El anterior disco de Santero y los Muchachos, “Ventura” se convirtió en una verdadera lección de amor por el rock de escuela, elegante, polifónico y brillante. Su nueva criatura, “Rioflorido”, gestada durante casi un año en un viejo palacio del siglo XVIII, confirma que la inspiración sigue vigente.

A Miguel Ángel Escrivá, Joseman Escrivá y Soni Artal, viejos conocidos respetados de la escena valenciana (Absenta, Mafarka, La Pulquería), se les ha unido Pau Garcia-Serra (la transición, tras la salida del batería Marc Guardiola, la cubrió, durante unos meses, un viejo conocido: Adri Cachorro). Ellos han sido los encargados de ir cincelando, en varios meses, embrujados por las inmensas estancias, cacofonías, humedades, olores y buenas vibraciones de un palacete abandonado del XVIII, un trabajo, “Rioflorido” (Actúa Music, 2019), inspirado en el primer marqués que habitó un lugar que, definitivamente, se ha convertido en uno más de los miembros del cuarteto.

Nos detalla el proceso Miguel Ángel: “Un seguidor muy allegado nos abrió las puertas de este lugar deshabitado. Vimos claro que era perfecto, dada la fase creativa en la que estábamos. No solo se compuso, sino que allí se grabó también. Entramos en enero de 2018 y, ahora, un año después nos toca abandonarlo. Esa era la condición. Ninguna de las canciones habla de ese lugar pero sí, en cambio, ese lugar nos ha albergado dándonos la mayor parte de la inspiración y energías”.

El trabajo, que será presentado por toda la península a partir una gira que comenzará en marzo, sigue los pasos de aquel “Ventura” (Actúa Music, 2017) que tan buenos resultados ha brindado a Santero y los Muchachos. Temas como “Estamos bien”, “Mañana asesina” (su primer sencillo), “Como todos”, “Guantanamera” o la evocadora “Algo más”, siguen oliendo a ese rock clásico (reposado, insisten ellos) que combina, con maestría, la punta en blanco con lo canalla; que rezuma aromas de verbena de altura a la orilla del mar. Sin prisas, eso sí, porque da la sensación de que el proceso de transición entre ambas creaciones ha sido bastante pausada y poco traumática: “Así es. Las alegrías no son, ni más ni menos, que las que la gente nos ha dado siguiéndonos y canturreando nuestras canciones. Eso es así. Fuimos añadiendo los estímulos personales que, junto al lugar donde se concibió, obtuvimos, y la inercia definitiva se llama “Rioflorido”. El disco lo hemos abordado con calma. Comenzamos en junio, deteniéndonos algo en verano por algunos conciertos, además de proseguir la composición, y se terminó de mezclar a finales de diciembre”.

“Hace demasiado tiempo ya que dejamos de tener la edad en la que te da solo por una corriente o estilo”

Porque, solo de esta manera, a fuego lento, es posible que Santero y los Muchachos sigan moldeando esas composiciones repletas de sedosas armonías vocales, de sensaciones que son capaces de proyectar, en la imaginación del oyente, escenarios, lugares…: “Hace demasiado tiempo ya que dejamos de tener la edad en la que te da solo por una corriente o estilo. Nuestras cabezas están nutridas por demasiadas fuentes de inspiración. Quizá lo mas importante para nosotros es el orden de prioridades. Esto es canción y luego estilo. Si montas una banda invirtiendo ese orden será más complicado aportar algo a la gente con tu cancionero. La canción manda y está por encima de lo que se lleve. Para nosotros, además, es ya inevitable arroparla con mucha carga vocal. Eso es algo que como músicos hemos hecho en cualquiera de las formaciones en las que hemos estado”.

Los seguidores de la banda, por cierto, habrán advertido que, desde que este nuevo proyecto asomó la cabeza, la imagen del grupo ha ido adquiriendo una identidad peculiar y definida. De hecho ha sido la artista Carla Fuentes la encargada de poner su buen hacer al servicio de Santero y los Muchachos. Y, sin duda, su imaginario ha calado bien hondo en la filosofía de “Rioflorido”, como confirma Escrivá: “De manera total y absoluta. Teníamos el nombre, que es el nombre del primer marqués que habitó la casa, y Carla se ha encargado de enfatizar esa idea dándole el sentido que merece a esta especie de nobleza plebeya por la cual una banda insolvente trabaja en semejantes estancias. Le dio sentido a todo el arte e imagen del disco”.

Junto a Carla, otros nombres de artistas ilustres han querido ir sumándose a esta travesía. Un buen día, el cuarteto comprobó cómo la guitarra inconfundible del gran Twanguero comenzó a acompañarles en mitad del sendero: “Él vive en Los Ángeles, pero lo cuadramos aprovechando que su gira pasaba por nuestra ciudad. Así que lo hicimos muy a la valenciana. Pasamos un día estupendo de paella para luego llegar a la grabación y que él soltara con suma facilidad todo aquello, como un simple estornudo de guitarra. Con el subidón grabó dos canciones más, por diversión, sin haberlas escuchado, mientras le cantábamos los acordes. Fue sorprendente. Diego es un magnífico. Un portento”.

22 marzo – Alicante (San Juan) – Euterpe

29 marzo – Bilbao – Azkena

30 marzo – Santander – Blackbird

4 abril – Madrid – Boite Live

5 abril – Toledo – Pícaro

7 abril – Gijón – Gijón Sound

12 abril – Albacete – Clandestino

13 abril – València – Moon

26 abril – Zaragoza – Rock and blues café

3 mayo – Barcelona – Continental

10/11 mayo – Jávea – Montgorock

21 junio – Murcia – Garage