Miguel Rivera habla de “Satie contra Godzilla”, un disco potente y “en crudo” fruto de una Maga renovada que se ha dejado impregnar por el contacto del directo, que “no tiene miedo al cambio” y si “un montón de cosas que contar”.

Como el amante justo, Maga se abre. Es momento de ensanchar las rendijas, desbrozar corazas. Como el amante justo, Maga elige darse a lo que recibe, dejarse penetrar por la esencia de esos miles de seguidores que han hecho de este grupo uno de los referentes de la música independiente en este país. “Satie contra Godzilla” es fruto de eso y de muchas más cosas. Un disco ensartado de referencias, hijo del directo y del contacto extremo con su público en el que la banda liderada por Miguel Rivera se renueva y se abre a sonidos más contundentes y letras menos crípticas. En el centro, la lucha de contrarios que opone una “Gymnopédie” de Erik Satie a la furia del dinosaurio mutante y, sobre todo, el papel de los seguidores, de sus fieles y leales seguidores, testigos de la gestación de las canciones y hasta responsables del desconcertante título del trabajo. “A través de la iniciativa ‘Cinco tardes con Maga’ de 365diasdefestivales compartíamos el estudio on line con aquellos que quisieran participar en el proceso creativo. Fue uno de los fans el que propuso que nombráramos así el disco por una comparación que había hecho Pablo al hablar de cómo contrastaban el bajo y la batería con los acordes melódicos de un tema”, apunta Rivera consciente de cuántas veces le queda explicar esa historia “larguita pero interesante”.
Hijo de su tiempo, de la intensa gira del grupo con su trabajo anterior, “A la hora del sol”, “Satie contra Godzilla” tampoco podría entenderse sin la colaboración de dos nombres: Ramón Rodríguez (The New Raemon) y Santi García (Estudios Ultramarinos). “El disco nació en mitad de la gira, empalmábamos la composición con la interpretación en directo y Ramón nos animó a poner eso que salía sobre el escenario en el nuevo proyecto. Él nos habló de Santi y la historia fue tan bien que terminó coproduciendo el disco. Luego, a través de la plataforma 365diasdefestivales, conforme íbamos componiendo se lo mostrábamos al público. Hemos aprovechado esa inercia, esa energía, para hacer un disco que prácticamente no tiene postproducción, que está libre de aderezos a posteriori. Un disco en crudo”. El cambio hacia un sonido más abierto ha despertado los oídos de algunos y decepcionado a otros, empeñados en que el personalísimo sonido de los sevillanos continúe intacto. “Cuando pasan los años hay que inventar cosas para no aburrirte. Los grupos son tan endogámicos que muchas veces llega un momento en que odias al resto. No te olvides que esto no es más que cuatro notas tocando sin parar y a veces hace falta que entre el aire fresco de fuera. Aire de verdad, no me refiero sólo al cambio de productores o de discográfica, sino de la gente que nos quiere y que desde el cariño quiere seguir creciendo con nosotros. Nos expusimos a esas miles de personas y eso nos hizo ser más minuciosos, ensayar con más precisión, lo que se ha notado a la hora de grabar porque todo estaba prácticamente hecho”. Rivera sabe que esta apertura no dejará indiferente. Por un lado, animará a muchos a acercarse al sonido del grupo y, por otro, levantará -bueno, ya está levantando- las pústulas de cierta crítica especializada, ese indie español que reconoce “a veces un poco integrista”. “Se quiere quedar con el primer disco de Los Planetas o de Chinarro, no quiere que evoluciones y esto no puede ser. Tenemos que crecer, no sólo por algo material sino sobre todo espiritual. Ahora Maga es esto. Si significa que ahora hay más gente que la abraza, estamos encantados”. ¿Y no les da miedo entrar en ese mainstream que destrona a los grupos de culto? “Si entrar ahí significa hartarse de ganar billetes, yo me lanzo”, bromea Rivera, “Con tantos prejuicios al final cuando haces música independiente te quedas con lo peor de cada casa: nos morimos de hambre y nos exigen no evolucionar para no perder la esencia. Hay que encontrar el equilibrio que te permita vivir de esto sin traicionarte y desoír ciertas críticas no constructivas porque a la gente le encanta comprar discos de músicos muertos, muertos de hambre quiero decir”.
Aperturas aparte, “Satie contra Godzilla” sigue destilando esa actitud amarga del grupo en temas como “Antorcha humana” o “Desde el aire”, ese desconsuelo que, esta vez, rompen enérgicamente las guitarras en “El ruido que me sigue siempre” o “Ver de otra manera”. “Sabemos que nuestros temas tienen siempre un cierto regusto amargo, una cierta acritud. Nunca hemos sido derrotistas pero nuestro lugar está ahí y sigue estando, a pesar de que éste es probablemente el disco más dinámico. Este es el disco del puñetazo en la mesa, el de decir: somos así y tenemos un montón de cosas que contar”. Un disco que plantea un final abierto, el de la lucha eterna de contrarios. “Lo que nadie sabe es que Satie va a lomos de Godzilla luchando por domarlo. Es el yin y el yang, el movimiento y la pasividad, el ruido y la calma. En este combate no va a haber un ganador. Es importante para el equilibrio de las cosas que siempre sigan peleando”.