Eric Fuentes, también conocido como el carismático líder de The Unfinished Sympathy, se ha ganado a pulso el apodo de hitmaker. Este gran hacedor de canciones redondas, con esas melodías vocales tan suyas, decidió dedicarse a la producción en cuerpo y alma a finales del 2016. Toda una carrera musical, toda su creatividad, al servicio de otras bandas y artistas. Charlamos con el también frontman de los recuperados Mad Squad sobre esta nueva etapa, su nuevo rol y los discos en los que ha trabajado últimamente.

¿Qué es para Eric Fuentes un productor musical?
Un productor es la persona que dirige el proceso de creación de una canción o un conjunto de canciones en forma, por ejemplo, de elepé, para su grabación y publicación. Para eso debe tener ideas creativas, un gusto similar al grupo con el que trabaja para entenderse y debería ser capaz de ayudarles a construir un mensaje inteligible para el oyente, ayudarlo a situarse en el algún tipo de contexto estético.

¿Eres de meter mucho la mano en los temas?
Depende. Comienzo a trabajar con un grupo en el local de ensayo y en todos los casos, tengan el repertorio más o menos cerrado, busco mi papel. Hay grupos que vienen con ideas más verdes y me encanta porque mi perfil es creativo y disfruto creando canciones. Si tienen los temas más cerrados, trato de pulir detalles e incluso les puedo hacer salir de su zona de confort para ver cómo reaccionan y ver qué sale. En general, en el local, trabajamos cuestiones de tono, tempo, estructura y sonoridad.

Ya en el estudio de grabación, has trabajado con diferentes técnicos de sonido.
Idealmente trabajo siempre con un técnico de sonido de confianza que me libera del trabajo de la optimización técnica. Él está controlando la buena colocación de los micros, el funcionamiento de previos y compresores y, con las manos encima del teclado, editando ondas y ajustando plug-ins, ayudándome a encontrar los sonidos que nos interesan al grupo y a mi… En general, la banda y yo decimos cómo queremos sonar y el técnico nos ayuda gracias a sus conocimientos y habilidades a encontrar y utilizar las herramientas adecuadas. Mientras yo estoy pendiente de los músicos para que lo hagan lo mejor posible.

¿Con quién estás trabajando?
Con Iban Rodríguez (músico en Rosa Luxemburg, Eric Fuentes y El Mal), que tiene un perfil muy técnico, ideal como complemento, y con Bernie Sánchez (Mine!, Joana Serrat), aunque tiene un perfil más de arreglista y orquestador.

El tercer elemento es el estudio.
Sí, forman una Santísima Trinidad. Y me gusta poder combinar los diferentes elementos. Un técnico puede ir a un estudio u otro en función de las necesidades de cada banda o grabación. Mi modelo de trabajo difiere un poco del habitual en la escena pop-rock estatal. Es más habitual en mi entorno el perfil encarnado por Santi García, maestro absoluto para mi y a quién le debo gran parte de lo que he aprendido durante años. Él es ingeniero de sonido, es un enorme arreglista y un excepcional psicólogo y tiene un estudio propio que me encanta. Yo, en cambio, separo los tres elementos porque no tengo estudio propio y voy cambiando según las necesidades y, almenos de momento, no tengo suficientes conocimientos técnicos para ejercer de ingeniero de manera competente.

¿Y si la banda ya tiene pensado un estudio o un ingeniero de sonido?
Sin problema, me amoldo. Lo que tengo claro es que lo menos importante es el estudio. Me explico. Vivimos en mundo capitalista y consumista en el que las marcas de instrumentos tienen un extraordinario poder para hacernos creer a los músicos que necesitamos sus equipos caros para hacer buena música. Yo, particularmente, los dos discos que he hecho como artista y que más importantes han sido para mí y para mucha gente han sido “Investment In Logistics” (B-Core, 03) y “Rock For Food” (B-Core, 06) de The Unfinished Sympathy. Los dos fueron grabados con una herramientas prácticamente precarias.

Supongo que el estudio suma, pero no es determinante.
Eso es. El éxito de la canción no dependerá tanto de la tecnología empleada como de la expresión artística. Mi función como productor es que la comunicación entre el emisor y el receptor sea lo más óptima posible. Y eso no depende solamente del software o el hardware. Lo más importantes son las orejas.

¿Y qué tipo de productor te gusta?
Digamos que existen tres grandes perfiles. Existe un perfil de productor como el de Nile Rodgers, por ejemplo, un tipo que es extremadamente creativo, un gran arreglista. Otro perfil sería el encarnado por Rick Rubin, un productor-gurú, una especie de guía espiritual que no se mete tanto en la composición como en la conexión entre los músicos y sus canciones. Luego encontraríamos al antiproductor, cuyo productor por excelencia es Steve Albini, que considera que cuanto menos modifique aquello que siente en una primera instancia del grupo mejor está haciendo su trabajo.

¿Y tú? ¿Qué tipo de perfil crees que eres?
A mí me gustaría llegar a ser una mezcla entre el primero, por mi perfil creativo, y el segundo por su dimensión filosófica (ndr: Fuentes es licenciado en filosofía)

¿Algún otro referente?
Mark Trombino, Lou Giordano y Matt Wallace en cuanto a rock de guitarras me encantan; y en materia pop y electrónica me decantaría por Thomas Dolby, Stephen Street y Rustie, que es una mezcla de artista y productor.

¿Disfrutas tanto siendo músico como productor?
Ahora mismo sí. El trabajo de músico es algo más festivo mientras el trabajo del productor es más intelectual. Los dos aspectos me gustan.

A finales del 2016 decidiste centrarte en la producción, si bien también has reactivado The Unfinished Sympathy y Mad Squad.
Estaba en una situación de equilibrio inestable donde el frente creativo estaba un poco apartado de mi vida. Decidí que debía dedicarme en cuerpo y alma a aquello que más me gusta gusta y que creo que puedo hacer bien.

¿Recuerdas cómo fue tu primera producción?
Sí, y creo que merece la pena recordar el contexto. A principios de los noventa había estudios de grabación profesionales y aparatos analógicos, cuatro y ocho pistas de casete, de uso doméstico. A finales de los noventa, entre el 1996 y 1997, aparecieron los multipistas digitales domésticos y apareció el llamado home studio. Fue entonces cuando me dejé todos mis ahorros para pillarme un multipistas Fostex digital y comencé a grabar maquetas. Lo primero que grabé fue “Descarrilant”.

¡Tu primer trabajo en solitario!
Sí, y creo que debe ser uno de los primeros discos publicados en el Estado grabado íntegramente en un home studio.

Aquí empezaste tus pinitos como productor…
Bueno, iba con este aparato a los locales de ensayo y produje algunas maquetas. Como la demo de Colombo, el grupo en el que tocaba Oriol (Casanovas), futuro guitarra de The Unfinished Sympathy. Luego vendrían las demos de Unfinished, el disco de la antigua banda de mi hermano… Mi primera experiencia productor en un estudio de verdad sería con The Moon Men, en el 2004. En esta banda tocaba Albert Guàrdia, batería de Nueva Vulcano. Lo grabamos en los estudios Cydonia de Ramón Rodríguez (The New Raemon).

¿Entonces ya tenías claro que te acabarías dedicando a la producción cuando te cansaras de girar y girar?
No, es una cosa que siempre he ido haciendo pero me daba mucho respeto, hay excelentes profesionales a mi alrededor, aunque la mayoría tienen el perfil de productor/ingeniero y estudio propio. El perfil más abundante en la escena por la que me muevo es el de Santi García, Txosse Ruiz, Cristian Pallejà, Milo Gomberoff… Pero creo que he encontrado mi espacio porque yo ejerzo puramente de productor artístico.

En el último año has trabajado con bandas muy diferentes. ¿Qué crees que buscan en Eric Fuentes?
Buscan una concreción en las melodías, en la canción, en los arreglos. La mayoría de los grupos son conscientes de que controlan una parte de su discurso, pero que hay una parte en la que son dispersos.

¿En qué sentido?
Por ejemplo, meto mano si veo que la voz no destaca y se pierde el hilo, si la canción tiene una introducción demasiado larga y especulativa, si la canción tiene un tempo demasiado aburrido… Mi función es contribuir para que todos los elementos confluyan en una canción clara, diáfana e inteligible; que todos los elementos salgan a relucir de la manera posible.

¿Aceptas cualquier tipo de trabajo?
La mitad de las bandas con las que he trabajado ha sido porque les he contactado yo activamente. Un ejemplo claro es Cala Vento. En ese momento ellos no sabían qué hacer con el grupo y les propuse hacer un disco cojonudo aprovechando todo su talento. A los Coherence también me propuse yo mismo porque tenían un discurso que me resultaba muy familiar y en catalán. También a Trinitat Nova, por su magia.

Eres prácticamente el tercer Cala Vento. ¿Cómo empezó vuestra relación?
Nos conocimos con el concurso Make Noise. El premio para los cinco ganadores era trabajar a fondo su música durante una semana en un espacio, con un equipo y un productor que ejercía más bien de tutor, porque en realidad el objetivo no era grabar nada. Cala Vento era una de los cinco proyectos ganadores y lo que más me gustaba de ellos era la pasión y la intensidad con la que tocaban; también la candidez e inocencia de su discurso.

¿Qué aspectos trabajaste con ellos?
Pues tenían ideas brillantes, pero lo que no me gustaba de ellos era que las líneas vocales me recordaban demasiado a Nueva Vulcano y The New Raemon, aunque son dos de mis artistas favoritos y amigos míos. Se trataba de encontrarles unos matices melódicos más personales y menos miméticos para evitarles comparaciones recurrentes. Eso sí, descubrí que no eran fans de ninguno de los dos. Lo que pasaba es que tenían los mismos referentes: Los Planetas.

Parece evidente que Cala Vento suponen un antes y un después en tu carrera como productor.
Totalmente. Antes había hecho cinco o seis producciones, con bandas como The Moon Men, Rosa Luxemburg, 121db, Mai Mai, Icebend… Esos trabajos no destacaron tanto como el disco de Cala Vento y supongo que los buenos resultados obtenidos con Aleix y Joan me dieron la confianza necesaria para lanzarme a por todas con la producción.

Ellos eran fan tuyos, si mal no recuerdo
Sí, un poco. Joan, por ejemplo, siempre dice que de jovencito escuchaba Red Hot Chili Peppers y The Unfinished Sympathy (risas).

Con tu participación en la carrera de Cala Vento muchos descubrimos al Eric Fuentes productor.
Sí, mi trabajo con Cala Vento me sirvió claramente para que una banda como Runa, por ejemplo, se interesase por mi trabajo. Les encantó mi trabajo con ellos y querían mi parte de culpa en ese disco para el suyo.

¿Qué nos puedes contar de Runa, el último fichaje de B-Core?
En esta banda están Carlo y Kike de Los Tiki Phantoms y Llobet de Böira y Moksha. Hacen un post-punk oscuro, muy interesante y misterioso. Posiblemente es el caso más bestia en cuanto a la mejora que puede pegar una banda. Carlo es un bajista atronador y crea muy buenas melodías pero borrosas en el local. Kike se adaptaba como podía a las líneas de Carlo y Llobet necesitaba referentes. Les dije que no entendía nada cuando entré en el local, porque aquello era una maraña. Ahora escuchas el disco, después de mucho trabajo, y el resultado es espectacular.

Pasemos a Panellet…
Buscaban un productor, les hablaron de mí y nos entendimos muy bien. Su virtud principal es que hacen unas canciones de punk rock buenísimas. De primeras me chocaba su estética, una mezcla de ruralismo catalán y cultura pop mainstream, cosas que les fascinan. Saben ver el lado empalagoso de todo esto y lo ponen de manifiesto porque creen que si en el 77 ser punk era llevar un imperdible, sacar la lengua y tener actitud provocadora; en 2018 puede ser punk tener letras dulces, monas, cucas… En definitiva, hablar de cosas que pueden resultar repelentes para el estándar punk. Es su manera de ir a contracorriente y en cuanto lo entendí me enamoré de ellos. A partir de entonces me volqué al máximo.

A los Victòria los definiste en redes sociales como una mezcla de Touché Amoré y Biffy Clyro. ¿De dónde han salido?
Victòria venían de otro grupo de rock combativo y politizado, y querían hacer una transición hacia algo menos agresivo y más poético, más evocadora y melancólica. Querían que les llevara a mi terreno y fue bastante fácil y fluido.

Con Coherence fue algo parecido.
Me llamaron la atención porque me recordaban a Texas Is The Reason y The Promise Ring, pero en una onda más actual como Sport y Title Fight; con unas atmósferas muy chulas y en catalán. Con ellos el principal trabajo fue cambiar algunas tesituras vocales y reestructurar algunas canciones.

Ahora pasemos a Trinitat Nova…
Lo primero que me llamó la atención fue su nombre, y al escucharlos descubrí que Pau tiene un don especial. A veces me recuerdan a Violent Femmes; otras veces a Els Surfing Sirles. Incluso, de manera muy puntual, puede asomar el folk catalán de Pau Riba. Les puse deberes porque entonces estaban en un punto que prácticamente no sabían qué hacer con el grupo, solo habían hecho un par de bolos… Cada mes tenían que sacar tres temas nuevos.

Por cierto, ¿te has negado a producir a algún grupo? ¿Rechazaste alguna oferta?
Por ahora, no. El único motivo por el que rechazaría una oferta sería si pensase que no puedo aportar nada. En otras palabras, si creo que no soy la persona adecuada.

Acabamos con otra banda muy joven, Wood, que me consta que te tienen fascinado.
Esta banda está liderada por Marc, un chaval que es un personaje como persona y como músico. Toca la guitarra como no he visto nunca y compone con una gran resolución. Si la música fuera una imagen y hablásemos de pixels, su manera de tocar sería Ultra HD. Con otros cuatro amigos, muy buenos músicos, hacen una mezcla de jazz, emo, rock, post-rock y math brutal, como Chon y Faraquet.

¿Y cuál fue tu papel aquí?
Hacer inteligible su discurso para el oyente, con una letras y una actitud concreta. Estaban muy centrados en la composición intrínseca, con un resultado muy complejo.

¿Qué grupo te haría ilusión producir?
Me ofrecí a Accidente, pero ellos son muy DIY para todo. Para ellos no es tan importante evolucionar como mantenerse fieles a ellos mismos. Y me parece muy bien.

¿Y alguna banda o artista realmente grande, que haya ocupado la portada de la Mondo Sonoro?
Pues no sé, pero me encantaría participar en algún disco de La Plata porque me atrae mucho su música, no porque crea que tienen que mejorar nada. Y también con Mourn, que son como de la familia. No cambiaría nada, porque mis amigos Lluís Cots y Ramón Rodríguez han hecho un trabajo exquisito con ellos, pero tengo curiosidad por escuchar qué pasaría, la magia que pudiera salir de esa colaboración.