Varry Brava continúan en la carretera presentando “Safari emocional” (Hook, 16), producido por Jorge Guirao (guitarra de Second). En breve podremos verles en Zaragoza (31 marzo, Sala López) y Barcelona (1 abril, Luz de Gas).

Dice Jesús Ordovás –padrino de La Movida y gurú del indie anterior a esto que ahora colamos alegremente con tal rótulo– que el pop español ha perdido sentido del humor. Bien, pues a los murcianos Varry Brava les va la marcha. Conviene recordar que el nombre del grupo surgió a partir de sendos homenajes a Barry White y Mina Mazzini. Así que Óscar Ferrer, Aarön Sáez y Vicente Illescas, que pillaron la educación sentimental de las cintas de casete, contagian un indisimulado apasionamiento de bola de espejos. Como aquellas mixtapes de su infancia: somos lo que grabamos. Poco han cambiado sus planteamientos desde que se presentaron en estas páginas hace seis años. Amor, sexo y vicio. Por supuesto, de noche. “España es un país romántico. Nuestras canciones siguen hablando de estos tres temas, pero vivimos en un país que se toma las cosas con almíbar”, explica Aarön.

Más guiños: “Safari emocional”, su tercer álbum, es un título de Carlos Berlanga. “Pero no fue intencionado”, aclara Óscar, cantante. “Estábamos terminando de grabar y seguíamos sin nombre para el disco cuando, una noche, medio en vela por el calor del verano, Carlos Berlanga se me apareció cantando ‘Safari emocional’. A todos nos pareció una expresión que definía muy bien el conjunto”. La grabación, por cierto, ha sido incluso más relajada que la de su debut, que resolvieron en cinco días por ajuste presupuestario. Varry Brava parece recoger de forma trasversal lo más denostado de cada década. El hedonismo de la música disco de los setenta, el pop electrónico de los ochenta, la discreta generación indie de Ellos y Dar Ful Ful, para acabar en Sonia y Selena, y el estribillo-para-festivales. “Añadiría un poco de romanticismo italiano y algo de punk. Somos una banda de nuestro tiempo y hacemos pop porque nos permite hacer todo lo que nos da la gana”, responde el vocalista.

Un pepinazo como “Flow”, tema que adelantaron al lanzamiento, suena a como las guitarras de Graham Coxon en horas altas, con titulares de Rato y Blesa. “Vivimos en la calle y vemos la tele. Estas cosas se filtran, se transparentan y se cuelan. Vicente piensa en Rodrigo Rato, pero yo siempre he pensado en varias personas del mundo de la música que he conocido en estos años. Gente que cree tenerlo todo bajo control y, queridos míos, eso siempre es un arma de doble filo”, advierte Sáez.

En “Americana” derriban un tabú que autoimpusieron en los dos discos predecesores y cierran con un solo de guitarra de balada heavy. “La gente que no compone buscando la canción pop perfecta debería dejar la música ahora mismo, disolverse y entregar las armas”, apunta Aarön. En cambio, “Entre el cielo y el mar” evoca a Pet Shop Boys, a Fangoria y al propio Berlanga de una tacada. “Les vamos a estar debiendo, y no sólo nosotros, toda la vida”, confiesa Óscar. En cuanto a la gestión de su carrera, Varry Brava reconocen haber logrado la fórmula entre la autoedición y su fichaje por Hook, la agencia de Amaral y Second. “Nos sentimos respaldados. Es bueno saber cuando te levantas que no debes nada a nadie. De momento”.