“Félix y yo ya teníamos nuestros curros y esto comenzó siendo solo un hobby”, arranca diciendo Dani sobre el kilómetro cero de RATA. “Hacíamos música en el estudio sin llegar a pensar siquiera en que la sacaríamos algún día. Era un poco como una vía de escape que nos servía para entender cómo podía ser nuestra música sin estar supeditada a sonar de una determinada manera”. Ni al uno ni al otro les es ajena la industria, por supuesto: el primero publica música con su propio nombre (daniel sabater) y el segundo es bajista ocasional en otros proyectos como WALLS. Pero, a pesar de estos pluriempleos puntuales, ambos han sabido reconocer que esta empresa a cuatro manos tiene algo de especial. “Siempre hemos defendido que hay que hacer las cosas de corazón. Literalmente, hacemos la música que a nosotros mismos nos gustaría escuchar. RATA somos los dos sin filtro alguno y haciendo lo que nos gusta”.
Cualquiera que los haya visto en directo sabrá que, pese a que el dúo murciano se presentase formalmente en sociedad hace poco más de un año, su sonido es ya el de unos alumnos aventajados. En ocasiones cuesta creer, incluso, que sean tan solo dos sobre las tablas. “Y no queremos que eso cambie”, admiten, al tiempo que nos revelan su particular secreto para sonar como suenan. “Somos muy frikis del sonido y ponemos mucho esfuerzo y dinero en lograr sonar a lo grande. No te puedes llegar a imaginar la cantidad de sonidos que nos enviamos mutuamente a lo largo del día. Gracias a los quinientos pedales que lleva Félix podemos hacer que su bajo suene a tres instrumentos a la vez, programándolo para que vaya cambiando y respetando las dinámicas de cada canción. Nos encanta seguir siendo solo dos allí arriba, así que por ahora seguiremos tirando de tecnología y aparataje para conservar eso”.
“Tenemos la suerte de que RATA nos permite hacer las cosas desde una total libertad"
Prisa por crecer no tienen, también lo dejan claro en temas como “YO DE MAYOR QUIERO SER YO”, pieza en la que reivindican el derecho a no tener que destacar a toda costa. “El tema habla sobre querer ser normales, tanto como músicos como personas. Ninguno de los dos somos nada del otro mundo, pero nos enorgullecemos de ser honestos y queremos que eso también se note en nuestras canciones. La mística del artista y del icono está muy bien y la respetamos, pero la verdad es que no va demasiado con nosotros ni sentimos que tenga ningún sentido defender un personaje elaborado sobre los escenarios. Lo que hacemos ahí es cagarla una y mil veces y decirnos de todo, porque somos transparentes y así es como nos gustaría seguir siendo”.
Si su fichaje por una multinacional como Sony pone o no en riesgo ese anhelo, ellos también lo tienen claro. “En ningún momento hemos sentido presión por aparentar ser más grandes o mejores”, asevera Félix. “Desde el momento en el que nos conocieron vieron que simplemente éramos dos chavales de Murcia, que nos lo pasábamos bien, que estábamos todo el rato de coña y que transmitíamos algo con lo que mucha gente podía sentirse representado, y eso fue lo que hizo que las cosas fluyeran tan bien entre ambas partes. Si hubiésemos visto cualquier intención de dirigir nuestras ideas, o imponernos directamente otras, habríamos sido los primeros en salir por patas, pero nunca fue el caso. Seguimos teniendo el mismo equipo con el que empezamos, compuesto por nuestra gente, y eso ellos lo respetan”. Un equipo que no pasamos por alto durante nuestra charla; pues aunque la huella de la dupla vaya siempre por delante, si el proyecto ha conseguido superar esta carrera de fondo es, desde luego, gracias a la contribución de varios nombres que así lo han hecho posible. Solo en los créditos de su disco encontramos a figuras como Víctor Murcia, Chechu Aurrecoechea, Maite Gallardo (ex-shego), Ginés Paredes (WALLS) o Luz Abril (Trashi). “En un principio no queríamos que el disco contara con demasiadas colaboraciones, pero fueron surgiendo y han terminado siendo imprescindibles para que este suene como lo hace”, dicen. “Todos los que han participado de una forma u otra entendieron la energía y la vibra del proyecto desde el principio y han aportado cosas muy interesantes al mismo, pero como también lo ha hecho nuestro equipo de trabajo. David, Jaime, Claudia, Javi, Jesús, Mini… Solo se nos ve a dos ahí delante, pero RATA es, en realidad, muchísima más gente”. Luz (Trashi), por ejemplo, es la responsable de co-escribir junto a los chicos el tema “TIPOS DUROS”, una inversión total de los tópicos en la que la banda sostiene la tesis de que lo más difícil es permitirse ser sensible. “Al principio no buscábamos que el tema fuera en esa dirección”, explica Dani. “Quiero decir, nadie se plantea hacer un tema expresamente deconstructivo así porque sí, ¿no? La idea, de primeras, era escribir una canción sobre esas cosas que nos hacen felices y que no están, quizás, encuadradas dentro de los cánones más habituales de la masculinidad arquetípica. Pero, poco a poco, la letra fue derivando en reflexiones más profundas y en dar espacio a la importancia que tienen ciertas cosas para nosotros que, sin ellas, directamente no seríamos los mismos […] Me tengo que contener muchísimo cada vez que la canto, porque me emociona un montón”, confiesa Dani con una sonrisa tímida. “Recuerdo que nos llevó bastante tiempo terminar de escribir la letra porque en el fondo, y ahora me doy cuenta de ello, creo que no queríamos que ese proceso acabara nunca. Como te imaginarás, su composición derivó en abrir muchos melones y hablar a calzón quitado de cosas muy personales para nosotros, lo que nos dio un punto de vista muy interesante de cara a terminar la canción. Se nota mucho que es una de nuestras favoritas, ¿verdad? (risas)”.
Resulta razonable pensar que estos niveles de apertura emocional y entendimiento profesional no habrían sido posibles si no primara, por encima de todo, su amistad. Ellos mismos describen sus canciones como una extensión de ambos e insisten en que, antes de compañeros de banda son amigos. “Siempre hemos tenido claro que el cariño que nos tenemos va por delante”, afirma Dani, aunque Félix le recuerda entre risas que “últimamente hablan demasiado de curro”. “Sí, ¿y sabes por qué? Porque esto, realmente, nos obsesiona muchísimo a los dos y el hecho de compartir esto que nos está pasando, el poder decir que nos dedicamos a esto, es realmente bonito. Pero eso no quita que haya que hacer de vez en cuando un ejercicio consciente para proteger la amistad. Ya sabes, prohibirnos hablar de música por un rato, ir a cenar, a jugar al pádel… Es fácil quemarse si no lo controlas, pero por el momento no es nuestro caso. Todavía no nos hemos aburrido el uno del otro [risas]. Esto es como un matrimonio… De hecho, hay veces que tengo hasta que hacer memoria para recordar si le he contado algo a mi novia o a Félix”.
Si alguien duda de esa unidad, ahí está la portada de “NO ME QUIERO MORIR NUNCA”, con sus pequeños trasuntos en primer plano, como señal inapelable de su comunión y de ese cariz nostálgico que el disco también lleva por bandera. “En el fondo es que nos sentimos como dos críos haciendo esto”, reconocen. “Tenemos la suerte de que RATA nos permite hacer las cosas desde una total libertad, jugando a lo que nos gusta y sin pensar las cosas demasiado: justo como cuando éramos pequeños. Pecamos de nostálgicos, sí, en tanto que nos flipa recordar la música que escuchábamos con quince o dieciséis años y dejar que esta impregne nuestro sonido. Pero es un gesto de amor. Amor a lo que fuimos y a lo que vivimos. Tal y como nosotros lo vemos, son referencias que, más allá de estar contribuyendo a que nos quedemos estancados en un momento concreto de nuestras vidas, nos han ayudado a generar más momentos de los que, de seguro, acabaremos sintiendo nostalgia también dentro de unos años. En ese sentido, es un disco más presentista de lo que a priori puede parecer”. Porque, ante todo y como decíamos, el verdadero cimiento del proyecto es su memoria compartida. “Hemos hecho mucha música juntos pero lo que más hemos hecho desde siempre es beber, comer y jugar al FIFA”, sentencian. “Ser nostálgico es un privilegio, si lo piensas: significa que has vivido momentos bonitos de los que poder acordarte. ¿Por qué avergonzarnos de eso?”.
El éxito de Félix y Daniel sirve, a su vez, para dar fe de que, ahora ya y sin lugar a duda, algo está pasando en Murcia. Con ellos, la capital del Segura renueva una vez más sus votos como tierra prometida del indie patrio. “Quizás sean las marineras”, bromean cuando les pedimos que nos cuenten cómo es construir una banda allí. “No sé, simplemente es nuestra ciudad. Nunca sabemos muy bien qué responder cuando se nos pide una reflexión al respecto y apelamos a los clichés de siempre. Que si el clima, la gente, los bares… Murcia no tiene nada en particular y hay de todo al mismo tiempo. Es como un pueblo grande en el que todo el mundo conoce al resto, y si no, conoce a alguien que conoce al que te falta por conocer. Y eso es muy bonito”. A eso añaden que: “Es posible que, en el pasado, ciudades como esta tuviesen algún complejo con respecto a la centralidad que siempre ha habido en la música española, pero, desde luego, hace tiempo que eso está superadísimo y está claro que Murcia no tiene nada que envidiarle a nadie. No paran de salir bandas y proyectos impresionantes de aquí y por nuestra parte estamos muy orgullosos de nuestra tierra y de pertenecer a una generación de artistas tan bonita. Ya desde el origen del grupo teníamos claro que viajaríamos al lugar al que nos tocase para reunirnos con discográficas, hacer entrevistas o dar conciertos, pero dormir, dormimos en nuestras camas. Lo pondríamos en el contrato si hace falta [risas]. ¿Qué vamos a decir? Murcia es nuestra casa y de aquí no nos mueve ni Dios”.
Somos dos en un reloj
Dani Sabater y Félix Esteban son los últimos en recordarnos los buenos resultados que históricamente ha dado la química a cuatro manos en el rock. Se nos acumulan en el cielo de la boca los ejemplos, tanto de aquí como de allí, para sujetar esta tesis. Sin mirar excesivamente atrás podemos citar algunos nombres nacionales que defienden su propuesta en formato dúo –en estudio y en directo– como Cala Vento, Bala, Pinpilinpussies, Niña Coyote eta Chico Tornado, Boys Kissing Boys, La Joya… O Internacionales como Royal Blood, Japandroids, Death From Above 1979, los tan de moda Angine de Poitrine y, por supuesto, Jack y Meg White. No hay duda: hay algo especialmente magnético en esas formaciones a dos que trabajan al filo de la intemperie, sin redes de seguridad ni dobleces bajo las que esconderse. Y verlas jugarse el tipo en directo es ya la gustera padre. Esa tensión elemental, casi física, en la que cada canción se sostiene por pura voluntad, concordancia y oficio, ofreciéndonos a los mortales el placer culpable de verle las costuras al sonido.
El asunto no se agota en la mera aritmética. Por si quedan dudas, la dupla no es una formación menor ni una banda incompleta, como con frecuencia se sugiere desde cierta mirada condescendiente. Si algo nos han demostrado las bandas mencionadas (y tantas otras) es que, contra la ciega entrega al exceso de orfebrería, capa y virtuosismo, siempre nos quedará la parejita para volver a recordar lo esencial. Claro que reducir el formato a sus ventajas logísticas (menos bocas que alimentar, menos equipo que mover y menos egos con los que lidiar) sería quedarse tan solo en la epidermis del asunto. Frente al complejo de grandilocuencia en el rock, la furia granítica de Anxela Baltar y la precisión casi marcial de Violeta Mosquera, la conexión telepática entre Aleix Turon y Joan Delgado, o el intercambio entre delicadeza y dentellada de Ane Barcena y Raquel Pagès nos hace preguntarnos, de forma retórica, que quién necesita más.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.