“Sabrina” (Salamandra Graphic, 19) es una de esas novelas gráficas que, al mismo tiempo que se disfrutan, le dejan a uno mal cuerpo. Además de eso, también es uno de los títulos imprescindibles de la temporada. Por ello, entrevistamos a su autor, Nick Drnaso, quien ya nos había sorprendido con el no menos recomendable “Beverly” (Fulgencio Pimentel, 16).

Nominada al Premio Man Booker de Literatura, “Sabrina” parte de la desaparición de una chica para, a partir de ahí, lanzarnos a una espiral de teorías conspirativas, paranoia y pesimismo capaces de hundirle a uno el día, e incluso la semana. Un cómic incómodo que plantea temas diversos sobre los que pensar. Al loro, que estamos peor de lo que pensamos.

En otras entrevistas has dicho que el punto de partida de “Sabrina” fueron algunas pesadillas que tuviste y que te provocaron ansiedad e incluso cierta paranoia. Hablabas de abducción y cosas así. ¿Recuerdas cómo empezó todo y cómo reaccionaste a esas pesadillas?
A veces puede ser un sueño, pero la mayor parte de las ocasiones se trata de escenarios imaginarios que aparecen en mi mente durante el día hasta el punto de que me sumerjo en ellos de forma obsesiva, tanto es así que incluso afecta mi capacidad de irme de casa y hacer ciertas cosas”

Es obvio que, una vez leído el resultado, se vislumbra que fue un momento emocional complejo, pero la sorpresa es que no tiene relación con extraterrestres o terrores parecidos. “Sabrina” describe una pesadilla muy terrenal. Diría que tu ficción no suele trabajar con herramientas “fantásticas”…
En el caso concreto de este libro, tienes razón. Está muy anclado a la realidad, excepto en el caso de los personajes que inventan escenarios fantásticos a lo largo de la historia, como las teorías de la conspiración que aparecen en el libro.

¿”Sabrina” ha funcionado como un exorcismo para ti? Es decir, ¿has conseguido expulsar la paranoia de tu interior? ¿Escribir una novela gráfica así te ha hecho aceptar mejor la realidad que te rodea o todavía estás en una etapa pesimista?
Vivo en una especie de lucha constante contra el pesimismo. Quizás me revolqué demasiado en ese sentimiento cuando era más joven, pero ahora estoy buscando razones para no ser cínico, incluso teniendo en cuenta que hay muchas cosas que me hacen sentir así. Pero no, este libro no puede considerarse algo catártico, de verdad. No me sentí como si estuviera creciendo con ello o ganando perspectiva conforme iba trabajando en sus páginas. Luché con todo ello antes, durante y especialmente después de haber acabado “Sabrina”.

Al acabar “Sabrina” pensé que era una obra dirigida a un público adulto de mediana edad, gente lo bastante mayor para preocuparse mucho por el ahora y al mismo tiempo lo bastante joven todavía para preocuparse por el futuro. La presión social, la violencia, la rabia en las redes sociales…
No tenía un tipo de lector concreto en la cabeza mientras estaba trabajando, por lo menos no de forma consciente. Incluso te diría que el hecho de que algunos de los temas del libro se hayan alineado con gran cantidad de los actuales enigmas sociales y políticos actuales no fue intencionado en absoluto.

Algunos intelectuales dicen que las teorías de la conspiración son una enfermedad que afecta sobre todo al primer mundo, que se trata de algo deja de preocuparte cuando vives en países que tienen problemas mucho más tangibles y crudos. En cierta manera, creo que “Sabrina” es un ejemplo de ello: respiramos paranoia, mientras que lo cierto es que no podemos enfrentarnos a los hechos hasta que son algo real…
Puede haber algo de eso, aunque creo que todas las personas, sean sus orígenes los que sean, tienen sus rumores, sus paranoias y sus sospechas. Puede ser que una persona que, por lo general, tenga seguridad y esté ocupada, tenga un hogar, un trabajo, recursos, comida, mire por la ventana y empiece a ver cosas que no están allí.

Siguiendo con eso, diría que Teddy es el personaje con motivos reales para sentirse deprimido, pero los restantes parecen más bien pesimistas…
Bueno, yo creo que todos los personajes principales tienen motivos para sentirse deprimidos y, desde mi experiencia, la depresión no tiene por qué estar ligada o surgir como resultado de factores externos. De nuevo te diré que tampoco era consciente de la forma en la que estaba escribiendo sobre esos personajes. Únicamente echando la vista atrás puedo ver que quizás eran un reflejo de mi punto de vista sobre el mundo en esos momentos.

No me gustaría sonar maleducado o irrespetuoso, pero diría que solamente un artista norteamericano podía hacer una obra como “Sabrina”. Quiero decir que la violencia y el peso de las teorías conspirativas en vuestra sociedad parece mayor que en Europa. Aunque también puede que me equivoque…
Es interesante escuchar lo que me estás diciendo, y no, no me lo tomo mal. La verdad es que he pensado en cómo se percibiría este libro en otros países y si los temas se perciben allí de forma parecida o de un modo distinto. Muchos estadounidenses probablemente rechazarían mi perspectiva como demasiado negativa, y probablemente tengan razón.

¿Y sobre Chicago? Vives en una ciudad en la que seiscientas cincuenta personas murieron asesinadas el año pasado. Esa cifra es aproximadamente el doble de las que murieron en todo mi país durante el mismo período de tiempo. ¿Cómo te afecta eso primero como persona y luego como artista, si es que ambas cosas se pueden separar?
Es patético, pero estoy muy alejado geográficamente de la violencia, aunque sea solamente por unas pocas millas. No forma parte de mi vida, excepto cuando leo sobre ello en los periódicos. Chicago es todavía una ciudad altamente segregada por la raza y por la clase social. Más allá de eso, no estoy muy cualificado para hablar sobre ello. Creo que ese es uno de los fallos de “Sabrina”, que no abordé el hecho de la abrumadora atención de los medios al asesinato de una mujer blanca comparado con los de los centenares de personas asesinadas cada año. Es una historia de ficción, por supuesto, pero refleja la vida real de algún modo.

Sabrina Interior

He disfrutado muchísimo (pasando un mal rato leyéndolo) con “Sabrina”. Al margen del argumento y tu forma de escribirlo y dibujarlo, debo decirte que me ha parecido increíble el manejo que haces del ritmo a lo largo de la obra. Hay momentos de calma realmente asfixiantes. A veces los silencios dicen muchísimo…
Me preocupé muy intencionadamente del ritmo de la narración mientras estaba trabajando, así que es fantástico escuchar que crees que ha funcionado. No trabajé de forma muy estructurada, sino que escribía una o dos escenas seguidas y no tenía un esquema general claro. Ahora bien, sí era consciente del equilibrio entre un ataque de texto y un momento de banalidad lenta y silenciosa.

También me parece fantástica la planificación de las páginas, algunas con infinidad de pequeñas viñetas. ¿Cuántos bocetos previos haces para diseñar una de esas páginas?
Escribo cosas de antemano, como si se tratase de una obra de teatro o de un guión de película, pero en esos momentos no estoy pensando visualmente. Cuando segmento el guión en páginas del cómic es cuando empiezo a pensar en el equilibrio entre los paneles grandes y pequeños, en dónde terminará una página y comenzará la siguiente, y cosas por el estilo. Realmente no hago ningún dibujo preparatorio antes de empezar a escribir una determinada página.

No recuerdo en qué medio leí que, al principio, dudabas sobre si publicar “Sabrina” porque era una obra muy depresiva. Por suerte, al final la tenemos entre manos y la estamos disfrutando todos mucho. ¿Cómo ha cambiado tu punto de vista desde que está en la calle?
Es difícil sentirse validado por cualquier tipo de elogio, porque mis sentimientos hacia el libro siguen siendo los mismos. Claro, siempre es mejor que si hubiera una reacción abrumadoramente negativa, por lo que no debería parecer tan desagradecido al respecto de los elogios. Lo que ocurre es que intento ir más allá de eso y superarlos enfocándome en el próximo proyecto.

Esta es una pregunta que suele hacerle más bien a los músicos, pero tengo curiosidad por saber qué me vas a contestar. Por lo general, los músicos escriben canciones que son casi una instantánea de un momento de sus vidas y por ello no suelen volver a escuchar lo que han grabado (al margen de que las toquen en directo, claro está). ¿Un dibujante como tú vuelve alguna vez a leer sus obras una vez publicadas?
Bueno, encuentro totalmente imposible sentarme con mis libros y perderme en las historias. Hace poco, alguien me pidió que volviera a leer mi primer trabajo para ver si estaba interesado en una adaptación, y simplemente no pude hacerlo. De todas formas, creo que es algo bastante común, por lo que otros autores me han dicho.

Ahora pasemos a los agradecimientos de “Sabrina”. Citas a un puñado de excelentes artistas. ¿Quienes te han apoyado más a la hora de completar “Sabrina” o aclarar dudas que tuvieses durante el proceso?
Ivan Brunetti me ha respaldado siempre mucho. Le mostraré periódicamente el material en el que estoy trabajando, porque es muy bueno tener un amigo que esté interesado en lo que hago y que me motive a seguir adelante. Tracy Hurren, mi editora en Drawn & Quarterly, también se ha convertido en una gran amiga y en un gran apoyo. Estoy muy agradecido por poder trabajar con ella en el diseño y la portada del libro, y tenerla como aliada mientras yo estoy trabajando en la historia.

En relación con eso, mi última pregunta va sobre tu familia. Me gustaría saber si tus padres te apoyaron cuando eras un chaval que se pasaba la vida en su habitación dibujando personajes y planificando historias.
Sí, mis padres siempre me han apoyado, aunque se han mantenido al margen de mi vida personal desde que me fui de casa cuando tenía veinte años de edad, y eso es algo que aprecio. Aceptaron enviarme a una escuela de arte sin siquiera preguntarme qué era lo que buscaba o cómo esperaba que dibujar se convirtiese en una carrera profesional. Así que eso demuestra un apoyo increíble por su parte y siempre les estaré agradecido por eso.