Con 45 minutos de retraso, una minuciosa oscuridad nse hizo en la sevillana sala Malandar. Tinieblas que a lo lejos se difuminaban en luces rojas que cicatrizaron en los canadienses Timber Timbre, quienes, como teloneros, realizaron un ejercicio perfecto de pulcritud sonora pidiendo a gritos un sitio preferente en cualquier sala que se precie. Corto pero intenso, en menos de media hora, dejaron un regusto difícil de olvidar. La esperpéntica identidad de Micah P Hinson desgranó su dramático cancionero ante su micrófono de crooner televisivo.

Ningún alma es inmune de ser empañada por la perturbadora voz del de Memphis, en cada trazo de cada frase, de cada letra. Entre canción y canción, le toleramos la misma estampa: se enroscaba en un monólogo mientras mordisqueaba puñados de peras que iba sacando de su mochila.
El trovador que contornea desastres con una honestidad brutal, versó la noche focalizándose en “The Lonesome” (Full Time Hobby, 12), disco de rarezas y descartes, pero también revisó la balanza y nos hizo partícipes de palpar sus primeros imanes melódicos, aquellos que no se oxidan; los teoremas de “Take off that dress of me”, los recovecos intimistas de “The cross that stole this heart away”, o el recorrido por los abismos de “Close your eyes” conformaron entre sombras y elogios, sin romper el pacto de un sobrecogedor silencio colectivo ante tal raspamiento de la crudeza. Y mientras la luna menguaba, él se crecía a su antojo, arropado por The Junior Art Collective.
Arduo desgarro el que nos regaló con esa obra de arte que seduce hasta nunca tener suficiente, esa irremplazable dosis de detalles llamada “Beneath the rose”, necesario rescate en cualquiera de sus directos, desatando su garganta con ese espantoso coraje que desmorona cada uno de sus temas hasta mejorarlos más si cabe, a los que despierta un dolor aletargado y otros placeres. “Seven horses seen”, otro desafío al disfrute de la tristeza y la derrota, y otra muestra de la nostalgia, entre lo trágico y lo banal, como es la letal “2s and 3s”, no decepcionaron y corrieron de su cuenta dos de los mejores momentos de la doliente velada.
La lástima contada crípticamente, heridas abiertas y demás penas susceptibles de apretar el gatillo, vidas pendientes de un filo, perpetuas torturas que se sufren en la profundidad de la mente de este aferrado a la desolación de una manera exhibicionista, que verbaliza la tormenta y la calma más profunda que contienen los damnificados ojos ajenos, que no describe sino siente… Reparar cuesta mucho más que construir. Micah, no guardes silencio; úsalo para tildar de tal hábil forma noches al borde de precipicios melódicos. Las barbaridades más crudas se digieren mejor si se pueden rimar con tales entrañas.