“No tengo miedo de lo que me sale por la boca”
Entrevistas / Nathy Peluso

“No tengo miedo de lo que me sale por la boca”

Yeray S Iborra — 03-12-2020
Fotógrafo — Archivo

Al disco debut de Nathy Peluso se le podía pedir poco más que versatilidad. Cumple con creces. Calambre (Sony, 20) es un largo que pasa del tango al rap de los noventa sin despeinarse, y que transita también por trap o salsa. Reciente nominada a los premios Grammy, la argentina habla sobre ciclotimia, empoderamiento y OT.

Ha hecho de la manzana alrededor de su piso una extensión de su casa. Adora una terracita compartida por un lugar de desayunos y un frankfurt. Después de pasar un confinamiento sola en una ciudad desconocida, Nathy Peluso ha podido hacerse suya Barcelona. Sobran sillas en el chaflán, pero a la argentina le falta espacio: viene eufórica. La acaban de nominar por partida doble a los Grammy. Y estrena su esperado debut, Calambre. Tras dos EP’s que la colocaron en la picota, un confinamiento pudo poner en jaque su carrera. De hacer las maletas para ir a Lollapalooza a encerrarse en su hogar recién inaugurado. Solo puede –dice– “dar gracias” y disfrutar, más si cabe, de lo terrenal.

¿Zumo de naranja o Coca Cola?
Por las noches dicen que el zumo de naranja es lo peor que te puedes tomar. Oye, y si no, nos pedimos un frankfurt. ¿El tuyo está bueno?

El zumo… Ácido.
No compro. [“Perdona, ¿tienes churros?”, le suelta al camarero] Aquí venden buenos perritos calientes. [“¿No hay churros? Coca Cola con hielo y limón, ¿‘why not’?”]

No duermes hoy.
¡Pero si me acaban de decir que me han nominado por partida doble a los Grammy!

Grammy, palabras mayores. Pero Calambre no ha ido a la vía comercial…
Ponerlo fácil me aburre bastante.

“En el disco hay mucha variedad de momentos, estilos, productores, músicos y Natalias”.

¿Si te nominan a un Grammy, que sea por algo en lo que crees?
La verdad no hay nada en este disco premeditado. Lleva mucho fraguándose. Mi forma de componer no es: tengo este proyecto, voy al estudio, etcétera. Compongo constantemente. Estaba en la gira eterna que tuve antes del encierro. Y esas canciones que fui pensando se fueron desarrollando a la vez. Este disco no refleja una etapa concreta, sino muchas. Igual no me sale, de esencia, hacer cosas que no esperen de mí. Me gusta la ironía, jugar. Divertirme. Las sorpresas. Me gustan los puntos de fuga para que yo misma u otros los deformen.

Se te escucha muy cómoda del tango del primer tema al giro hacia Missy Elliott. Perdón que insista, ¿te sale solo romper o piensas en romper?
Si se escucha así de simple es porque a mí no me resulta complejo. Tengo la posibilidad y la astucia de hacer una canción clásica como “Buenos Aires”, un desarrollo lineal. Pero llega un punto que orgánicamente necesito hacer algo diferente. Va en mi naturaleza. “Agárrate” son dos canciones paralelas que han ido conviviendo hasta que me pareció gastar una oportunidad sacarlas por separado. Un sentimiento tan potente como el dolor de una ruptura, como propone el tango, y que deriva en otra sensación… ¿Por qué no? No siempre estás triste. Ese eco está en la música. La naturalidad de los hechos. De lo triste a la intensidad. Yo soy así. Se ve en mi música, hay cambios de humor.

Es ciclotimia de Natalia, no de Nathy.
Sí, pero conviven tanto que no las diferencio. Me sale solo. Nada de mis composiciones está premeditado más allá de hacer de mi música diferencial.

Que el disco tuviese una línea del tiempo tan larga, supongo jugó a favor de tanto cambio, ¿no?
En el disco hay mucha variedad de momentos, estilos, productores, músicos y Natalias.

¿Pensaste en la idea del “mundo es Spotify” y puedo hacer algunos “hits” y fuera?
No estaba planeado. Lo único que está planeado es que el disco tuviese la mayor calidad musical posible. Todo lo que pude, lo exprimí. Decidí componer desde la inteligencia y cuidar las letras. Decidí hacer un disco con mimo; todo lo que viene a partir de ahí, es cuestión de organización. “Buenos Aires”… Todo el mundo me decía que era un tema de disco y no un single, y lo luché.

¿Por qué?
Casaba mucho con el momento que estábamos viviendo y creía mucho en la canción como canción. Como clásico. “Buenos Aires” me recuerda a la sensación musical de cuando escucho clásicos. No está dentro de los parámetros de mercado que parecen funcionar, y me pone contenta cuando no le hago tanto caso a esas cosas. Desde que empecé mi carrera, siempre escucho a mi intuición. Voy fluyendo. Empecé escribiendo las canciones en gira en España, fui al estudio, las llevé a Argentina, las llevé a Los Ángeles, y luego a Miami, y luego me encerré aquí…

Y adiós planes.
Si existía algún plan, desapareció. Por eso decidí sacar “Buenos Aires”. Luego “Sana sana”, a la que también le tenía mucha fe. Y si funcionan como single es porque son buenas. Si una canción es buena la gente conecta. Cuando está todo muy planeado, se mecaniza. Y me gusta vivir mi propuesta desde lo efervescente.

“Gracias a la cuarentena tengo un recuerdo más de tú a tú con mi disco: es mi amigo”.

Tus oyentes se han acostumbrado a los “brakes”. Lo de Operación Triunfo mismo.
Yo aprovecho todas las oportunidades, aunque no tengan mi perfil.

¿No te pareció una jugada del programa para “cubrir lo urbano”…?
Curioso lo que me dices, porque no se me ocurrió mirarlo por ahí. Cada uno tiene su background y pensé, ¡qué buena oportunidad para estar en la tele! ¡Gente que ve el programa con fanatismo! Lo vivo como una oportunidad para que me conozcan. Para mí que un programa así cuente con mi proyecto, me parece un piropo. Me parece que lo hago bien, es difícil meterse en la tele familiar con la cantidad de verborrea que tiro por la boca. Además me invitaron para el día de la mujer.

Y con un tema al dedo.
Llevé las bailarinas que quise, hice una performance al nivel de “Business Woman”. No hay que desaprovechar nada, siempre que encaje con el propósito de una.

Comentabas el tema de la pandemia. Vivirla aquí en Barcelona, sola…
¡Solísima!

¿…Te hizo plantear si al disco le faltaba algo?
No me arrepentí de nada de lo hecho. Conecté aún más. Me sorprendió. Porque lo hice todo en una vorágine de estrés y al parar me di cuenta de que lo amaba aún más. Me faltaba el cincuenta por ciento del disco, ¡las voces! Armonicé en mi casa. Trabajé muy duro y en una dinámica muy diferente, con un ‘home studio’ instalado por mí misma. Todo me hizo acumular unos recuerdos de aferro a mi disco que quizás sin pandemia no hubiese tenido. Porque me estaba yendo a Lollapalooza en pandemia, a Coachella, trajes, viajes, ¡no tenía tiempo de grabar voces! Desde el lado positivo, me dio muchas oportunidades creativas. Gracias a la cuarentena tengo un recuerdo más de tú a tú con mi disco: es mi amigo. Esa música me revisitó y me enseñó cosas que no recordaba y pude ejecutar de la mejor forma. Con tiempo.

¿En algún momento tuviste miedo de que tu carrera, en clara ascendencia, se fuese a tomar viento?
Obviamente. Soy humana. Tengo mis inseguridades. Tuve momentos de temor pero los supe apagar, tranquilizándome. Sabiendo que no está bien caer en el dramatismo; necesitamos la música para vivir. La música es una herramienta sanadora. Si realmente estás haciendo las cosas de corazón, es imposible que eso sea caduco. Siempre estará. Aunque sea en unos pocos. Siempre me preocupó la pandemia, pero me aferré a que tengo el privilegio de ser músico; trabajar con la música es trabajar con una herramienta de la naturaleza que trasciende el ego y el dinero. La ‘plata’, si no la gano con la música, lo haré de otra manera. Ya me las rebuscaré. Gracias a Dios, la cosa me va bien, la gente me apoya. Fue una grata sorpresa, siento que crecí en la cuarentena…

¿Sí?
Me aferré a un lado muy intimista y la gente conectó. Dar “Buenos Aires” fue un acto de amor, y mi público conectó y se solidificó.

“Sí, nunca me enfoco mucho al amor romántico, me sorprendió a mi misma oír el disco, ver tanto amor y desamor. Soy una mujer muy enamoradiza”.

Decías antes del estrés. Hay una cierta reactivación. Estás con la promo, al menos. Descubriste con la pandemia otra forma de vivir esta carrera, ¿lejos del estrés?
Sí, pero…

Se olvida rápido…
Sabía que iba a ocurrir. En cuanto se abren las puertas, uno vela por la seguridad de su negocio, de su vida, de su gente. Pero lo que me afectó a mí como mujer y como trabajadora es que me hizo ser más agradecida con todo. Yo ya de por sí soy una mujer agradecida respecto a todo lo que me da la vida; sin eso no estaría donde estoy, pero por culpa del estrés empecé a dar por hechas algunas cosas. Una se sitúa en un lado en el que sí, va en modo automático. Y que me sacaran todo de repente: adiós equipo, adiós festivales, adiós viajes.

Google Calendar a cero.
Sola en tu casa, escuchando tu disco y sin salir. Vivir tranquila la pandemia ya fue un privilegio, tener mis ahorros para poder estar bien. Y muy agradecida cuando se reactivó todo por seguir teniendo oportunidades. Cuando me llaman para una entrevista, para un concierto… Me agarra una felicidad triplicada. Vi lo que podía ser perder esto. Yo ya no lo olvidaré jamás. Ahora tengo un escudo de agradecimiento que no dejaré escapar. Aunque soy capricorniana, adicta al trabajo… Cuando empecé a la rueda… En fin, doy gracias porque la gente tenga hype con mi disco.

Te había leído que tu forma de funcionar al componer es escuchar el beat y escribir del tirón. Hay mucho de amor, también de feminismos en el disco. ¿Eso es lo que más te ocupa? ¿Los mensajes del disco están mucho más en tu inconsciente que en el consciente?
Yo escribo siempre desde la intuición y como canal. Piloto automático, como decía. No le doy cabeza a las letras hasta que le tengo que quedar. Hay canciones como “Business Woman”, una letra escupida, sobre papel. Pero hay otros temas cuando son más musicales, menos rap, que sí que hay que determinar más las estructuras. Y ahí visito más el lado métrico de las canciones, pero al concepto nunca le doy vueltas. Nunca me quedo con ganas de hablar de nada.

Hay autocuidado, muy bonito: “Amor salvaje”.
Sí, nunca me enfoco mucho al amor romántico, me sorprendió a mi misma oír el disco, ver tanto amor y desamor. Soy una mujer muy enamoradiza. Cuando hablo de amor y desamor es desde la experiencia, lo que me provocan esas vivencias: enojo, tristeza, pasión. Eso es fácil escribirlo. Me encanta la poesía. Luego, hay momentos en los que necesito hablar de otras cosas, como en “Sana sana”

¿Hay líneas rojas?
No, pero me hago responsable del canal que supongo para algunas personas. Necesito mandar mensajes para mi público. Y si tengo el privilegio de poder contagiar a la gente un poco de garra, de fuerza, de esperanza, de alegría, ‘che’. Me hago cargo. Pero nunca planeando mucho. “Sana sana” es muy social y creo que conseguí que tenga esa garra, pero no es algo que yo planease. Me invade el concepto. Y no tengo para nada miedo de lo que me sale por la boca.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.