“No sé si viviré lo suficiente como para grabar todo lo que tengo escrito”
Entrevistas / Prefab Sprout

“No sé si viviré lo suficiente como para grabar todo lo que tengo escrito”

Carlos Pérez de Ziriza — hace 11 meses
Fotógrafo — Archivo

Paddy MacAloon vuelve a ser noticia. Y por partida doble. En unos días se reedita  “I Trawl The Megahertz”, el álbum compuesto a su nombre, que vio originalmente la luz en 2003 a través de Liberty (subsello de EMI) y ahora Sony rescata en formato CD y – por primera vez – en vinilo, pero ya a nombre de su proyecto de toda la vida, Prefab Sprout.

Un delicioso y singularísmo trabajo, mayoritariamente instrumental, con el que dio rienda suelta (ayudado posteriormente por el productor Calum Malcolm y el compositor David McGuiness) a su súbita pasión por los programas nocturnos de radio, a cuya escucha se vio impelido tras una operación en las retinas (en 1999) que le mantuvo prácticamente sin visión durante meses. Y en segundo lugar, por su anunciada – aunque fuera de forma casual, a través de una entrevista para la BBC Radio – vuelta con canciones nuevas, el primer álbum de Prefab Sprout en los últimos seis años, de título provisional “Femmes Mythologiques”, a editar en el último trimestre de 2019. Un trabajo conceptual sobre la figura femenina.

Excelente ocasión, pues, para charlar – durante veinte improrrogables minutos – con uno de los más grandes compositores pop aún vivos. Uno de esos escasos creadores capaces de tramar un universo sonoro con idiosincrasia propia a su alrededor, abrevando en las aguas de los grandes musicales de Broadway, la era del Brill Building, la bossa nova, el rock’ n’ roll primigenio y los albores del indie británico, plasmado en un repertorio deslumbrante. Paradójicamente, aunque su actual estampa de ermitaño (cabello y barba kilométricos; además la efermedad auditiva de Ménière, que sufre desde 2006, le impide prestarse a la vida en carretera de la mayoría de músicos) agrande la sensación de que el actual Paddy McAloon poco tiene que ver con el de los años 80 y 90, su voz sigue siendo exactamente la misma, tanto en los surcos de sus grabaciones como también a través de la línea telefónica. Sigue sonando joven, apasionada, plena de anhelo.

“Me gustan Ravel, Debussy y Stravinski. Y también compositores posteriores como Stockhausen y Pierre Boulez. Creo que es un material melódica y armónicamente muy rico”.

La primera pregunta es obvia: ¿Por qué has decidido reeditar I Trawl The Megahertz después de casi 16 años, y hacerlo esta vez como un disco de Prefab Sprout y no de Paddy McAloon?
La razón es que mucha gente hablaba de él, pero al mismo tiempo se quejaban de que no podían volver a echarle el guante. La tirada inicial, de hace 15 años, no fue muy amplia. Su precio estaba subiendo en internet, se estaba revalorizando por su escasez. Y la razón para cambiar el nombre de su autor es sencilla: para conseguir que llame la atención de más gente. Hace quince años me puse nervioso ante la sola perspectiva de etiquetarlo como un disco de Prefab Sprout, ya que aunque tanto mi hermano (el bajista Martin McAloon) como yo teníamos previsto hacerlo así, al final pensamos en los fans, que esperarían escuchar un álbum de canciones más cortas y más pop, y posiblemente se sentirían defraudados. Así que me desdije de mi idea inicial. Años más tarde me dí cuenta de que en el fondo es más fácil enhebrar todas tus entregas bajo el mismo nombre. Y eso es lo que hice: considerarlo un álbum más de Prefab Sprout, tal y como fue concebido en un principio. Esta sería la forma más sintética de responder a tu pregunta.

Volviendo al origen del álbum: ¿Fue el producto de horas y horas de escuchas radiofónicas porque era aquel el momento en el que empezaste a tener serios problemas visuales, debido a la dolencia que afecta a tus retinas?
Sí, fue un poco después de que me operasen de los ojos. Me dediqué a escuchar un montón de cosas a las que no hubiera prestado atención en condiciones normales. No suelo escuchar programas de radio en los que la gente le cuenta sus problemas a un presentador que les presta un oído empático. Pero lo hice. Para ser honesto, ni siquiera sé de verdad por qué lo hice. Estaba probando un radiocassette con grabadora, y escuchando muchos audiolibros, porque no podía leer libros impresos. Empecé también a escuchar cintas que la gente me pasaba. A veces eran poesías, otras veces eran novelas. Me dí cuenta de que solía caer rendido de sueño mientras escuchaba todas estas cosas. Había frases y expresiones que revoloteaban por mi imaginación. Y cuando empecé a sentirme algo mejor de mis problemas en los ojos, pensé que podía utilizar esas voces que había escuchado e incorporarlas a una pieza musical. Eso fue lo que ocurrió. Cuando literalmente pude volver a trabajar, creo que estaba aún enfrascado en canciones, digamos, ordinarias. Ese fue el inicio de Megahertz. En realidad fue una canción sobre la que me dí cuenta de que no sería una composición convencional, sino algo estructurado a una escala mucho más grande. Y junté las dos ideas: la gente que le hablaba al presentador radiofónico, contándole sus problemas, y la música. En cierto modo, era como crear al equivalente moderno a un disco de blues. Con la gente hablando de sus preocupaciones sobre un fondo musical. Esa era la idea. Pero luego creció hasta trascender la forma en la que hasta entonces solía trabajar, como un songwriter al uso.

Dado que era un disco totalmente diferente a cualquier otra entrega de Prefab Sprout, con arreglos suntuosos, grandes orquestaciones y una canción – la que lo abre – de más de 22 minutos, conducida por la voz de la actriz Yvonne Connors, ¿Encontraste inspiración en algún compositor de música clásica?
Soy un gran fan de la música clásica. Diría que de la moderna música clásica, que al final no es tan moderna porque remite al principio del siglo XX o a finales del XIX. Me gustan Ravel, Debussy y Stravinski. Y también compositores posteriores como Stockhausen y Pierre Boulez. Creo que es un material melódica y armónicamente muy rico, todo el que se gestó a principios del siglo XX. Me interesa más que lo que hicieron Brahms o Beethoven, por ejemplo. Pero no tengo ninguna ilusión depositada en mis habilidades en ese aspecto, no me podría sentar ante el piano o con una guitarra y tocar una pieza larga como las que ellos componían. Lo que sí puedo hacer, gracias al ordenador, es construir música que sea más consciente de la escala, de las posibilidades del sonido y de los arreglos. Es algo con lo que no podría ni haber soñado cuando era un crío. No tengo una gran formación musical. No dí clases de piano, ni nadie me enseñó a leer partituras, así que el ordenador fue una especie de salvador para mí. Pero sí, respondiendo a tu pregunta, confié en mi amor por aquel universo sonoro. Aún así, quiero recalcar esa diferencia entre la música clásica, como algo que solo la gente que tiene una formación determinada puede hacer, y lo que yo hice con Megahertz, que utiliza arreglos orquestales que escribí yo mismo, pero al mismo tiempo hubo otra persona, el compositor David McGuiness, que fue quien tradujo todo lo que yo tenía en mi ordenador a instrumentos reales, como una trompeta, un cello, un flügelhorn o una viola. Él cogió esas líneas que yo había escrito y se las proporcionó a los instrumentos adecuados. Eso hizo del disco algo mucho mejor, porque hasta ese momento yo estaba utilizando sintetizadores. Cuando él se implicó en el álbum, a sugerencia de Calum Malcolm – mi ingeniero de sonido y coproductor – , y tradujo todo el material a instrumentos reales, es cuando todo cobró una forma más vivaz, orgánica y atractiva.

“’America’ fue solo mi respuesta a la elección de Donald Trump. No me gusta escribir canciones políticas, pero no pude evitar hacer algo así”.

¿Tuviste en mente algún otro clásico álbum de tributo a la radio, como pudiera ser “The Nightfly” (1982), de tu admirado Donald Fagen (Steely Dan)?
La verdad es que cuando lo hice, no. Pero he estado pensando en ese álbum justo hoy, no sé por qué. Esa idea de alguien que escucha la radio como alivio para su soledad, es algo que no se me ocurrió en su momento, pero puede que haya algo de ello. Mi idea principal era hacer algo que no pudiera escribir de forma convencional. Algo que no hubiera hecho hasta entonces. No sé si sabes a lo que me refiero. Encontrar la forma de embutir unas letras y unos textos en un disco en el que no hubiera ni unos estribillos ni unos títulos decididos de antemano. Intenté escapar de lo que había hecho hasta entonces. Todas esas frases que la gente decía en la radio, las hice mías, aunque no fuera yo quien las pronunciase. La idea de unas voces encontradas, que luego te dan pie a elegir lo que tú quieres decir, aunque tú mismo no las hubieras dicho en un principio. Eso fue muy liberador para mí. Si oyes a aun tipo decir que tiene 49 años y está divorciado, suena como algo muy obvio. Pero si eso lo trasladas a una composición, se convierte en algo muy musical, casi en una declaración de principios. Fue muy excitante para mí, porque fue como descubrir una nueva forma de escribir que no partía de mis propios pensamientos,

Hace unas semanas desvelaste una canción nueva, “Cleopatra” en una entrevista para la BBC Radio. Adelanto de un nuevo álbum, teóricamente a publicar en septiembre, en el que andas trabajando. En 2017 también descubriste una nueva canción, “America”, que no sé si tiene algo que ver con ese nuevo álbum que anuncias. ¿Qué me puedes decir de ello?
“America” fue solo mi respuesta a la elección de Donald Trump. No me gusta escribir canciones políticas, pero no pude evitar hacer algo así. “Cleopatra” es una canción que reproduje directamente para que la escuchase una presentadora encantadora de la BBC (se refiere a la periodista Nicola Stanbridge), que vino hasta mi estudio para hablar conmigo. Estuvimos hablando de muchas otras cosas, en realidad, y pensé que sería un poco descortés por mi parte no mostrarle alguna canción del material en el que estoy trabajando. Le pregunté si le gustaría escuchar algo, y ella accedió y lo grabó. Si todo va bien, estará en el próximo álbum de Prefab Sprout, que debería salir a finales de este año.

¿Es cierto que llevas cinco años trabajando en ese nuevo álbum, pero tuviste que interrumpir las sesiones por una colaboración con el cineasta Spike Lee?
Sí, llevo trabajando en Femmes Mythologiques, el álbum al que pertenece “Cleopatra”, desde 2013. Es mucho tiempo ocupado con el mismo disco. Lo hubiera terminado ya si no hubiera conocido a Spike Lee. Él estaba preparando una película musical, y quería que yo le diera permiso para utilizar parte del catálogo de Prefab Sprout como banda sonora. Está liado trabajando en una película junto a su hermano, Cinqué Lee, que es un gran fan de Prefab Sprout. Se llama Chasing an Invisible Starlight. Pero no estoy seguro de si la van a hacer, supongo que sí. No entiendo del todo cómo va a funcionar la película, qué forma va a cobrar, pero en cualquier caso fue muy bueno que ambos se interesaran por mi música.

“El daño que sufro en los oídos es a veces bastante severo. No creo que pueda hacer nada ya. La dolencia se llama enfermedad de Ménière, es algo que puede hacer que pierdas incluso el equilibrio”.

Hace años que se habla de álbumes conceptuales que tienes archivados en casa, cuyas canciones no has plasmado en un disco, por un motivo o por otro. Con títulos provisionales como Earth The Story So Far, 20th Century Magic, Behind the veil (este sobre Michael Jackson), Total snow o Billy Midnight. No quiero hacer sangre del tema, pero ¿no crees que estás siendo demasiado cruel con tus seguidores, que llevan años suspirando por un álbum de canciones nuevas y lo único que les has dado – de momento – en los útimos seis años es la reedición de un disco ya publicado hace quince?
¿Sabes qué? Tienes toda la razón. Reconozco que decir que tienes todo ese material ya compuesto y no editarlo es dejar a mucha gente con la miel en los labios. La cosa es mucho peor de lo que crees, en realidad: tengo un montón de álbumes sin editar. Puede que 30 o 40. Simplemente no los he grabado. Los he escrito, y tengo cientos y cientos de canciones. Algunos son conceptuales, no todos. Y no dejo de trabajar en ellos. Intento trasladarlos al estudio de grabación, pero ese es precisamente el punto más lento del proceso. Es algo muy, pero que muy lento. En parte porque sería muy caro hacer realidad esos discos, al menos de un modo convencional, con grandes músicos y tomándote tu tiempo. Es muy costoso. Pero de verdad que me disculpo ante todos aquellos que estén esperando conocer ese material. Es doloroso incluso hablar de ello, porque cada vez me cuesta más concretar un disco, a veces me parece increíble lo lento que puede llegar a ser el proceso. Y no quiero que la gente se piense que son trabajos que me invento: son todos reales.

¿Te sientes a veces como un músico fuera de tiempo, libre de coordenadas temporales?
No lo sé. Creo que ha sido quizá un poco estúpido por mi parte hacer de la escritura de canciones mi principal ocupación, en lugar de grabar. Hubo un tiempo en el que parecía que escribir fuera lo único que me preocupaba, de hecho era lo que más me gustaba. Escribir, escribir y escribir. Luego llegas a un punto en el que te das cuenta de que probablemente no vivas lo suficiente como para grabar correctamente todo lo que tienes en mente, y eso te puede llevar a pensar que has pasado tu vida de una forma un poco tonta. En ese sentido, me siento fuera de tiempo porque lo que hago no depende de las listas de éxitos ni de los gustos del público. Pero el tiempo pasa, y la noción de lo que es un disco de pop va cambiando. Si hablas con gente más joven, tal y como yo hablo con mis hijas, te das cuenta de que su noción de la música pop es probablemente muy diferente a la que tú tienes. En ese sentido, podría decirse que estoy un poco fuera de tiempo. Pero no creo que se pueda hacer ya nada al respecto.

¿Está absolutamente descartado que podamos verte tocar en directo, incluso aunque fuera en el mismo formato acústico que registraste para el segundo CD de la reedición deluxe de Steve McQueen (2007), en el que reinterpretabas aquellas canciones solo con tu guitarra, en una grabación del verano de 2006?
Sí, creo que sí. Desgraciadamente. Aquello terminó. El daño que sufro en los oídos es a veces bastante severo. No creo que pueda hacer nada ya. La dolencia se llama enfermedad de Ménière, es algo que puede hacer que pierdas incluso el equilibrio. Nunca sabes cuándo te va a atacar. El problema es que te provoca un ruido constante en el oído, el tinnitus. Si estuviéramos ahora en una habitación con tres o cuatro personas más hablando a la vez, no sabría quién de ellos está diciendo una cosa o la otra. Ahora es fácil porque tengo el auricular del teléfono pegado al mejor de mis dos oídos. Es triste, pero bueno, al fin y al cabo en eso consiste hacerse mayor.

Una última pregunta, a modo de curiosidad: en 2017 se publicó el libro Prefab Sprout: The Early Years, una especie de biografía no oficial de los primeros años de la banda, firmada por John Birch, compuesta por testimonios y entrevistas contigo ya publicadas, de la que se dice que tanto tú mismo como gente de tu entorno colaborásteis de alguna forma. ¿Fue así?
No, lo cierto es que ni yo colaboré ni tampoco lo he leído. Sé que el autor es muy fan de Prefab Sprout. Creo que le conozco, al menos él tiene una foto conmigo. Pero no tuve nada que ver con el libro.

Muchas gracias por tu tiempo, Paddy. Ha sido un placer. Créeme si te digo que esta entrevista es algo que llevaba años deseando hacer. No somos pocos los que consideramos tus canciones algo esencial en nuestra vida.
Muy amable por tu parte. El placer ha sido mío. Y es maravilloso que digas eso.

DISCOGRAFÍA PREFAB SPROUT – “Un paseo por la nubes”
Tras dos singles previos, Paddy McAloon y los suyos debutaron con un “Swoon” (1984) repleto de sugerentes ideas, pendientes de cristalización definitiva, entre aires de bossa, esbozos funk y apuntes pop deshilachados, en sintonía con Aztec Camera o Everything But The Girl. La gloria llegaría con “Steve McQueen” (1985), un prodigio absoluto, obra maestra de pop inmaculado y atemporal, producida por Thomas Dolby: once fogonazos pop en estado puro, de belleza prístina y deslumbrante. Su álbum perdido, grabado el mismo año pero inédito hasta 1989, fue el valioso “Protest Songs” (1989), desvelado un año después del comercial y pulido From Langley Park To Memphis (1988), también con varios cortes memorables. Luego llegaría su gran obra conceptual, su Capilla Sixtina, el doble “Jordan: The Comeback” (1990), otro disco magistral en cuatro bloques temáticos: el amor, Elvis, Dios y la muerte.

“Andromeda Heights” (1997) solventó una larga ausencia con sutileza y detallistas arreglos de cuerda y viento al servicio de ensoñadoras tramas melódicas: el primero de sus trabajos autárquicos, ya tramados en su propio estudio doméstico. Su único disco decepcionante fue el posterior “The Gunman and Other Stories” (2001), lastrado por la naturaleza muy diversa de un material compuesto para otros, ya fueran Jimmy Nail o Cher. Cuando parecía que su discografía no tendría continuación, llegaron el sobresaliente “Let’s Change The World With Music” (2009), su particular “Smile”, rescatando temas de1992 y 1993, y el notable “Crimson/Red” (2013), ya con material del nuevo siglo. Tras la reedición del singular “I Trawl the Megahertz” (2019), llegará – presumiblemente – este otoño “Femmes Mythologiques” (2019), en el que trabaja desde 2013.

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