Después del éxito de “Diamantes” y su hit “Toro”, el quinteto navarro vira ahora hacia el lado oscuro con su quinto disco, “Ballenas muertas en San Sebastián” (Mushroom Pillow, 14). Un trabajo conceptual que apuesta por un sonido más hipnótico y violento para reflejar la confusión y la ansiedad de estos tiempos.

Sabíamos que los hermanos Arizaleta y compañía se habían retirado durante tres meses y pico a una casa sin cobertura ni Internet en un pueblo de la montaña navarra (Bigüezal) para dar forma a su quinto trabajo de estudio. Y conocíamos un adelanto del disco, “Babel”, acogido con tibieza y que una escucha íntegra del disco pone de manifiesto que no es, ni de lejos, el mejor de sus nueve cortes. A pesar de ello, y como nos cuenta el batería y vocalista de la banda, Albaro Arizaleta, en la primera entrevista que concede sobre el disco: “Es una canción que representa muy bien el concepto de ‘Ballenas muertas en San Sebastián’. Es una buena tarjeta de presentación del disco, un puñetazo en el estómago”. Y aunque se han buscado en su letra referencias concretas al 11-M, en realidad, “Babel” se refiere: “a la torre que no terminamos de construir, a esa Europa inalcanzada, el final de una época y de un modelo social. Babel también es una ciudad en decadencia, en confusión, con revueltas en las calles, disturbios, violencia. Habla de la confusión que estamos viviendo”.
Esa misma sensación de caos y extrañeza, que se refleja desde la misma portada, ilustrada con una foto desenfocada de Peio Izcue, impregna todas las canciones del quinto trabajo discográfico de esta grupo navarro que, por primera vez, ha producido un disco conceptual. “Todo en él gira en torno el final de algo, el final de una época y también a nivel personal. Ese final de algo también hace referencia a la muerte. Hemos intentado plasmar el desasosiego que se vive en las calles a través del sonido. Y por eso ‘Ballenas…’ suena más duro que ‘Diamantes’, donde todo era más limpio. Ahora hay más violencia y estridencia. Hay canciones que llegan a resultar un poco enfermizas por el uso de las guitarras y de la base rítmica. Esto refleja una forma de componer obsesiva, como un reflejo de la ansiedad que tenemos ahora todos en la cabeza en Occidente”.

Sin duda, es el trabajo más desesperado e hipnótico de los navarros, que ahondan en la senda electrónica abierta en “Diamantes” pasando de reivindicar los ritmos apacibles de MGMT o Air a entregarse a sonidos más industriales, al kraut, el tecno pop de los ochenta y la escena del Nueva York de los setenta, aquella de Suicide o The Velvet Underground.
Lejos de acomodarse después del éxito de “Diamantes” –que les valió cinco galardones en los Premios de la Música Independiente y con el que giraron durante dos largos años–, El Columpio deciden ahora cambiarlo casi todo, a excepción de la discográfica, para que todo continúe igual. Comenzando por la producción, en manos de un Dani Ulecia que sustituye a Iñaki de Lucas, el grupo se ha reinventado para reafirmarse en los principios esenciales que impulsaron su fundación hace ahora quince años: exaltación de la energía juvenil, discurso alejado de la corrección política y un cóctel estilístico con grandes dosis de rock y punk, un buen aderezo de electrónica y algunos toques de pop. “La actitud de este disco se acerca más a nuestra esencia, está más cerca del ‘De mi sangre a tus cuchillas’ que de ‘Diamantes’. Mientras ese tenía un sonido más pop, este es más visceral, con más tensión y más densidad. Es un disco más arriesgado, tiene mucha energía y es muy de directo. Está lleno de bucles, mantras eléctricos e hipnotismo, aunque entiendo que pueda haber gente a la que se le haga un poco más difícil y necesite más escuchas para familiarizarse”. Una opinión que compartimos. Su oscura “Intro”; el desquicie de “Escalofrío” o “La lombriz de tu cuello”, el estribillo de “Ballenas muertas en San Sebastián”, el de mayor pegada de la trayectoria de la banda, más incluso que “Toro”, los guitarrazos estridentes de “Susúrrame” o el bajo sensual de “Anzuelos”, hacen de este trabajo el más adictivo de la discografía del grupo. Una obra que responde al momento que atraviesa ahora El Columpio Asesino. “Nos apetecía hacer algo especial. Nosotros no entendemos hacer música si no es con el corazón. Creemos que se está creando una especie de sonido Zara en el indie y que falta un poco de mala baba y algo que chirríe en la radio. Y así hemos enfocado el disco”.

Las presentaciones en directo comenzarán el 5 de abril en Tolosa. Por delante, un verano repleto de citas festivaleras. De momento, están confirmados 360, Contempopránea, BBK Live, Low Festival, Santander Music Festival, Arenal Sound o Sonorama.