La vida de Raül Fernández Miró, Refree para el gran público, es un no parar creativo. El pasado mes de diciembre publicaba “La otra mitad” (Tak:til, 18), un disco que recoge dos EPs de la serie “Jai alai”, el segundo de ellos, banda sonora de la película de Isaki Lacuesta, “Entre dos aguas”. Poco antes había publicado “Miedo” (Enunplisplas Musica, 18), disco firmado a medias con el siempre genial Albert Pla.

En estos momentos el músico y productor barcelonés, que fue el primero en alertarnos del talento de voces sublimes como las de Rocío Márquez, Sílvia Pérez Cruz o Rosalía, se encuentra produciendo simultáneamente el nuevo álbum en solitario del que fuera guitarra de Sonic Youth, Lee Ranaldo, y estuvo involucrado en la fase inicial del debut de la ganadora de OT 2017, Amaia Romero. Refree es una de las figuras más interesantes y fascinantes de nuestros cosmos musical.

Ahora es imposible clasificarte, pero tus primeras experiencias estaban relacionadas con el mundo del hardcore.
Nunca he sido un estratega en el sentido de que nunca diseñé un plan maestro para mi carrera pensando muy detenidamente en cada paso a dar. Si me he guiado por algo ha sido trabajar en proyectos que me realmente me gusten. Esta ha sido la coherencia. Siempre he tenido claro que si me lanzaba a un mundo tan complicado como el de la música tenía que ser para trabajar en lo que me apasione. En la música si no haces lo que te gusta, no vale la pena. Y sí, el hardcore era lo que me gustaba cuando empezaba.

“Puedo ser muy seguidor de un músico, pero si le estoy produciendo un disco tengo que tirar adelante el proyecto siguiendo el criterio que yo creo que es el bueno”.

Y esa coherencia es la que te ha llevado a trabajar simultáneamente en el nuevo disco de Lee Ranaldo, el que fuera guitarrista de Sonic Youth, y a producir el disco de debut de Amaia Romero, la ganadora de Operación Triunfo 2017.
Totalmente. Me lo han comentado diversos amigos: “¿Te das cuenta que el mismo mes has trabajado con Lee Ranaldo y Amaia Romero, que son como extremos?”. Pero para mí es algo muy natural. Sí que con los años me he dado cuenta que se ha materializado una especie de sueño que tenía: los pasos que voy dando en el mundo de la música son naturales porque la gente no se espera nada en concreto sino cualquier cosa. Ahora puedo hacer un proyecto muy experimental para luego pasar a grabar un disco de canciones en su concepto más convencional.

En el plano más propiamente tuyo, el último proyecto, que entraría dentro de la faceta más experimental, ha sido “La otra mitad”, un disco que recoge dos EPs de la serie “Jai alai”; el segundo de ellos, banda sonora de la película de Isaki Lacuesta “Entre dos aguas”.
“La otra mitad” marca un punto de inflexión en mi carrera. Seguiré haciendo canciones en el sentido más tradicional, pero este proyecto me ha llevado a mostrar una parte de mí que hasta ahora había enseñado muy poco, la relacionada con un tipo de música más instrumental y experimental. Por eso, y entre muchas otras cosas, el título es “La otra mitad”. Tenía la sensación que estaba mostrando algo que todavía no había mostrado en formato físico.

¿En este sentido de la experimentación, como te ha influenciado trabajar con Lee Ranaldo?
Trabajar con Lee Ranaldo ha sido, primero, un espaldarazo a nivel internacional, lo que no significa que ahora sea súper conocido en todo el mundo. Pero, por ejemplo, recuerdo que al principio de trabajar con él nos encontrarnos en un aeropuerto a otros artistas. Él me presentó como su productor. La reacción fue totalmente diferente a si me hubiera presentado como un músico de Barcelona. Trabajar con Lee ha sido una experiencia muy potente, pero a lo largo de mi carrera he tenido la suerte de trabajar con gente a la que previamente ya admiraba muchísimo. Ha sido el caso de Kiko Veneno, Christina Rosenvinge o, más recientemente, el cantautor británico Richard Youngs.

¿Es difícil separar el fan del productor?
Puedo ser muy seguidor de un músico, pero si le estoy produciendo un disco tengo que tirar adelante el proyecto siguiendo el criterio que yo creo que es el bueno. Otra cosa es que como productor siempre intento consensuar las decisiones.

¿Y es complicado consensuar decisiones con músicos? Es su obra, no debe ser agradable que venga alguien y les diga que eso debe hacerse de otra manera.
Yo no hago discos de encargo. En el pasado, como productor hice algún disco porque me lo pidió la discográfica del grupo o del artista y no el grupo o el artista en cuestión, y no funcionó. Debe ser el artista el que quiera trabajar contigo y mostrarte una confianza, no diré ciega, porque siempre hay momentos de fricción, aunque la fricción y la tensión también pueden ser creativas, pero sí una confianza importante como para dejarse llevar por tu criterio. Cuando me viene a buscar alguien como Josele Santiago o Els Pets para que les grabe un disco, no solo pienso en qué es lo mejor para esa colección de canciones que quieren grabar sino qué es lo mejor para ellos como artistas: qué es lo que han hecho antes y qué es lo que, como oyente y melómano, me gustaría escuchar de ellos a partir de ahora, cuál es el camino en el que creo que brillarán no solo con ese disco sino como trayectoria.

Y cuando tú trabajas en tus propios discos, ¿a ti quién te saca de tu zona de confort?
Yo mismo. Puede que mi zona de confort sea una zona de no confort. Estos últimos días estaba trabajando en una banda sonora para un directora novel que se llama Marta Lallana. Acaba de hacer una peli y me dijeron que le apetecía mucho trabajar conmigo. Me pasaron la peli y me encantó. Como me guío por estos instintos, les dije que sí. Por impulso, lo más fácil hubiera sido hacer algo parecido a “Entre dos aguas”. Y así lo hice hasta que empecé a preguntarme por qué lo estaba haciendo así. Lo cambié todo.

“No he descubierto a nadie. Lo que sí puedo aceptar es que cuando conozco a alguien que creo que tiene talento y me emociona, quiero trabajar con él o ella”.

¿Consideras las producciones en las que trabajas parte de tu propia obra artística?
Totalmente, lo que no significa que no tenga muy claro cuando trabajo para alguien: cuando produzco a un grupo o a un artista no intento hacer mi disco. Pero también soy muy consciente que yo no habría llegado hasta “La otra mitad” sino hubiera hecho todos los discos que hecho, míos o como productor. En cada disco que produzco, yo ofrezco pero también recibo y aprendo del artista. En casa tengo un armario en el que guardo todos los discos que he hecho, desde el primero al último en línea cronológica, y no separo los míos de los que he producido.

¿Cual fue el primero?
“Mênage” (BCore/RCA, 97) de Corn Flakes. Después ya vino Élena, Romodance, el disco que produje a Roger Mas, “Mística domèstica” (K Industria, 2005)… Y si sigues toda esa línea puedes ver una coherencia en todo lo que he ido haciendo.

¿En qué proyectos tuyos está trabajando actualmente?
Está el disco a dúo con Richard Youngs y el disco con Lee Ranaldo, que también saldrá firmado por los dos: fui a producirle pero empezamos a trabajar de una forma diferente y fue él quien me dijo que este saliera firmado por los dos y que ya le produciría el siguiente. Todo un honor. Ahora me voy a Lisboa a grabar a una cantante joven de fados que se llama Carolina. Tengo ganas de seguir explorando el camino iniciado en “La otra mitad”. Grabar con cantantes no profesionales. Grabaciones (casi) de campo. Voces que no son perfectas pero que tienen una magia.

Como productor has sido descubridor de voces fascinantes como las de Sílvia Pérez Cruz o, más recientemente, Rosalía.
Me lo han dicho varias veces pero no puedo decir que yo haya descubierto a nadie porque no ha sido así. A la Sílvia ya había mucha gente que la conocía antes de que empezara a trabajar conmigo. En el caso de la Rosalía, fue un amigo común, Luis Troquel, quien me la presentó. De hecho también fue él quien me presento a Sílvia. No he descubierto a nadie. Lo que sí puedo aceptar es que cuando conozco a alguien que creo que tiene talento y me emociona, quiero trabajar con él o ella. Claro, si me viene Lee Ranaldo, todo el mundo sabe que es un tipo de un talento desbordante. Cuando me vino Rosalía, no la conocía tanta gente, pero el talento ya estaba ahí antes de que yo la conociera.

Con Rosalía grabaste su primer disco, “Los ángeles” (Universal, 17), una obra increíble. Pero lo que está consiguiendo con “El mal querer” (Universal, 18) es…
¡Alucinante! Lo está haciendo muy bien. Cuando estábamos tocando juntos me explicó la idea que tenía para su segundo disco. Le contesté que no sabía si sabría materializar todo eso que tenía en mente. Y también le dije que me parecía un paso muy arriesgado. Me parecía que esa era su evolución natural, pero mezclar electrónica con flamenco era algo que podía generar mucha controversia.

“Intento estar en contacto con todo lo que sucede musicalmente y coger lo que más me interesa. A nivel de producción, en la música negra es donde se está yendo varios pasos más allá, mucho más que en el rock”.

De hecho, con “Los ángeles” ya se os critico mucho desde los círculos más ortodoxos del flamenco.
Exacto. Pero tampoco nos importó. Igual que a ella no le ha importado dar este paso. Y lo está haciendo tan bien. Con cada paso que da tiene tan claro la línea que quiere seguir. Y no solo me refiero a lo musical, sino también a cómo debe manejar su carrera en general.

Hay una generación de artistas nuevos súper preparados, que saben usar muy bien las herramientas que tienen para conseguir llegar donde quieren.
Sí. Otro ejemplo es el de C. Tangana, un artista que sabe hacer música pero, a parte, sabe muy bien cómo colocar su música para que se escuche. Algo que la gente de mi generación no teníamos ni idea. Ellos saben negociar con las discográficas, moverse en las redes, con los medios… Hay, sin embargo, algo de esta generación que no acabo compartir.

¿Qué?
Toda esta reivindicación que hacen del lujo. Esta idea que triunfar significa ganar mucho dinero y la fama… En mi generación, aunque queríamos triunfar, este factor más materialista creo que no estaba tan presente. No nos planteábamos si tal marca nos enviaba su último modelo de zapatillas o teníamos una limo esperándonos. Me gusta que no solo sean músicos y que sean capaces de tener esa facilidad para conectar y llegar a la gente, pero esta otra faceta… Espero que sean capaces de darle la vuelta y no ofrezcan un mensaje que, en algunos momentos, puede resultar un tanto materialista e individualista.

¿Musicalmente te interesa todo lo que está sucediendo con el trap, el hip hop, las músicas urbanas?
Muchísimo. No me gusta todo, pero hay cosas que encuentro muy interesantes. Este último año he estado muy enganchado a discos como el de Pusha T. Intento estar en contacto con todo lo que sucede musicalmente y coger lo que más me interesa. A nivel de producción, en la música negra es donde se está yendo varios pasos más allá, mucho más que en el rock. Están consiguiendo cosas que no había visto nunca antes: hacer bases muy experimentales y convertirlas en algo súper comercial. Destacaría a nombres como Travis Scott o Kanye West, que a nivel de producción me parece alucinante.

¿Tienes tele?
No. Tengo ordenador y en el vemos todo lo que queremos. Aunque, si soy totalmente sincero, la verdad es que sí que tengo un televisor pero no tengo antena. Conecto el ordenador a un proyector y lo miramos todo en la pared. Sobre todo el fútbol.

¿Eres futbolero?
Sí. Soy socio del Barça desde niño pero no voy nunca al campo. Mi carnet lo utiliza mi hermana para ir con un amigo suyo. Pero si veo un partido lo vivo a saco. Soy muy culé.

¿Y no ves Operación Triunfo?
No lo había visto nunca hasta ahora (ríe).

¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar con Amaia Romero?
Un día me llamaron del Primavera Sound y me comentaron que estaban con una persona que quería hablar conmigo y conocerme. Era Amaia.

¿Sabías quién era?
No. Sí que algunos amigos me habían comentado que en esa edición de OT había una chica que era muy buena. Se referían a ella, a Amaia. Charlamos por teléfono y quedamos un día para tocar. Nos entendimos perfectamente desde el primer momento. Por eso no me lo tuve que pensar cuando surgió la posibilidad de producir su disco. Hemos estado trabajando en Nueva York. Había cierta presión, por ser quién es, y salir de dónde ha salido, pero ha sabido manejar perfectamente la situación.

En este sentido, la elección como primer single de un tema como “Un nuevo lugar” ha sido una jugada maestra.
Yo creo que sí, porque ya pone sobre aviso a la gente que no espere un disco al uso de un concursante de Operación Triunfo.

Lee Ranaldo y Amaia Montero. La línea entre el indie y el mainstream ha quedado totalmente diluida.
Ya no existe. Es un debate que por suerte se ha vencido y por diversas razones: la gente del indie está intentando hacer cosas más mainstream y, en el otro lado, la gente del mainstream está haciendo producciones más arriesgadas. Un ejemplo es “Dirty Computer” (18), el último disco de Janelle Monáe. Una producción súper comercial, pero al mismo tiempo tiene a Brian Wilson colaborando.