Antonio J. Moreno “El Ciento” se ha propuesto convertir en novela gráfica el anecdotario de Guadalupe Plata, y el resultado sale a la venta el 13 de noviembre bajo el título “Leyendas desde el pantano”. Lo edita Bandaàparte y ya se puede reservar.

Así, como una especie de gótico sureño a medio camino entre el sur estadounidense y el peninsular, aparecen episodios en un melonar perdido de Galicia, una tienda de guitarras de Austin (Texas) o la tumba de un bluesman en Mississippi, aquella en la que –como nos contaron en una entrevista hace un par de años– les cayó una maldición digna de reproducir en viñetas. Todo ello salpicado de elementos habituales en ellos como las apariciones divinas y el humor (negro o no).

Al trío ubetense ya lo conocerá cualquiera que lea esta u otras cabeceras de la prensa musical, pero el nombre de Antonio J. Moreno “El Ciento” puede sonar más desconocido. Entre otras cosas, se está encargando de ilustrar las portadas de una de las mejores editoriales que han aparecido por estos lares en los últimos años, Dirty Works, precisamente centrada en el gótico sureño. Ya cuenta en su pequeño catálogo con traducciones de Mark Richard, Harry Crews, Larry Brown o el enorme “Volt” de Alan Heathcock. También es fundador de la revista Más Truenos, batería y ha firmado artworks para bandas como Giant Sand.

Para no irnos por las ramas, os dejamos aquí con el enlace para reservar el libro, a través de Bandaàparte, y el prólogo del mismo que firma el rock mánager del grupo, Toni Anguiano:

«Tengo la suerte de haber podido vivir muchas de las historias que se relatan en este libro, aunque esto me haya costado perder el pelo con el que aquí me dibuja Antonio J. Moreno, al que me une una gran amistad de la que ha querido abusar pidiéndome unas palabras que lo acrediten como testigo directo o al menos cercano de estas historias. 

Hay una que seguro que no contará aquí. Recuerdo que hace mucho tiempo, antes de la crisis, cuando uno aún podía ir a los bares a contarle sus penas a la persona que allí estuviera trabajando y no al contrario, Antonio y yo fuimos al Tornado, un bar de Granada, con una urgencia: su novia lo había dejado por un amigo suyo y el asunto requería de mucho alcohol y comprensión. En cuanto se lo contó al camarero, que en ese momento era Pedro de Dios, su respuesta fue: SE VEÍA VENIR. 

Así que, después de esto, que Antonio cuente lo que quiera sobre Guadalupe Plata. Aunque no sea del todo cierto o no salgamos muy bien parados. Ya tuvimos ración suficiente de sinceridad ese día»