nunca acaban.

Un comentario
  1. Aritz, ba metro geltokiana argazkian ikusten da! Havre-Caumartin da

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