“Somos capaces de amar debajo de la armadura”
Entrevistas / Triángulo De Amor Bizarro

“Somos capaces de amar debajo de la armadura”

Yeray S. Iborra — 11-03-2020
Fotógrafo — Ivory XX

Han aparcado lo explícito, también lo cínico. Y la versión de frente pura de los gallegos, gusta el doble. Cortes como “Fukushima” o “Cura mi corazón” justifican su enésima reinvención pop. “Triángulo de Amor Bizarro” (Mushroom Pillow, 20) muestra a una banda inagotable. Ahora, además, con más trazas de corazoncito.

El pasado no fue mejor. Pero el presente, a veces, asusta: ¿De verdad los hay que se duermen escuchando ruiditos de cepillos frotándose contra micrófonos? Triángulo de Amor Bizarro son una banda puente. No se han soterrado en referencias de su juventud, pero tampoco ha sucumbido a las últimas tendencias de Youtube; ASMR (Respuesta sensorial meridiana autónoma), sí, pero a su manera.

Los gallegos han cocinado un disco para el hormigueo en el cuero cabelludo. Fuzz, noise y despiste. Su quinta entrega larga es la más descaradamente abierta, la más pop en su recepción. Empiece como empiece (“Ruptura”, el primer adelanto, tira hacia lo Big Black). “Es lo que hacemos con todos los discos. Así la gente conoce más canciones que el single. Estamos en una época en que el peso de las bandas son dos o tres canciones y nosotros somos un grupo de disco. Queríamos que la gente escuchase lo más experimental al principio”, dicta Rodrigo Caamaño. De fondo, Rafael Mallo y Zippo secundan las palabras del guitarrista. El audio del móvil cruje más que el sonido de su primera demo. Pero, amabilísimos, se hacen de entender. “El rollo industrial siempre estuvo en nuestro ADN. Lo que pasa es que ahora afinamos más”, apuntan al unísono. Y ríen. “Las referencias son las de siempre, Neubauten o Big Black están en la historia del grupo, desde las maquetas”. ¿Y no se filtran cosas de ahora? “Puede ser que bandas actuales nos lleven a lugares que pasaron por nuestras cabezas. Pero no nos vemos haciendo reggaeton o trap, no”.

Triángulo de Amor Bizarro se mantienen en sus coordenadas ruidistas. Aunque los tiros en el pie –en cada álbum prueban nuevas formas de componer y tocar– surten efecto. Los sintetizadores y platillos trabajan para la emoción. Las baterías se escuchan amplias. Pese a haber grabado en Galicia y con Carlos Hernández (con ellos de forma intermitente desde su debut), suman nuevas calidades. Parte de culpa de ese cambio la tiene la producción. Han confeccionado el álbum a pedazos. Nada de levantar las canciones desde melodía/base. “El proceso normal sería llegar al local y construir el tema, y en cambio aquí incluso hemos partido solo de ritmos. Lo hemos hecho más por bloques”, dice Mallo. Y Zippo, el más callado de los tres (sólo falta a la charla Isabel Cea, pese a que su voz se escucha vital en el largo), añade: “Hemos usado más sintetizadores de lo habitual. Y samplers. Hoy día, programas como el Protools te permiten darle la vuelta a la composición. No empezar por una rueda, por una voz. Sino ir con una caja de ritmos y venga. Pero lo difícil es no abusar de esas posibilidades digitales”.

“Nos planteamos hacer cosas sin tanto cinismo, que es un motor maravilloso para componer, pero esta vez queríamos algo a corazón abierto”.

Salve discordia‘ es nuestro disco de rock and roll clásico. Este, en cambio, es un disco de pop. Pero cuando estaban marcadas las dos o tres canciones pop, con el resto nos hemos fuimos por los cerros de Úbeda. Teníamos un disco escrito, paralelo, una especie de hard rock futurista, llevado al extremo, y quedó en el aire. Y eso de repente lo pudimos llevar a otro lado; había ciertas melodías y material vario que aprovechamos para tener puntos de partida diferentes en este”, comentan. Los temas pop a los que hacen referencia son los centrales del disco: “Fukushima” o “ASMR para ti“, dos de los más inspirados de su carrera. Y de los más accesibles. Si el EP “Gatopardo” (18) supuso un momento de transición, después de probarse en vías más directas y explícitas, muy políticas, ahora se han entregado a su propia concepción de la melancolía. Los Triángulo con más corazoncito. “Diría que este disco es algo más emocional-optimista, aunque son palabras que odio… Nunca antes hicimos cosas así. Nos abandonamos a la melancolía otoñal. Nos planteamos hacer cosas sin tanto cinismo, que es un motor maravilloso para componer, pero esta vez queríamos algo a corazón abierto. Después del EP, tocaba algo con la frente limpia, de sensaciones más puras”, destaca Caamaño.

Dicha melancolía en los textos y la instrumentación, muros de guitarras en convivencia con espaciosos teclados, llevan a una sensación de distopía, de sentimientos liofilizados. “Somos capaces de amar debajo de la armadura”, ríen. El disco también afianza los mensajes tema a tema, en vez de un popurrí de frases crípticas en un mismo corte. “Antes había elementos que se contraponían en cada tema e igual en este disco sí que van más canción a canción”, secundan.

Hacer el disco a pedazos les supondrá también nuevos retos en directo. “De todo tipo además”, asalta Mallo. “Cuando grabas no te preocupas por eso, pero ya estamos con la organización de toda la parte técnica. Y…”, ríe. Triángulo de Amor Bizarro siguen viviendo del desafío. En una década, han pasado de la media hora de trituradora a los matices. Ahora prometen más bloques y texturas. Ruido y mimos en el mismo espectáculo. Lo que sería un masaje auditivo para los gallegos.

“Triángulo de Amor Bizarro”

Mushroom Pillow (8/10)
Triángulo de Amor Bizarro han jugado, una vez más, al despiste. “Ruptura“, la canción de ecos Big Black que abre el disco, primer adelanto del mismo, no tiene continuidad en el largo. Su quinta referencia es tal vez la más pop: abierta de miras, pero con pinceladas de lo de siempre, inclusive esa –definen– “turra” tan suya.

Hay todo lo que se podía esperar: distorsión y muchísima reverb, pero se explora una corriente semi-nueva, la melancolía sin máscaras. Los Triángulo de corazón blandito, blandito. La vía más ruidosa, herencia de sus primeros años, pero todavía presente en Salve Discordia (16), pierde vigor a medida que avanza el álbum. De hecho, las canciones más poperas –y las más inspiradas– están en el alma de Triángulo de Amor Bizarro: “Fukushima” o “ASMR para ti”. Pero, ¿cómo han pasado del explícito y crudo “Gatopardo” (18) a esta banda sonora futurista? Los gallegos son de pinchar el balón después de cada partido. De hacerse fullerías para avanzar. Por primera vez han recurrido a una producción despiezada (no han empezado los temas por melodía y base); algunas han sido construidas a partir del bajo, otras, caja de ritmos mediante. El resultado es un disco espacioso donde los sintetizadores se conjuran en pos de la emoción, donde no hay tanto chorreo de mensajes en cada corte y las ideas calan con más ímpetu. Menos cinismo, más verdad.

La táctica TAB alarga las esperas, cuatro años han pasado desde su anterior álbum, pero siempre promete novedades trepidantes. Aunque todo se haga sin salir de Galicia, con su archiconocido Carlos Hernández, nada suena a lo mismo. Triángulo llevan practicando la ruptura desde que el mundo es mundo.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.