Hágalo usted mismo: ponga el tum, pa-tum, pa-tum, al servicio del compromiso y el discurso feminista; las bases rítmicas como tanques que cimentan alegatos en una revolución en la que se pelea a ritmo reggaeton y cumbia tropical. Tremenda Jauría regresa con su nuevo Ep, “IV” (Mauka, Gran Sol, 2019). Hablamos con el cuarteto madrileño con motivo del lanzamiento. Chucho, Machete, Larrata y Ganga responden colectivamente. Tremenda Jauría ladra, luego bailamos.

“IV” es el título de vuestro nuevo Ep. y los años que han pasado desde que publicasteis vuestro primer disco. ¿Qué ha supuesto para vosotras este tiempo sobre los escenarios?
Ha sido la evolución desde el primer impulso vital de sacar algo, de dar un salto al vacío sin imaginar en qué iba a desembocar todo esto, y el resultado de estar de gira sumando experiencias y peña, mejorando en las grabaciones y afinando y afilando un poco más el discurso.

“A nivel de concepto, lo que hacemos es bastante punk”.

¿Por qué otro Ep? ¿No creéis en el formato disco?
Tiene más que ver con nosotras y nuestra forma de vivir. El disco no va con nosotras, no nos da tiempo. En realidad, para “Codo Con Codo” y “IV” la idea original era sacar un disco completo, pero se nos echó el verano encima así que dijimos “Pues lo partimos”. Es una idea que nos mola para trabajar, el ir sacando trabajos más cortos, pero con más frecuencia, y que tiene más que ver con lo que nos va surgiendo.

En el apartado “Género” de vuestra página de Facebook puede leerse Kumbia Punk, Reggaeton Do It Yourself, Rap Consciente, Punk. ¿Os consideráis herederas del punk en términos de actitud?
Punk en cuanto a la actitud práctica, al mensaje y como manera de hacer, del rollo Do It Yourself o Do It Together. Hacerlo todo entre nosotras y tocar en espacios politizados o cantar determinadas letras. A nivel de concepto, lo que hacemos es bastante punk. Parece que el punk se ha estancado mucho con el punk-rock, pero el punk no tiene por qué ser eso. Cuando el punk surgió, tuvo una evolución en muy pocos años del punk al new wave, etc., y después, como que todo el mundo se ha quedado en los Sex Pistols y no queda nada de la escena que era eso. Esa esencia, ese mensaje que trajo el punk tiene que evolucionar. Y nosotras entendemos que a día de hoy no hay nada más punky que decir “Yo en mi casa cojo, me pongo auto-tune y puedo grabar y cantar las letras que me dé la gana diciendo lo que me dé la gana” y de pronto con el auto-tune suena aquello que parece Rihanna. No hay nada más punky que eso. Cualquiera puede ponerse a cantar y transmitir el mensaje que quiera.

Fermín Muguruza, uno de los máximos exponentes del Rock Radical Vasco, movimiento que bebía directamente del punk, colabora con vosotras en la tercera canción del E.P. ‘Semillas’. ¿Cómo surgió esta colaboración y cual es vuestra relación con él?
Nosotras hacíamos una versión de una canción suya y coincidimos con él en el aniversario de Zazpi Katu, un centro social de Bilbao. Allí nos conocimos y nos caímos guay, así que desde entonces hemos ido cuadrando, pero como una relación bastante sincera y natural. Le invitamos a tocar en el concierto presentación de “Codo Con Codo”, le propusimos hacer el tema (‘Semillas’) con nosotras, dijo que sí y como que impacta tener una grabación con la voz de Fermín.

En Akelarre, el primer adelanto del Ep, cantáis: “Que se vayan acostumbrando a vernos sobre el escenario, este micro apunta sin fallo”. Poco a poco va habiendo más mujeres sobre el escenario y empiezan a verse en puestos técnicos y de producción. ¿Cómo estáis viviendo este cambio?
En los festivales hay más presencia, pero sigue siendo escasa. Existe esa demanda. Los feminismos lo están petando, están funcionando, así que en la música, desde fuera, se hacen también eco, porque si no, se quedarían atrás. Pero lo que se muestra poco tiene que ver con las dinámicas internas que sigue habiendo gracias a las tías que nos lo peleamos. Si no, nadie movería nada. Ahora hay puntos violetas en casi todos los festis. Hay un esfuerzo como “obligado” de programar a bandas de mujeres o con mujeres, pero creo que es obligado, como una pistola en la sien. Está bien que cada vez esté más visibilizado, pero también hay que revisar lo interno de los festivales, de las bandas, de las relaciones que se generan en el mundo de la música.

“El trap es de lo poco novedoso que ha dado la música últimamente, por eso ha irrumpido con tanta fuerza”.

Actualmente estamos asistiendo al auge de la música urbana liderado por el trap. Hoy vemos a las majors detrás de los artistas trap de moda. Vosotras, sin embargo, proclamáis “auto-tune para el pueblo. ¿Qué opináis de este escenario?
El trap es de lo poco novedoso que ha dado la música últimamente, por eso ha irrumpido con tanta fuerza. También, un discurso de peña bastante joven que cala en peña bastante joven. Otras músicas vienen de gente más mayor haciendo rock. Y es muy trasgresor en ese sentido, desde la pura estética, el tatuarse la cara y demás. Es un rollo que ha petado y ya lo ven desde arriba como algo nuevo que tiene que gustar porque todo lo demás se ha visto un millón de veces. Hay una ruptura generacional que era necesaria. Pero esto es muy reciente. Hace unos años, los carteles de los festivales eran los mismos que los de hace diez años. Llevábamos diez años con los mismos nombres en los carteles de los festivales y yo creo que la música urbana sí que ha puesto eso de manifiesto: había músicas nuevas y maneras de hacer diferentes. Por eso también hay ese rechazo, porque es algo que la gente viejuna ya no controla, se pierde y se siente fuera.

¿Creéis que el reguetón combativo y feminista debería ser difundido por medios masivos? ¿No creéis que la revolución debería ser televisada? Que el underground acceda al mainstream pero sin ser absorbido por este.
Hace cinco años, cuando empezamos con Tremenda Jauría, no había mucho de todo esto. Pero la realidad es que ahora, en vez de haberle dado voz a las cosas que ya había, el mainstream ha generado cosas nuevas vaciándolas contenido. Con todos mis respetos, pero cuando sacan lo de Lo Malo, hay quienes “se suben” a ese carro. En vez de haber escuchado qué era lo que había y darle voz a lo que ya existía en el underground, lo hacen al revés, lo sacan desde arriba, controlándolo. Quieren un mensaje concreto.

¿Cómo vivís “la lucha” fuera del escenario y qué opináis de esa “guerrilla” de redes sociales que no es capaz de trascender más allá de los muros de Facebook y Twitter?
Nosotras cuatro no somos muy de redes sociales en nuestra vida privada. No las manejamos mucho. Nos lo curramos con Tremenda Jauría y nos cuesta. Todavía nos seguimos preguntando “¿Cómo se hace el stories? ¿Esto cómo se hace?” Yo creo que somos más de otras cosas, de lanzar proyectos de vida colectivos, de participar en colectivos feministas, de lucha por la vivienda, o del movimiento de ocupación de entonces. Somos más de otro tipo de militancias o de apuestas políticas. Pero que no es algo súper sesudo. No nos sale estar ahí todo el día en Instagram.

La portada de “IV” muestra tres fetos con una especie de materia gris en la cabeza. ¿A quién pertenece el arte del disco y qué queréis transmitir con él?
Desde los inicios, todo el arte, todas las portadas ha sido obra de Ganga. Lo de poner tres fetos titulándose cuatro era para darle tensión. Son ralladas mentales, imaginación. A cada uno le sugiere una cosa. Ella nunca nos cuenta el secreto de por qué llega al resultado final. Quizás toda la parte gráfica sea de lo más original que tenemos como banda, como un sello muy característico.

Habéis actuado desde en centros sociales hasta en grandes salas de conciertos y festivales. ¿Dónde os sentís más cómodas?
En salas en las que el contacto con el público es mayor, se genera un ambiente más guapo. Ves a la gente más metida en el concierto, pero también da más vergüenza, es más responsabilidad. Mentalmente, nuestra predisposición es distinta en función del espacio en el que tocamos. Tocar en espacios tan grandes nos ha obligado también a currar, a cuidar más el sonido. En espacios más reducidos es más importante la energía que generas que no el sonido. Para nosotras los mejores conciertos han sido siempre en okupas. Pero claro, también en una okupa el espacio es más reducido y la infraestructura, sobre todo aquí, suele ser bastante nefasta. Es un hándicap que hay aquí y que en otros lugares no sucede. Por ejemplo, en Euskal Herria, hay espacios que a nivel de sonido son mejores que muchas salas pero también porque allí se ha generado más escena de música combativa con unas infraestructuras más ponentes. Aquí siempre ha habido ese tabú. Si tocas, bocadillo de lentejas y sonando como el culo. Y yo creo que no hace falta. Se puede desarrollar una infraestructura más sostenible, más cuqui.

¿Cómo trabajáis los directos y la composición?
Tanto las bases, la música, los vídeos y las letras los hacemos todos nosotras. En directo, ahora hemos sumado una caja de ritmos. Además, vamos con guitarra y bajo para que sea más orgánico, que no sean todo bases. Intentamos que las bases sean originales, que no suene a nada en concreto. Para nosotras una influencia muy importante es todo el rollo del punk, como comentábamos. Es muy importante a la hora de cómo componemos en cuanto a lo conceptual. Nos gusta música muy variada, influencias electrónicas más abiertas. Para el resultado final intentamos que tenga una coherencia dentro de lo que es Tremenda Jauría. A veces nos da miedo que los temas sean demasiado diferentes entre sí, pero luego hay gente que ya nos dice “esto suena a Tremenda Jauría”, ya como una seña de identidad.

¿Para cuándo una gira por Latinoamérica, la cuna de los ritmos que os inspiran?
Nos gustaría, pero es caro y algunas trabajamos. Tendríamos que pedirnos días. Y tener en cuenta la inversión que nos supone el ir todas, porque en realidad somos ocho en Tremenda Jauría. Habría que echar cuentas. Este año íbamos a ir, pero al final ha quedado en el aire.