Sin lugar a dudas uno de los dúos electrónicos más importantes surgidos en nuestro país en años. Los catalanes continúan paseando su propuesta por todo nuestro territorio y protagonizando un montón de actuaciones por el resto del mundo. Entrevistarles para No Confidencial era ya algo obligado y necesario.

Vamos a empezar por una de las fáciles y que nunca os hemos hecho: ¿De dónde surge el nombre de The Suicide Of Western Culture?

Viene de una mala noche, música house, club en los bajos fondos… una ojeada en un momento de lucidez y pensar ¡estamos jodidos!


Siendo de Rubí (de Terrasa, que no lo tenemos claro al cien por cien), ¿no sería más fácil hacer rap que meteros a grupo de electrónica sesuda?

Somos de los dos sitios, del cinturón rojo… (risas). Y bueno, el rap que se hace por estos lares nos interesa mucho y nos gustaría hacer algo con Griffi, gran productor y que es vecino nuestro. Ya nos remezcló el tema “This Is The Last Time I Shake Your Hand “ para el álbum de remixes, así que lo mismo terminamos de ese guisa hip-hopeando. Quién sabe, nunca puedes decir de este agua no beberé.

En vuestros inicios, ¿cuántas veces tocasteis a cambio de cervezas? ¿Le salió muy caro al promotor?
Tocamos más ahora que antes (risas).. Con la crisis todo Dios va llorando, racaneando… Sobre cuántas birras cayeron por aquel entonces, bueno, unas cuantas, “muchas cuantas”, pero los promotores no son tontos, aunque no te pagasen en metálico te ven venir y te sueltan tickets de consumición que, claro, jamás son suficientes, así que luego les íbamos pidiendo más o nos gastábamos directamente parte del caché inexistente.

¿Usas toneladas de distorsión en tus voces para que el mensaje dé más miedo, para que suene más industrial o sencillamente porque tienes un desastre de voz?

Bueno no, realmente yo no le llamaría voz. Es mucho decir que cantamos, no lo hacemos, lo consideramos un recurso más, del mismo modo que tocamos en directo un Casio o una caja de ritmos. Tampoco pretendemos que se entienda lo que se grita al micro, y nos cagamos en mucha gente, eh. Mejor que sea así (risas). Por otra parte, la voz es un desastre, pero ahora hay aparatos que te la arreglan. Así que no es excusa, queremos que vaya así y punto.


Empezamos diciendo que érais miembros de otros grupos que no querían desvelar su identidad. Ahora todos os hemos visto las caras. ¿De qué grupos veníais?

Era mentira, era para que los periodistas como vosotros os pensarais que éramos de Vetusta Morla o de Fito y los Fitipaldis, de esa forma nos haríais más caso que si simplemente fuésemos unos tíos amantes del lo-fi, los cacharros y el do it yourself de la periferia de Barcelona. Puro marketing, pura estrategia comercial…


¿Se os ocurre una decepción más grande que la que sentimos nosotros el día que os vimos sin capucha?

Hostia, es que todo Dios lleva capucha ahora. Es ya la peste. Recuerdamos un festival en Austria, el Vienna Waves. Bajamos al hall del hotel y había un montón de bandas de todo el mundo desayunando y… ¡Madre mía! ¡La mitad llevaban capucha! Y eran las diez de la mañana. De todas maneras nunca quisimos llevar capucha, fue una cagada.  La portada del primer disco simulaba un manifiesto de Alqaeda, de esos cutres que graban en cámara casera. Pero en lugar del cinturón de bombas nos colgamos uno de pedales como si fuesen salchichones. Gracias a Dios aquello no se entendió, las capuchas eran por todo ese rollo..


¿Existiríais de no ser por el debut de Fuck Buttons?

Sí, claro, pero no habríamos tenido la misma repercusión. En realidad no creo que tengamos tanto en común además, en su último disco nos han copiado ellos el nuestro, ¿o no? (risas).


¿En cierto que, al cumplir los diecinueve, dudásteis entre compraros un sintetizador o un pitbull?

No, no lo dudamos ni un segundo, el pitbull es para nenazas, nosotros directamente pillamos ¡un presa canario!


¿Podríais decirnos de dónde salió esa virgen iluminada que sacáis en los conciertos?

Hostia, eso fue de una tienda de segunda mano. Pero no diremos cuál que luego nos vemos a todo bicho viviente tocando con ella sobre el escenario. Esta tienda es un secreto, está súper escondida ¡y es una mina señores!

¿Nunca habéis pensado que, después de los conciertos, un grupo como The Suicide Of Western Culture no atrae groupies, sino freaks de la música?

Sí, es así, pero nos da lo mismo. En realidad la música es una pérdida de tiempo si alguien tiene en la cabeza aglutinar groupies, resulta menos costoso ir al gimnasio tres veces por semana, tatuarse letras chinas en el cuello y hacerse un perfil en vadoo. ¿Para qué perder tantas horas en un estudio si el desafío de una banda es sumar groupies?

¿Es cierto que la mayor parte del presupuesto para vuestro directo se va en pilas del Mercadona?
Sí, son de las buenas. Las hemos probado todas, son las mejores y por tan solo un euro, las Pan-Sonic del Chino no valen una perra gorda, nah.

¿Os habéis vuelto a encontrar al Guardia Civil que inspiró el tema “I Know The Name Of The Culprits”?

No, pero el otro día nos hablaron de él. Estamos seguros de que era el mismo tío. Por lo visto comentó algo de que la Vía Catalana la disolvía él solo con su alférez, a tortazo limpio, niños included.


Ha llegado la hora de la verdad y tenéis que mojaros. ¿Qué opináis de la música de vuestros compañeros de sello: Lasers, Boreals, Brunetto, Rusty Warriors y Fernando LaGreca?

Nos caen todos mal, menos Fernando Lagreca que no bebe en los showcases de Irregular. El resto le mete mucha caña a las neveras, tienen demasiado saque, demasiado. En cuanto a la música, lo que preguntabas, esa sí que es cojonuda, sin exclusiones (risas). Que conste en acta.

¿Cuál es el motivo principal para eso de “Love Your Friends, Hate Politicians”?

Tan simple y llano como por la pintada en un skatepark de Gijón. Era muy sincera, nos caló y bien se merecía un disco.

Existe un dicho moderno que dice “por vuestros tatuajes os conoceremos”… ¿Podéis revelarlos de qué van los vuestros?

Una picha con alas, un lobo con un indio y un enano fumándose un porro. Somos unos clásicos en toda regla