Tiempo de goteras
Entrevistas / Travis

Tiempo de goteras

David Saavedra — 18-11-2003
Fotógrafo — Archivo

”The Invisible Band” (Independiente/Sony, 01) supuso la confirmación popular de Travis además de su máxima valoración como artesanos de canciones de delicadeza guitarrera y emotividad de fácil alcance.

La gestación de su secuela, sin embargo, ha sido mucho más complicada de lo que ellos podrían haberse imaginado. Un accidente de su batería, Neil Primrose, estuvo a punto de acabar con su carrera musical y con la continuidad de la banda. Afortunadamente, el hombre consiguió recuperarse y Travis pudo terminar su cuarto álbum. “Todo lo sucedido con Neil fue muy duro”, recuerda el guitarrista del grupo, Andy Dunlop. “No creímos que podría volver a la banda, ni siquiera llevar una vida normal”.   Las circunstancias obligaron a un largo descanso para Travis y a un replanteamiento de intenciones que han desembocado en su trabajo más amargo y oscuro.

A raíz de uno de los títulos, “Mid-Life Krysis”, le pregunto al guitarra si realmente están sufriendo el mal rollo de ver que están abandonando la juventud. Él asiente a medias: “Realmente hay algo de eso, pero también bastante ironía en el hecho de que te vas haciendo mayor y cada vez te sientes más insatisfecho con cómo funciona el mundo, aunque al mismo tiempo aparezcan algunas de las cosas buenas de la edad adulta. Llevamos bastantes años en esto -prosigue-, nos gusta tocar y lo pasamos bien, aunque hay momentos en los que piensas si vas a seguir disfrutando de lo que hacías antes”. “12 Memories”, de hecho, es un álbum de bajón que contrasta con las sensaciones esgrimidas en temas como “Sing”, que el cantante Fran Healy dedicaba a su novia, siempre avergonzada de cantar en voz alta. Alguien dijo que las canciones de Travis estaban hechas para hacer feliz a la gente. Las de su nuevo álbum, en cambio, parecen escritas para agobiarla. “Bueno, tampoco es que Travis intente hacerte sentir nada”, dice Dunlop quitando hierro al asunto. “No es cuestión de alegrías ni tristezas. Sólo expresamos nuestras emociones e intentamos que eso llegue, pero a cada persona le puede entrar de un modo diferente”.

“En los dos últimos años hemos visto pasar tantas cosas que no nos gustaban… A pesar de que vivimos en democracia, muchas cosas querían ser ocultadas”

Junto con Coldplay, los cuatro escoceses representan actualmente la línea más amable y bondadosa del pop británico, a veces con tendencias más azucaradas de lo recomendable. No obstante, su nuevo clip (“Re-Offender”) parece romper esa imagen de banda sin conflictos al simular una pelea entre sus miembros, metáfora de una canción sobre la violencia doméstica. El guitarra confirma que sí había esa intención (“nos pasamos muy bien haciéndolo y sé que a todo el mundo le pareció muy extraño cuando lo vio”), pero que nunca se ha dado esa situación en el seno del grupo. Su responsable, al igual que de la portada del álbum y las fotos promocionales, es Anton Corbijn, el hombre del blanco y negro granulado que, entre otras, construyó las imágenes más icónicas de U2 o Depeche Mode. Dunlop, sin embargo, desmiente que su contratación obedeciera a un deseo de reinventar también la imagen de Travis. “Eso ha ido cambiando naturalmente”, sostiene. “Le llamamos por el respeto y las ganas que teníamos de trabajar con un gran artista como él, y luego lo dejamos todo a su criterio”. A pesar de que Fran Healy se ha caracterizado por escribir casi siempre sobre aspectos sentimentales reales, el nuevo álbum se ha visto afectado por referentes más externos, fundamentalmente la situación del mundo tras el 11-S. “Todo ha cambiado mucho y muy rápido y eso también ha hecho cambiar nuestras vidas”, explica el guitarra. “Todo te afecta, que haya muerto tanta gente inocente, por ejemplo”. Por primera vez, pues, Travis adquiere conciencia y se marca “la responsabilidad de documentar la injusticia”.

Su nueva vena comprometida se advierte, sobre todo, en “The Beautiful Occupation”, un tema que ya incluyeron en el álbum recopilatorio “Hope” contra la guerra en Irak y que recuperan para el álbum. “En los dos últimos años hemos visto pasar tantas cosas que no nos gustaban… pero también vimos la necesidad de que la gente se activara y mucha de ella lo hizo. A pesar de que vivimos en democracia, muchas cosas querían ser ocultadas. Igual que nosotros, había mucha gente normal que sólo quería saber lo que estaba sucediendo”. Esta actitud, sin embargo, no fue general en todas las bandas británicas. Por cada Travis, Massive Attack o Blur que se oponía a la política de su país con respecto a la guerra había unos Oasis que se posicionaban a favor. Intento que Dunlop opine sobre esto, especialmente por el colegueo que siempre ha tenido Travis con la banda de los Gallagher. No entra al trapo… o no del todo: “Cada individuo tomó su opción y es cierto que la de ellos ha sido un poco curiosa. Nosotros simplemente escribimos una canción y esa ha sido nuestra contribución como artistas. Otros se han implicado más o menos, pero no somos nadie para decirles lo que deben pensar o cómo se deben sentir”. No obstante, en el anecdotario del álbum también hay momentos más alegres, aunque un tanto hooligan, como el episodio en el que Healy se empeñó en conseguir que la hinchada del Celtic de Glasgow coreara el estribillo de “Peace The Fuck Out”. “Estábamos en los estudios en Bath y se le ocurrió esa idea, así que se pilló el coche, se fue al estadio y lo consiguió. Suena muy bien en el disco”, dice Dunlop que, como todos los miembros de la banda excepto su cantante, es fan de los Rangers. “Sí, ya ves quién manda”.

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