La trilogía de álbumes de Josh Tillman desde que viste los vaqueros de Father John Misty es impoluta. Elton John mataría por algo parecido, pero lleva más de dos décadas sin tocar de cerca la grandeza que ha mostrado la voz de este galán en cada uno de estos trabajos. El que ha estrenado en 2017 es tan rotundo, vibrante y acertado, que su concierto en La Riviera comenzó con su misma apertura: Pure Comedy, Total Entertainment Forever y Things It Would Have Been Helpful To Know Before The Revolution. Así de seguro está Joshua de sus nuevas canciones.

Tras ese arranque de pop desatado, Tillman siguió impecable interpretando temas que ponen en llamas los pasos a medio dar de Devendra, los mejores tiempos de Rufus, o los discos de este siglo de Beck. Porque papá John se atreve con todo y todo le sale bien: soul, country, rock… A ‘papichulo’ le sobra seguridad. No se puede ser más elegante partiendo del desaliño de su pelo largo y camisa abierta. Así de bien brilla desde que dejó las baquetas a un lado, y curiosamente se ha sumado a una hipotética tarjeta de Trivial en la que aparecería en la misma respuesta junto a Phil Collins o Dave Grohl.

El concierto fue siempre a más. El vínculo con la audiencia pasó de gotas de adoración a polvazo con Nancy From Now On. Con ese falsete tan envolvente como afinado que, como el primer beso y los amores de verano, es hermoso porque apenas dura y te deja con ganas de más. Qué concierto tan bello, no hay otra forma de definirlo. Cada canción que se sumaba era como la última sonata del baile de fin de curso. “¿Quieres bailar conmigo?”, parecía decirnos Josh, uno por uno. Y todos bailábamos atontados y felices. Qué difícil es hacer algo así sin caer en la horterada y lo banal. Tillman lo consigue haciendo que cada palabra importe, que cada pronunciación sea perfecta y que cada guiño moje, moje mucho. Si en un interludio te apoyas sobre el micro, como ausente, y se oye gemir a la primera fila entre gritos… eso es que eres magnético. Esa clase se tiene o no se tiene. A Josh le sobra.

Hubo momentos cercanos a Willie Nelson para enamorar parejas en el dinner de carretera, para arrastrarse de rodillas como Jagger e incluso para irse al club, como la vibrante True Affection. Pero sus mejores canciones recorrían el camino del reverendo pidiendo aleluyas y la parroquia gritando amén, en épicas y hermosas interpretaciones como Bored In The USA o Hollywood Forever Cemetery Sings. Temas que invitan a cogerse de la cintura bajo la bola de espejos.

Para los bises Father John Misty dejó Real Love Baby, Holy Shit o The Ideal Husband: las tres frases para un matrimonio perfecto. Y así, enamorados, eléctricos y, repito, mojados, salimos al frío que se desprendía en la ribera del Manzanares. Sin embargo, al llegar a casa seguíamos calientes, frenéticos, hechizados… todos habíamos sido los reyes y reinas del baile.