Algo maligno flota en el ambiente al entrar en las oficinas de Everlasting Records. Son las voces de Guadalupe Plata, que susurran ininteligibles rezos a los muertos en una oscura habitación mientras esperan a su próximo contertulio. Tragamos saliva, nos sentamos, repartimos cosas para fumar y comienza una charla bajo el atento escrutinio de los profundos, oscurísimos pero extrañamente familiares y tranquilizadores ojos de Pedro de Dios.

Nuevo disco, mismo título: “Guadalupe Plata” sin más. Antes de entrar en harina, permitidme que os diga que me sorprende la de fechas que tenéis ya programadas.

(Carlos Jimena, batería) Sí, la verdad es que otras veces no teníamos tantos conciertos cerrados antes de que saliera el disco. Está cojonudo que haya esta expectación, estamos liados ya casi hasta junio.
(Pedro de Dios, guitarra y voz) Si queremos seguir viviendo de esto tenemos que aprovechar todas las oportunidades para estar en la carretera el mayor tiempo posible, y así además el disco va cogiendo forma, porque se irá regenerando sobre el escenario, como siempre hacemos.

La grabación en el estudio ToeRag de Londres ha dado un primer resultado bastante claro: las voces están menos enterradas que en el resto de vuestros discos.

(P. de D.) Sí, están mucho más adelante, y se oyen mucho más y mejor. Antes le dábamos un rollo más oscuro, la tapábamos, la pasábamos por ampli… También tengo que decir que yo nunca he sido cantante, y nunca he estado suficientemente contento con el tema de la voz. Y bueno, con el tiempo he ido cogiéndole más el gustillo y cogiendo el carácter.

(C. J.) En este disco se ha notado mucho eso, que ya estaba afianzando su carácter como cantante. Ya lo tenía antes, pero aquí se ha visto muy claro. Desde que tocábamos de chicos él siempre ha sido el cantante en todos los grupos, y quieras que no eso te da un bagaje, una personalidad. Ya en el disco anterior tiene muy definido su estilo. Aunque él diga que no es cantante, yo lo considero como tal. Yo creo que canta bien.

(Paco Luis Martos, bajo y barreño) Da igual que no cantes muy bien si cantas con personalidad, y él lo hace con personalidad. Mira los Canned Heat, por ejemplo.

No sabía yo que tenías ese complejillo con la voz.

(P. de D.) Sí, sí… me costaba trabajo, pero ahora que veo que sueno mejor, he dicho “para qué taparme tanto”. Tampoco me gusta que la voz sea predominante, la considero un instrumento más. Y creo que en este disco está muy bien metida.

¿Cómo fue la grabación? Lo digo porque he leído por ahí que alternábais juerga-jam y estudio…

(C. J.) Nada, nada. Pura mitología (risas). Aunque demos una imagen poco rockera, hay que decir que teníamos nuestro horario y nuestra disciplina espartana. Hombre, sí es cierto que cuando acabábamos de grabar la sesión del día nos íbamos de baretos. Teníamos nuestras fuguillas. Lo de tocar en un garito fue el último día. En total la grabación fueron cinco días.

(P. de D.) En realidad podríamos decir que el disco se ha grabado en dos días.

(C. J.) No, en tres. El tercer día fue cuando estábamos acabando las dos últimas canciones.

(P. L. M.) Y metimos los cencerros, las maracas y todo eso.
 (P. de D.) Es verdad. Luego, el resto de días estuvimos doblando alguna guitarra y tal, pero siempre con el cuidado de no recargar, que luego hay que ponerse a quitar.

El “timing” fue entonces el habitual.

(C. J.) Sí, porque no dejan de ser canciones de rock y de blues, que no hay que darles muchas vueltas o al final es peor. Quizá haya alguna canción como “Filo de navaja” que tiene más tela de estructura, pero por lo demás todo se plasmó fácilmente.

Entonces supongo que las canciones estarían completamente cerradas al llegar a Londres.

(P. de D.) Bueno, ahí ahí…

(C. J.) Siempre dejamos un poco abierta la historia, por si acaso.

(P. de D.) Sí, para dar margen a que pueda ocurrir algo en el estudio, que surja alguna improvisación.

O que el productor sugiera algo.

(P. de D.) Pues no, en este caso Liam Watson (“Elephant” de White Stripes o el primer single de Tame Impala, “Sundown Syndrome”, dan buena cuenta de su sapiencia) fue sólo un tío que colocó los micros y le dio a la máquina.

(P. L. M.) Es un tío que conoce el equipo el equipo muy bien (de hecho, es el dueño del estudio), que sabe cómo tiene que colocarlo todo y ecualizar para que suene como quieres.

(C. J.) Él lo que decía, con el tema de producción, era que no estaba haciendo la labor de productor ejecutivo, que te dice cómo tienes que sonar. Porque claro, veía que le preguntábamos cosas y tal… y dijo que él ponía los micros, grababa, mezclaba, recogía, y se iba. Nunca se metió con el rollo de “esa guitarra sonaría mejor si tal o cual”. Él estaba allí para grabarnos y para solucionarnos alguna duda, pero era muy reticente a dar su opinión. Eso ayuda si tienes las cosas claras, porque es tu sonido y no tienes que preocuparte porque te digan que tienes que cambiar algo.

Ya… pero no sé, la mayoría de las veces las opiniones externas te descubren algo.

(P. de D.) Yo siempre he estado abierto a las opiniones, siempre son enriquecedoras. Pero lo que íbamos a grabar en ese momento no necesitaba más vueltas. Si empiezas a divagar a lo mejor al final no haces nada, lo mejor es llegar y ¡pum!

La evidente apertura estilística, ¿vino precedida de mucho estudio, o es fruto del bagaje acumulado de forma natural? Lo digo porque recuerdo que con los primeros discos, me decías que pasaste muchas horas observando videos y escuchando atentamente viejas grabaciones para saber cómo alcanzar el sonido que buscabas.

(P. de D.) Es fruto del bagaje acumulado, eso ya estaba ahí. Lo que pasa es que nunca le habíamos dado rienda suelta. Nunca nos habíamos puesto a tocar un tema en la onda de Howlin’ Wolf, de Gene Vincent o incluso de Charlie Parker. Lo hemos hecho en este disco, y creemos que no está fuera de contexto, que seguimos siendo Guadalupe Plata, con el mismo carácter pero a lo mejor con otro color. A mí el cambio me lo pedía mucho el cuerpo.

Como sólo me pasaron un enlace de descarga, no se cómo será la portada.

(P. de D.) Hala, pues vas a flipar (echa mano de su móvil).

(P. L. M.) Sí, se la ha estado currando Pedro.

(P. de D. explica mientras me enseña el artwork en la pantallita) Mira, esta es la portada, y esta la contraportada. La portada tiene su origen en una anécdota que nos ocurrió cuando estuvimos en Mississippi, en la tumba de T-Model Ford. Resulta que Chris Johnson (un armonicista norteamericano con el que han compartido muchas correrías) colecciona lápidas de bluesmen muertos…

(P. L. M.) Bueno, lápidas no, sería una pasada tío… Lo que hace es que visita tumbas de bluesmen muertos y con un papel hace un calco de sus lápidas.

(P. de D.) Nos fuimos con Chris a un cementerio enorme, allí había tumbas para dar y regalar. Y cuando dimos con ella, nos pusimos manos a la obra hasta que este hombre, sin querer, le dio un golpe a una maceta que había por allí… y al ir a recogerla…

(C. J.) Empezaron a salir miles de hormigas, tío. Lo que debería ser la tierra de la maceta, eran todo hormigas, una bola enorme de hormigas. Toda la lápida se llenó de hormigas que picaban como unas hijas de puta. Los bocados que daban dolían como demonios.

Joder, como la maldición del faraón.

(P. de D.) Claro, fue como si nos hubiera caído la maldición de T-Model Ford (risas). Después cuando nos fuimos del cementerio y volvíamos en el coche, estábamos en plan de “joder, esto ha sido la hostia, parece una historia del Oeste o algo”, y se nos ocurrió que sería la portada del próximo disco.

¿Dónde está ese cementerio?

(C. J.) En Greenville, al lado de Clarksdale.

Encima eso, cerquita del mítico cruce de caminos.

(C. J.) Sí, pero aquello parece el Corte Inglés del cruce de caminos. Como un parque temático, en plan cutre, aunque la verdad es que está ya medio ruinoso, medio abandonado.

(P. de D.) En el fondo, que esté medio abandonado mola. Lo decoran todo con guitarras cruzadas y símbolos como demoníacos… como para que te dé miedo.

(C. J.) Bueno, al fin y al cabo se supone que Robert Johnson se cruzó con el Diablo allí.

(P. de D.) Por allí hay sitios donde sigue vivo el espíritu de la juke-joint, donde las negras mueven el culo que alucinas. Nosotros fuimos testigos de un espectáculo de la hostia, en un bareto de negros súper chungo, y ver allí a la gente del pueblo bailando fue increíble. Lo único es que el blues más del delta, más tradicional, está de capa caída allí. Está casi perdido y los pocos bluesmen que quedan llevan unas vidas de desastre constante.

(C. J.) Y el que menos, tiene ochenta años.


 

¿Creéis que estos viajes han podido tener un peso fundamental en la apertura estilística del nuevo disco?

(P. de D.) Sí, sí. Todo influye, pero creo que esta vez, especialmente los viajes.

(C. J.) Sí, me estoy acordando de que después de tocar en otro festival en Mississippi, nos quedamos varios días en un hotel que, bueno, también era un poco parque temático del blues, pero bien hecho. Las habitaciones eran en realidad cabañas de madera en mitad de una pradera… y se estaba en la gloria. Todo chapa y madera, como en los años veinte, muy rústico, y te transportabas completamente. Allí estuvimos sacando bastantes cosas para las nuevas canciones. Lo malo es que a las siete de la tarde se convertía en un pueblo fantasma.

(P. de D.) Sólo quedaba abierto un sitio donde ponían macarrones con albóndigas, con cinco personas muy raras que a saber de dónde habían salido. Como una peli de Jim Jarmusch.

Y de conciertos flipantes por allí, ¿cuál destacaríais?

(P. de D.) Hubo bastantes. Soledad Brothers, espectaculares… y lo que sí fue una pedrada en toda la cabeza fue Lonesome Shack, un grupazo… eran un dúo y ahora han metido un bajo, y aquello suena como un trueno. Un blues, tío… puede que sean un poco tradicionales pero meten unos detalles en las canciones que te dejan loco.

Y, volviendo a la escena nacional, ¿qué se cuece en Jaén? Hace poco descubrí a Electric Belt, y hacen un rollo blues y rock sureño con bastante enjundia…

(C. J.) ¿Quiénes son esos? (Saca el móvil, busca su bandacamp en un periquete, le da al play y a los pocos segundos abre los ojos). ¿Estos son de Jaén?

Sí, sí.

(P. de D.) Pues mira, si se crea una escena, a mí me gusta.
(C. J.) En Úbeda ha habido tradición de rock’n’roll, de surf. Los Tsunamis y tal…

(P. de D.) También ha habido trhrash-metal, hardcore, punk… En realidad éramos lo mismos de siempre, haciendo diferentes cosas (risas). Bueno, los punkies siempre tenían su sector propio.

En la gira, ¿vais a dar mucha cancha al nuevo disco?

(C. J.) Pues sí, porque después de estos años teníamos ganas locas de refrescar el repertorio, de cambiarlo bastante. Aunque no llevemos setlist a la vieja usanza, sí queríamos eliminar bastantes cosas que ya hemos hecho muchas veces. Además, todas las canciones de este disco son muy tocables en directo. Con otros discos, había temas que los tocábamos y no funcionaban muy bien. Pero éste se puede tocar de pe a pa.

¿No quedaron descartes?

(P. de D.) No, descartes descartes no. Todo lo que compusimos entró. También estuvimos unos días grabando cosas en un cortijo en Jaén, de un amigo nuestro, Pedro Cantudo, que tiene un estudio en Andújar y también le gustan también los sonidos viejos y tal. Nos puso un par de micros y una grabadora… Y en cierta manera, algo de lo que allí hicimos también ha quedado en el disco. Pero íbamos más con la idea de pasarlo bien entre amigos, comer, beber y tocar.

(C. J.) De hecho, en esas grabaciones hay cosas muy chulas y muy buenas.

Coño, a ver si van a ser vuestras “basement tapes”.

(C. J.) Jaja, sí, nuestras grabaciones perdidas.

Para terminar, ¿cómo vais de proyectillos paralelos? Recuerdo que fui a verte con Pelomono en La Boite, y vaya chasco.

(P. de D.) Sí, fue un desastre… Bob Log se pasó un poquito de tiempo, y luego encima, cuando salgo yo con Pelomono, se me rompen dos cuerdas en la primera canción. Las cambio, y se me rompe otra. Una mala suerte tío… se me empezó a poner imposible cambiar las cuerdas con la máscara puesta… Terminamos en un cuarto de hora y no pudimos hacer una pelomonada como dios manda. Me fui jodido, porque además era la primera vez que tocábamos con Bob Log, que es un tío al que yo admiro mucho. Con Los Creyentes ahora es más reuniones de amigos. Y bueno, Pelomono derivará hacia Látigo Negro, con la inclusión de un tercer miembro que toque el bajo, y grabaremos un disco en marzo. Una mitad del disco será Pelomono, la otra Látigo Negro.

¿Algo importante que queráis añadir?

(P. L. M.) Sí, lo del Etnosur. Eso es importante contarlo. Todos los años, el festival hace una producción importante. Lo hicieron con Juan Perro, con Jorge Pardo, y este año nos los han propuesto a nosotros. Sería una actuación que va un poco más allá, con buenas luces, montaje con presupuesto… Entonces, cuando fuimos a EE.UU. queríamos buscar algunos negros, gente de blues, para traernos. Pero no encontramos lo que buscábamos así que lo vamos a orientar hacia el flamenco, pero no desde el punto de vista de fusión típico, sino algo que sea más fuerte, que trascienda más, mezclándolo con la iconografía de Semana Santa y tal. Eso va a ser algo muy especial.