Valeria Cisternas más conocida como Tomasa del Real, es una chilena que gracias al haber nacido en las playas de Iquique de su país, al lado del Desierto de Atacama, creció inmersa entre hits de reguetón. Por eso al llegar el momento de dedicarse a la música se influenció en este genero, aunque ella le añadió su impronta, lo convirtió en “neoperreo”. Una variación en la que las canciones no hablan sobre la relación con el sexo opuesto, ni sobre amor o desamor, y por lo mismo, quienes sienten que no encajan entre el discurso sexual que prevalece en los hits de reguetón, la han hecho suya a través del baile. Tomasa, no para, viaja todo el año llevando sus fiestas, lidera una comunidad global en la que ser freak y perrear es la única regla.


Escucho tu música y me suena a reguetón. ¿Cuál es tu propuesta con el neoperreo?
El neoperreo nace desde la era digital con la influencia del reguetón. Tiene sonidos que no son necesariamente de centroamérica que es de dónde se origina el reguetón, está inspirado en este sonido, pero no es el genero clásico. Así como existió el rock and roll y el rockabilly de manera paralela, está el reguetón, y de ahí subgéneros como el neoperreo. Es perreo sin género, sin etiquetas. De hecho, ni siquiera tiene esa etiqueta, lo digo porque sería una apropiación cultural decir que estamos haciendo reguetón. Nos hemos ido juntando los artistas y el público, y ahora somos una comunidad con ayuda de internet. Somos un fenómeno actual muy heavy. Con el neoperreo ya nos podemos agrupar, está el nombre patentado, tenemos auspiciadores, y estamos apoyando a otros artistas independientes que pensaban que si no son Bad Bunny o no nacieron  en Puerto Rico, no iban a poder hacer esta música. Mejor dicho, no sé si es reguetón reguetón, pero que se perra se perrea.

Cuéntame un poco de tu historia antes de iniciar en la música cuando eras tatuadora.
Estudié Diseño de Vestuario, y de ahí me puse a tatuar, pero tenía mucho tiempo libre. Mi mamá por ese entonces me regaló una MacBook y yo recién me había comprado un IPhone, así que agarré el celular y me empecé a grabar, edité un par de videos y los subí a internet. Por otro lado, gracias al tatuaje viajé un montón en esa época, tenía canciones, y mientras viajaba por el mundo tatuando tuve la oportunidad de tocar en lugares que un artista chileno no lo hace comúnmente. Toqué por ejemplo en Berlín, cuando no me conocía nadie, o aquí me invitaron al Sonar a acompañar un artista en una canción. Gracias al tatuaje pude viajar mucho, y en esos viajes pude tirar unas semillas que fueron creciendo con el tiempo, y esto ha llegado al punto que ya no tatúo, y solo me dedico a la música porque esta me agarra todo el tiempo. Cerré la tienda de tatuaje y ahora solo me dedico a cantar.

“C.Tangana o Rosalía son artistas buenísimos. Los agarra una marca, les meten un montón de seguidores y de repente… ¡pum! es un éxito mundial”

¿Cuál consideras ha sido el punto de inflexión de tu carrera?
No he sentido una explosión sino que todo ha sido un proceso. Aún no creo que haya sucedido ese boom, no siento que haya ese hecho en específico. Mi caso no ha sido por ejemplo como C.Tangana o Rosalía que son artistas buenísimos que los agarra una marca, les meten un montón de seguidores, un montón de views, y de repente ¡pum! es un éxito mundial. Eso está bien pero es otro camino. Yo como hago parte de una escena independiente no me interesa tanto. El ofrecimiento siempre está, pero lo que te ofrecen es para que brilles como artista tu solo, y yo hago parte de una escena. A mí me beneficia más estar inmersa en una escena.

Siendo mujer, ¿Cómo te sientes dedicándote al género urbano?
No me siento como una mujer en el género urbano, sino como un personaje alternativo que representa a toda gente que no encaja en los parámetros de hombre – mujer. Represento a los otros. No me siento como una figura del género femenino en el reguetón sino que represento a los freaks, a los rechazados, a los que nos miran feo por tener tatuajes en la calle, a los trans. El mundo ya pasó de ser solo de hombre o mujer. Cuando empecé a hacer música no fue porque naciera de mi sexo o de mis tetas, ha nacido desde mi personalidad. Si hubiera nacido hombre, trans o lo que fuera, habría hecho exactamente lo mismo.

¿Cuál es el concepto de “perra del futuro” del que hablas en una de tus canciones ?
Puede ser cualquier cosa. En el video de mi canción Perra del futuro el protagonista es un chico, no es una chica. Él también es una perra del futuro. Hay un artista español llamado Jedet quien me dijo que le gustaba mucho una canción mía llamada Sirena, porque a las chicas trans les dicen sirenas, me dijo que se identificaba con la letra. La música que yo hago tiene que ver más con mi personalidad, no es ni siquiera desde un punto de vista. Sin querer la gente se va identificando con ciertas cosas o palabras que para ellos significa algo importante, como que eso es mío.

¿Qué tipo de música o circunstancias te inspiraron para hacer neoperreo?
De escuchar reguetón tanto tiempo he asimilado la sonoridad, pero no soy músico, no fue que me inspirara o admirara a alguien. No soy fan, creo solo una vez pagué por ir a ver un cantante y fue Andrés Calamaro que me gusta mucho. Lo normal sería decirte “si me inspiró Ivy Queen”, pero no, conozco sus canciones y me encantan, como las de Arcángel o Bad Bunny, pero los siento como colegas.

Con el neoperreo como subgénero, ¿Hacia dónde crees que va el género urbano?
Lo que yo creo, lo más probable que va a pasar, es que el género urbano va a conocer a este otro subgénero que es un poco más underground y alternativo.

En el urbano son muy frecuentes las colaboraciones, ¿Con quién te gustaría hacer una?
Colaboración soñada sería algo con J Balvin, Anuel, Cardi B y 6ix9ine.

“Yo me siento sudaca. Hablo diferente a como habla alguien de Chile, tengo otro tono de piel, y en mi ciudad hay mucho reguetón porque es una playa”

¿Cómo inició la relación con el mexicano Toy Selectah, productor en tu álbum Bellaca del Año?
Lo conozco desde hace tiempo. Para hacer ese álbum hicimos un grupo humano con Ulises Lozano de Kinky, y trajimos a DJ Blass, un old school del reguetón. Fue como agarrar a todos y decir, “hagan lo que saben hacer pero versión vampiro loco”, y de ahí salió mi disco Bellaca del año (Nacional Records, 2018).

¿Cómo hiciste para acercar al neoperreo a estos personales del mundo alternativo?
Los traje al lado oscuro. A ellos les gusta el reguetón y el trap, independiente de la música que hagan. La diferencia es que en mi primer disco que se llamó Bien y mal (2016) lo grabé casi en la casa, en el compu, como jugando a hacer música, inventando letras o ritmos, cien por cien libre, y ahora no, ahora es diferente porque es más melodioso, no es tan rapeado. Tienes otras herramientas para cantar entonces el producto final es de mucha más calidad. En eso tiene que ver mucho, claro, el estar rodeada de toda esta gente, y por eso suena increíble en comparación con mis otras producciones, aunque me han dicho que suenan bastante bien para haberlas hecho de manera underground.

¿Qué comentarios has recibido de colegas tuyos del la escena musical en Chile?
En general han sido buenos, pero la verdad es que no voy a Chile hace como dos años, está muy lejos y no tengo mucho feedback, ahora vivo en Los Ángeles. Voy ahora en octubre así que recién me voy a reencontrar con todos. Hace un par de meses que vivo en Los Ángeles, antes viví en México, y antes de eso estaba de gira. Yo vivía en Iquique pero cuando cerré el local vendí todo, dije “Ciao sillón, ciao tele, no tengo casa, ahora soy cantante”. Ahora recién tengo un lugar fijo pero todo el rato he estado viajando.

¿Te sientes parte de la escena de tu país?
Yo solo me siento sudaca. Soy del norte de Chile, de una ciudad llamada Iquique, más cerca de Perú que de Santiago, la capital. Chile es un país muy largo, entonces el resto del país es más helado, y yo vivo en una playa en el Desierto de Acatama, el desierto más árido del mundo, hace mucho calor, hay palmeras, parece otro país. Yo hablo diferente a como habla alguien de Chile, tengo otro tono de piel, y en mi ciudad hay mucho reguetón porque es una playa, por lo mismo el reguetón existió siempre. Es diferente al resto de Chile que es un poco más indie. De hecho, en mis canciones digo: “De iquique para el mundo” porque yo no me siento chilena, mi ciudad no se parece a Chile, por eso soy Iquiqueña, y sudaca.


¿Cómo fue tu experiencia en México antes de establecerte en Los Ángeles?
Fui a una gira y me quedé allí unos meses, y al estar ahí avancé s rápido de lo que pensaba.  En seis meses firmé con National Récords que es de Los Ángeles. Allí la gente es genial, y todo es muy inclusivo, puedes ir a una plaza y ver a una pareja de oficinistas gay tomados de la mano, comiendo, todo bien. Siento que en otros países eso no existe, van a encontrar al chico alternativo con su novio pero no al de oficina. Es una evolución. Por otro lado, la gente trabaja mucho y se valora mucho al artista por regalarte un momento de entretención, lo normal no es tener una vida simple, fácil o regalada, como quizás vivimos en otra parte. Son gente muy linda. 

¿Hasta dónde quieres llegar con la música?
Lo que yo quiero es tener mucha plata y comprarme una casa, tener perro, no trabajar. No me sentiría bien como Madonna, arrugada en un escenario, es decir, si me llena el escenario pero me llena más la fiesta de reguetón. Que hoy en día sea cantante está bueno para crear, pero mi ideal de aquí a un tiempo es poder gestionar otro tipo de cosas, producir ejecutivamente. No tengo una meta desde mi ego de “quiero llegar aquí o estar en x sitio”.