Imperial Teen acaban de publicar su primer disco en siete años, “Now We Are Timeless” (Merge/Popstock!, 19), banda de la que forma parte nuestro entrevistado, Roddy Bottum, aunque ese no es el único motivo por el que llamamos a quien también es teclista de Faith No More. Hay también nuevo disco de Nastie Band y muchos otros proyectos en marcha por los que vale la pena charlar un rato con él.

Nacido Roswell Christopher Bottum hace cincuenta y seis años en Los Ángeles, Bottum es quien, desde sus teclados, ayuda consistentemente a convertir a Faith No More en ese bicho raro y fascinante que despierta admiración y curiosidad desde 1985. Pero es muchas más cosas. Entre ellas uno de los miembros de Imperial Teen, con quienes acaba de publicar nuevo trabajo en Merge. Bottum también es el primer músico ligado –de algún modo extraño– al mundillo del metal en hacer pública su homosexualidad. También fue uno de los pioneros en el uso de samples dentro de una banda de rock y en definir la estética alternativa de finales de los ochenta. Es un ser cultural y artístico con vida propia y en esta entrevista realizada en julio intentaremos hacer algo de justicia al trabajo que viene haciendo desde que fundó FNM junto a su amigo de toda la vida, el bajista Billy Gould, y que actualmente lo encuentra metido en cuatro bandas de las cuales tres están estrenando disco en la actualidad y la otra –atención– promete nueva música para el futuro próximo.

Estás lanzando tres discos prácticamente al mismo tiempo. ¿Es un reto personal o algún tipo de record que quieres romper?
Simplemente sucedió de una manera muy loca. No sé por qué pero cuando me mudé a Nueva York, conocí muchísima gente y comencé a salir todo el tiempo. Es una gran comunidad en la que muchos proyectos toman forma. Es una locura que todo haya pasado a la vez. Si hubiese sido por mí lo hubiese tratado de separar un poco más en el tiempo, ya que a nivel calendario es muy difícil de cuadrar. Con Imperial Teen estuvimos ensayando esta semana pasada, luego viajé a Carolina del Norte, para más tarde volver y mudarme de piso. La semana siguiente iré a Los Ángeles, donde daremos tres shows y al día siguiente ensayaré como parte de un proyecto de Courtney Love… mucha movida de agenda… Courtney organiza un festival en un parque con Cat Power, Lykke Li, Sophie, Empress Of o Cupcakke y ella hará versiones desnudas de sus canciones y yo la ayudaré tocando teclados y siendo el director musical de la idea. El festival se llama Yola Día [se celebró el 18 de agosto, para más detalles].

“En Imperial Teen escribo las letras, así que creo que sí tiene una perspectiva más queer literalmente en cuanto a la prosa, ¿no?”

Crickets, Nastie Band, Imperial Teen y Faith No More son todas bandas muy distintas entre ellas, ¿con qué aspectos de cada una de tus cuatro bandas te sientes más identificado?
Faith No More para mí es como un proyecto familiar. Se retrotrae mucho en el tiempo, soy amigo de Billy desde los diez años. Tenemos una historia de familia, de ahí vengo como persona. Pasamos muchas cosas juntos. Imperial Teen es algo más de amigos, tiene un aura de aventura y aprendizaje. Cuando comenzamos no sabíamos tocar los instrumentos. Pasamos juntos por ese proceso.
Crickets es una banda muy conceptual, se trata de desechar los excesos del proceso de escritura de canciones. Siempre estuve involucrado en la composición de canciones y normalmente cuando vamos al estudio comenzamos a agregar pistas y más pistas. La idea de Crickets es exactamente lo contrario, nuestro máximo objetivo es crear espacio. En esa banda están dos nuevos amigos que realmente adoro. Somos tres [los otros dos son JD Samson –ex Le Tigre– y Michael O’Neill, ambos en MEN] y es un proyecto muy especial. En cuanto a Nastie Band, es un loco lugar de exploración, delirante, jodido, poderoso, psicótico y hermoso; ese es el ambiente que creamos, y es mucho más proclive a los directos en vivo que las otras bandas. Aquí perseguimos otros objetivos artísticos.

Hablando de Nastie Band, ¿cómo llegaron a esa formación tan curiosa?
La banda viene de una idea de mi amigo Frank Haines, es un artista que conocí en San Francisco, uno de mis mejores amigos. La primera obra de arte que amé y compré fue de él. Nos hicimos amigos muy cercanos cuando Frank se interesó en mi ópera (Sasquatch), en ese momento, me mudé a Nueva York para escribirla y allí nos metimos a trabajar ambos en eso. Nastie Band es más que nada un proyecto de Frank, que comenzó con su amigo Reuben Lorch-Miller, ellos juntaron a un grupo de gente interesante, todos amigos entre sí. Frank vio un documental sobre un músico de noise y Chris Kachulis estaba en ese documental, era colaborador de este experimentador noise. Frank hizo algunos shows con Chris, que es un hombre mayor, tiene ochenta y cuatro años, y la cosa funcionó y así se convirtió en nuestro frontman desde el día uno.

Leí algunas reseñas de los directos de Nastie Band y hablan de un show impactante y único. ¿Qué se siente al compartir escena con esa banda?
Es súper poderoso, muy intimidante y exploratorio: hacemos cosas nuevas todo el rato. Una vez contratamos una persona por Craigslist para disfrazarla del cantante, era una mujer, la vestimos como Frank, ella fue parte de la banda por esa noche. Varias veces nos drogamos mucho antes de tocar, un par de veces tocamos en un lugar muy divertido llamado The Glove en Brooklyn, allí nos intercambiamos los instrumentos y salimos sin setlist. El último show junto a Christeene fue muy loco, muy hermoso.

Claramente se toman el grupo como un espacio de experimentación…
Sí, es un desafío. Todo el mundo en la banda tiene una importante fuerza creativa. Hay un par de gemelos en la banda, lo que da un giro interesante en cuanto a lo visual, ya que son idénticos, el batería es realmente intenso, igual que el guitarrista. Así que el sonido es muy bestia, todo el mundo lo da todo en esa banda.

“Cada cosa que hago en mi vida, la hago rodeado de gente. Una de las razones por las que me vine a Nueva York es esa, estar con gente todo el rato”.

En la hoja de prensa de la banda pone que Nastie Band representan una faceta de la ciudad de Nueva York. ¿Qué aspectos te gustan más de Nueva York que de San Francisco?
Me mudé a Nueva York por lo de la ópera, honestamente. Es un mejor lugar para trabajos más bien escénicos como este. Era un desafío personal, el de intentar hacer la ópera yo solo, y Nueva York se presentó como un mejor lugar para esto. Cuando llegué me di cuenta de que los músicos, los artistas que conocí aquí eran muy activos, pasaban mucho más tiempo juntos, salían y exploraban nuevas formas de arte. California es un lugar más vago para mí. Lo amo, pero es tranquilo, y también un poco solitario, creo. En Nueva York estamos todos juntos todo el tiempo, trabajando en ideas, y eso me hace la diferencia en este momento de mi vida.

El nuevo disco y de algún modo todo el catálogo de Imperial Teen es muy pegadizo y fácil de escuchar. En los comienzos de la banda, ¿fue para ti una manera de escapar de la complejidad del concepto global de Faith No More?
No una manera de escapar, pero fue un precioso lugar en el que estar. Estaba pasando momentos muy duros cuando aquello empezó, mi padre justo había fallecido, un par de amigos también murieron, empecé a drogarme… mi cabeza estaba en un lugar realmente loco. Quizá dejar atrás la complejidad, sí, es posible que haya sido lo que necesitaba, sí, creo que estás en lo cierto. Necesitaba algo más simple y tener la posibilidad de hacerlo lentamente. Ese fue nuestro punto de inicio.

Hay una canción en el nuevo disco en la que dicen a coro “hacemos lo que mejor hacemos”. Me gustaría saber en lo personal como artista y activista que eres, ¿qué es lo que crees que haces mejor?
Creo que funciono bien con otros, la verdad. Y creo que tengo buen gusto y no me involucraría en algo que no fuese de calidad. Lo cual es subjetivo, no sé, quiero decir que me gusta lo que me gusta, pero siento que tengo muy buenos parámetros de calidad en lo que produzco.

Creo que Imperial Teen y Nastie Band representan de algún modo distintas caras de lo que la cultura gay puede significar para mucha gente. ¿Por qué la gente aún necesita identificar la homosexualidad con ideas o imágenes estereotípicas?
(Piensa) No estoy seguro de cuán limitado es el retrato de homosexualidad actual. Nastie Band no es claramente una banda gay. Puede que haya algunos gays en la banda, pero no es lo que queremos destacar, no es una prioridad. Es divertido, a ver, el cantante de ochenta y cuatro años es gay. Uno de los gemelos es gay, y yo también, pero yo no soy el líder del grupo, ese es Frank, y es hetero. Lo cual es interesante, sobre todo porque esta banda se apropia de elementos de la cultura gay, sin dudas: la ropa de piel, los elementos de sexo hardcore, pero son sólo la parte visual de lo que estamos ofreciendo, más que la ideología. Es un manifiesto de apertura mental, que aboga por el arte de forma libre. Nastie Band no tiene una agenda queer, pero sí una de apertura mental y toma cosas de distintas culturas y las asimila como tal, creando una dimensión en la que influyen muchas cosas distintas. En Imperial Teen escribo las letras, así que creo que sí tiene una perspectiva más queer literalmente en cuanto a la prosa, ¿no?

Es interesante porque a partir de vuestra imagen, se puede crear un preconcepto inmediato.
¡Sí! Pero lo único que yo veo netamente gay en Nastie Band es que suelo tocar con ropa interior de piel, pero el resto es más como… ¿Cómo se llama esa banda de Suecia? ¿O son de Noruega? Hacen hard rock y se disfrazan…

¿Turbonegro?
¡Sí, Turbonegro! Para mí es más que tenemos una imagen como ellos podrían tener, ¿no crees que estemos en esa onda?

Sí, algo de ello hay… Respecto a Crickets, dijiste que es un proyecto que busca la forma y que tiene una manera libre de escribir su música, pero ¿a qué sonáis?
Hay una drum machine, una guitarra y un sintetizador. Y la voz, claro. Es muy simple, muy transparente. Para mí es como ese grupo ESG, de Brooklyn, tres chicas formaban la banda, dos creo que eran hermanas, de los comienzos de los ochenta. Música muy sencilla, pero canciones pegadizas que suenan genial. Cuando comenzamos con Crickets, ellas fueron una de nuestras referencias, así como Tom Tom Club. La prioridad es siempre hacer las cosas simples de conceptos amplios.

Te sigo en Instagram y veo que estás siempre rodeado de arte y metido en la escena underground, en medio de un fuerte círculo social. ¿Cómo te sientes cuando mutas al tipo de Faith No More con tantos tours que te alejan de casa y de tu día a día?
Cada cosa que hago en mi vida, la hago rodeado de gente. Una de las razones por las que me vine a Nueva York es esa, estar con gente todo el rato. Ir de gira con cualquier grupo, especialmente con Faith No More es un trabajo en comunidad. Cada día conocemos gente nueva, entramos en nuevas comunidades todos los días. Ser capaz de alejarme de mi círculo íntimo de familia y amigos, es hermoso, me encanta. Con suerte, si Faith No More volvemos a girar será otra oportunidad de conocer nuevos amigos.

Tras haber tomado la decisión de salir del armario en 1993, cosa que causó y causa admiración por parte de mucha gente, ¿cómo funciona esta situación para ti? ¿Es una fuente de autoconfianza?
Fue un manifiesto desafiante para mí en esos días. Las cosas eran muy diferentes en aquella época y mucha gente incluso me veía como un freak. Estábamos con Faith No More girando junto a Guns N’ Roses y Metallica, y poco a poco estábamos comenzando a ser categorizados como ese tipo de bandas. Creo que eso arrancó aún antes cuando empezamos a tocar “War Pigs” de Black Sabbath, que nos puso en esa posición de grupo de machos, muy hetero. Eso nos generó cierta incomodidad, no solo a mí, sino a toda la banda, y por eso decidimos hacer la versión de “Easy”, en plan “hey, no somos sólo esto. Nos interesa ir a todos lados”. Como extensión de eso y lo del tour con Metallica y Guns, que era como el súmmum del rock dominado por tíos, ya no quería que se me percibiera como eso, ni a mí, ni a Faith No More, y que se nos recordase así en los anales de la música. Claro, éramos teloneros de tipos que usaban la palabra con N, que hablaban despectivamente de los gays, porque eso es lo que hacían Guns N’ Roses en una de las canciones, y eso no es cool. Vimos cosas muy grotescas en ese tour a nivel sexista que nos hacían sentir incómodos, así que al momento sentí como un desafío dar un paso al respecto, y fui capaz de decir: “hey, adivinan qué: uno de los miembros de esta banda es gay. Toma eso”. Fue un forma de separar a Faith No More de esa forma de pensar, y demostrar que éramos más que el típico grupo hetero-macho-man.

¿Crees que hoy en día es más fácil ser activista gay?
Creo que aún es complicado, vamos, con seguridad hay mucha más aceptación en el mundo, pero aún queda mucho por avanzar. Aún se escucha aquello de “it’s not ok to be gay”. Todavía falta para que todas las familias dentro de nuestra gran familia sean aceptadas, como los trans por ejemplo, o los crossgender, diferentes estilos de vida que necesitan ser reconocidos. También para las mujeres, que con el movimiento Me Too lograron visualizarse. Debemos seguir desafiándonos para lograr ser aceptados de un modo universal.

No es un secreto que los miembros de Faith No More son gente muy distinta entre sí, pero yo veo algunas similitudes entre vosotros, por ejemplo el hecho de estar involucrados en distintos proyectos de variadas naturalezas. ¿Cuáles son otros aspectos que tú consideras que tienes en común con otros miembros de la banda?
Creo que todos formamos parte de un colectivo. Hablamos el mismo idioma, en el sentido de la presentación dramática de lo que hacemos, creo que es algo que nos atraviesa a todos. Nos gusta ofrecer algo majestuoso, algo grande en el sentido dramático de la idea. Ya sea una canción nuestra o un cover, o la forma de presentar el escenario, como fue con las flores que lo decoraban en la última gira. Hay magnetismo en ello y mucha belleza, pero también somos provocativos y mantenemos al público confundido, porque eso es algo que nos gusta hacer. Me es difícil señalar a algo concreto, pero creo que hay cosas que hacemos de una forma similar, con una mentalidad parecida, un lenguaje propio de nuestra banda y que funciona bien entre nosotros.

Aparentemente el lanzamiento de “Sol Invictus” en 2015, cerró un círculo para Faith No More. ¿Cuáles son tus conclusiones sobre este periodo?
Bueno, estuvimos haciendo tantos shows y nos dieron ganas de hacer algo más. Un nuevo disco era definitivamente un reto y un próximo paso con total lógica. Nos pusimos de acuerdo y lo hicimos. Ya no era inspirador tocar sólo temas antiguos, así que estoy muy agradecido de que hayamos sido capaces de dar el siguiente paso y tener nuevas canciones. Lo nuestro nunca es un libro cerrado. Hablamos bastante habitualmente y pensamos mucho en cosas que podemos hacer juntos. Así que aún es un final muy abierto, y no un episodio cerrado en absoluto. Todos sentimos que un nuevo y lógico paso tendría sentido, y yo seré muy feliz de darlo siempre y cuando nuevamente estemos todos a bordo en esta idea.

¿Crees que habrá nueva música más temprano que tarde?
Bueno, eso es muy relativo. No estoy seguro, pero sé que nos respetamos mucho entre todos y queremos continuar creando juntos; hablamos de hacer exactamente eso, así que desde donde yo estoy sentado, sí, diría que más pronto que tarde habrá música nueva.

Adriano Mazzeo