“Trato que mi acercamiento a la hora de componer una canción sea desde una posición lo más pura posible”
Entrevistas / Verde Prato

“Trato que mi acercamiento a la hora de componer una canción sea desde una posición lo más pura posible”

Antton Iturbe — 08-04-2021
Fotógrafo — Maria Muriedas

“Kondaira eder hura” es, desde ya, una de las grandes sorpresas del año. Alejada del concepto de su banda, Serpiente, y al mismo tiempo perfectamente coherente con aquel, Ana Arsuaga, despliega aquí un imaginario y un sonido propio, inclasificable y fascinante. Hay folk, hay ancestros, caseríos, y verdes prados y también hay angulosos mundos interiores, sonidos incómodos y una mágica y extraña belleza en cada detalle. Ana nos desvela algunos de sus secretos en esta delicia de entrevista.

¿De dónde surge Verde Prato y qué proceso sigues para crear su música?
Muchas gracias, me alegro de que el disco te transmita eso. La verdad es que el carácter experimental ha sido claro en el proyecto desde el principio, ya que mi acercamiento a la hora de componer una canción, trato de que sea desde una posición ingenua y sincera, y con esto quiero decir, lo más pura posible. Desde un primer momento, me hago ciertas preguntas; ¿Qué elementos necesito para crear música? ¿Cómo componer una canción y aprender algo que no sé? ¿Qué puedo dar a través de una canción?

Las respuestas intento encontrarlas en una búsqueda personal, que es lo me parece que pretende el hecho mismo de experimentar, ya que hay algo de descontento o disconformidad hacia la receta ya hecha sin más cuestionamiento. El experimento en música yo creo que indica una voluntad de más, de saber más, de escuchar más, de darle más vueltas… Independientemente de lo que luego se consigue, es un punto de partida muy específico.

Verde Prato surge de una propuesta que me hacen en el club Larraskito en Bilbao para hacer un experimento de tocar sola un día. Hasta ese momento yo había tocado en los grupos Serpiente y Mazmorra, pero me animé y compuse unos temas para ese día, pensando que ahí se iba a quedar la cosa, pero la verdad que luego me ha hecho ilusión el proyecto, y me he aventurado a seguir con él.

¿Hasta qué punto dirías que te condiciona la respuesta del público ante una propuesta tan inusual?
La respuesta del público es importante, en la medida en la que algo que no tiene sentido si no le gusta a nadie; al mismo tiempo, me baso en mis conocimientos y punto de vista crítico a la hora de componer en un origen, y no tanto en hasta qué punto le va a encajar a nadie.

Ibon Errazkin es el autor del texto que acompaña la edición del disco y me atrevería a decir que suscribo las palabras de su estupendo texto una por una. De entrada, no era un artista que asociaba con Verde Prato, y sin embargo, tiene mucho sentido. Quizá no tanto en el propio sonido, vuestros proyectos son demasiado idiosincráticos para que haya similitudes musicales, pero sí en cuanto a actitud y a sensibilidad. Me parece muy acertada la conexión que halla Ibon con Emmanuelle Parrenin, en ese aire de folk ancestral, un tanto mágico, surrealista y hasta esotérico. ¿Te parecen acertadas estas conexiones? ¿qué otros artistas e influencias dirías que están detrás de Verde Prato?
El texto de Ibon Errazkin no solo me parece acertado en muchos sentidos, sino que me emocionó mucho leerlo; me parece un texto que se nota que es de alguien de amplio conocimiento musical, escrito rigurosamente y con una escucha muy cuidada del disco. En cuanto a las referencias que nombra, es verdad, como él dice, que son más coincidencias que influencias; de los nombres que dio Siouxsie and the Banshees son los que más he escuchado, pero entiendo por qué nombra a cada una, así que sí que me parecen acertadas.

“Las respuestas intento encontrarlas en una búsqueda personal, que es lo me parece que pretende el hecho mismo de experimentar, ya que hay algo de descontento o disconformidad hacia la receta ya hecha sin más cuestionamiento”

Es una pregunta que se hace mucho, la de las influencias, y en mi caso al menos, no es nada fácil de responder, porque aunque como oyente me interesan completamente muchísimos artistas, a la hora de “inspirarme” en ellos, me suelen interesar de manera más bien fragmentada; un poco de actitud de esta músico, otro poco de las bases de aquella banda, la atmósfera de este disco…En los últimos tiempos me han servido muchas cosas de Itoiz o Haizea, también me he enganchado a la figura de Jayne Casey (Big in Japan, Pink Industry, Pink Military), he escuchado en bucle el disco “Retour au club Meduse” recopilatorio de Charles Bals… Pero te digo esto por responder a la pregunta jaja

La atmósfera del disco está muy lograda, ¿Cómo ha sido el proceso de producción? ¿Las voces e instrumentos son todos tuyos?
Para la producción he contado con Jon Aguirrezabalaga, Zabala en su proyecto como músico. Es un gran amigo, y su criterio lo tengo muy en cuenta, además controla de temas que a mí se me escapan como el sonido y las miles de posibilidades de arreglos, atmósferas y capas que se pueden crear dentro de un mismo tema. Digamos que Jon, respetando mucho el proyecto y en un tira y afloja conmigo ha llevado las canciones a un punto más sofisticado, y más elaborado en cuanto a sonido.

Las letras son otro aspecto clave en tu música. El de las letras. Tanto en euskera como en castellano, ambas parecen provenir de pequeños cuentos y vivencias, contados de una manera en apariencia simple, casi infantil, pero cargada de infinidad de lecturas y contenidos y, sobre todo, dotadas de una extraña musicalidad propia. Casi parece que son las letras las que dictan la melodía y no al revés. Es un fluir tan natural y tan hipnótico, que parece imposible concebirlo de otra manera. Siento mucha curiosidad por saber de dónde provienen y cómo las has creado.
Suelo crear antes la melodía principal de la voz y después escribo la letra según esa estructura. Esto no quiere decir que la letra esté en un segundo plano para mí, al contrario, le doy la misma relevancia, pero me parece algo difícil. Eso también lo hace interesante. Por un lado, dices algo, y eso supone mucho; Ya que te pones a decir algo, en mi opinión, deberías pensar en qué, y no hablar por hablar. Parece una cosa obvia, pero a mí me parece una dificilísima acción. ¿Qué tengo yo que decir? Es un problema serio. Por lo que lo principal para mí es –como en con la música, en realidad- responder a esa pregunta con sinceridad, es decir, ir a lo que me interesa. La conclusión es que me inspiro en mis pensamientos, emociones, preocupaciones y vivencias para escribir, pero intentando llevarlas a algo más universal, o sea, más interesante.

“Me inspiro en mis pensamientos, emociones, preocupaciones y vivencias para escribir, pero intentando llevarlas a algo más universal, o sea, más interesante”

Ibon habla de “disco conceptual” en su texto, y estoy de acuerdo. El envoltorio gráfico y estético acentúa esta sensación al comprobar, además, que los cuadros que acompañan la edición son tuyos. Todo cobra aún más sentido de obra multidisciplinar y enteramente personal. Al igual que sucede con las letras, es imposible imaginar un acompañamiento visual más apropiado para tu música. Se crea un diálogo constante y fascinante. ¿De que manera forman parte esos cuadros del proceso de creación?
¡¡Muchas gracias! Los cuadros giran en torno a un lugar muy concreto, un caserío en Urkizu donde mi familia solía organizar muchas comidas cuando era muy pequeña. Al ser un recuerdo de infancia alrededor de una mesa y en un paisaje tan típico euskaldun, pensé que tenía una relación evidente con el imaginario del disco, así que utilicé fotos del caserío y de esas comidas, para basarme en ellas para los cuadros que forman el disco. La portada es un autorretrato sentada allí, es como un guiño, un juego.

Por lo que veo en su web de bandcamp este parece el primer disco editado por la discográfica Plan B. ¿Puedes contarnos un poco más sobre el origen de este sello y cómo has llegado hasta ahí para publicar “kondaira eder hura”?
Mi amigo Jon, antes nombrado, también me ayudó con esto; le pasó las canciones a Estefanía de Plan B, ella las escuchó, y le gustaron, por lo que empezamos a hablar y trabajar juntas. Al final, la opción de sacar con su sello parecía la más adecuada, y ¡así lo hemos hecho!

Das la sensación de ser muy consciente de tu imagen, y de cuidarla al máximo de forma intrigante y atractiva. Una vez más, todo parece responder y formar parte de una obra multidisciplinar. ¿Es así? ¿Qué importancia le das a esa imagen? Y en ese sentido, ¿cómo se compaginan tu imagen (y también tu sonido y en general, tu discurso) de Serpiente con la de Verde Prato?
En un concierto, los músicos son elementos en la escena, y según cómo se comporten, cómo se muevan, el concierto puede ser cosas muy diferentes; quiero decir que uno mismo es otro elemento más de trabajo cuando el cuerpo forma parte de él. Aquí de nuevo para mi ser honesto es importante, saber con qué te identificas, por un lado, y saber qué imagen das, y en qué sentido puedes hacer eso lo más coherente posible con la música que estás mostrando.

Creo que en Serpiente también estaba cuidada esa parte del concierto. En Verde Prato es algo creo intrínseco a la propuesta. Lo importante para mí en el directo de este proyecto es mostrar lo poderoso de, simplemente, una persona que se levanta y canta, y lo hace poniendo toda su fuerza en ello; transmitir algo de la sencillez y lo emocionante de ese acto.

¿Qué planes tienes para los próximos meses? ¿Te vas a centrar en Verde Prato o la vía de Serpiente sigue abierta?
Hemos parado con Serpiente. Nos ha dado mucha pena, pero entre la pandemia y las distintas situaciones económicas de cada una, y sacar tiempo para todos nuestros respectivos proyectos, hemos decidido que era lo mejor.
¡Pero espero que con Verde Prato la cosa siga y salgan muchos conciertos!

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