REY MIDAS DE LA ELECTRÓNICA CON ASCENDENCIA POP, NORMAN COOK HA DESBANCADO TODA PREVISIÓN CON UNA TRAYECTORIA, DE NOMBRE FATBOY SLIM, DONDE LA BÚSQUEDA DEL HIT INAPELABLE SE HA CONVERTIDO EN SU PRINCIPAL BAZA. ESO SÍ: EN SU NUEVO DISCO, “HALFWAY BETWEEN THE GUTTER AND THE STARS” (SKINT/SONY, 00), TODO PARECE MÁS RELAJADO Y PLÁCIDO.

Un `no´ a Madonna: Fatboy Slim logró el cielo el día en que, ajeno a cualquier contacto con las altas esferas musicales del momento, se atrevió a negarle un remix a la Ciccione. El abrumador éxito de “You´ve Come A Long Way, Baby” , su segundo disco, hizo, ya por entonces, de Norman Cook el personaje más buscado de la electrónica actual. Hay anécdotas. “Bueno, es muy curioso porque un día leí en una revista que Barry Manilow afirmaba ser un gran fan de Fatboy Slim (risas). No sé, nunca creí que Barry Manilow iba a hablar de mí, pero ya ves cómo son las cosas…”. Pero todo indicaba que, tras el varapalo rítmico del álbum (los beats andaban muy sobrados de peso), su próxima aventura discográfica rebajaría el contador de bpms e invitaría al sosiego. Y algo de eso hay en “Halfway Between The Gutter And The Stars”. El ex-miembro de Housemartins y Freak Power intenta llegar al por qué. “Después del éxito de “You´ve Come…” fue un poco difícil empezar a trabajar en el nuevo disco. Y lo que más me interesaba desde el inicio era el hecho de crear un sonido que evitara caer en la fórmula de los dos primeros discos. En este sentido, he tratado de no repetir ni la estructura ni los tics de esos álbumes. Por eso es un disco más variado y menos contundente”.

“Creo que era el momento de reencontrarme con mis raíces musicales, ya sabes, el soul, el funk y el hip hop”

Se trataba, intuyo, de aproximarse a un discurso más ecléctico y diverso. En ese sentido, las expectativas se han visto satisfechas. ¿El precio? Mucho me temo que la dispersión. Hay algo en el recorrido amplio de este ejercicio sonoro que impide el engrasado perfecto y ahoga la sensación de pleno rendimiento que sí sugerían, por ejemplo, sus dos primeros discos, especialmente su debut, el antológico “Better Living Through Chemistry”. “Sí, creo que eso está claro. No es que me haya propuesto hacer un disco menos bailable, pero sí es cierto que es un disco menos dinámico. Es más calmado, sí, y, bueno, estoy de acuerdo en que se puede escuchar en casa con toda tranquilidad”. Y, en realidad, lo único que llama la atención, aparte de esa aventurada movilidad estilística, es el definitivo asentamiento de la música negra como sustrato compositivo. Soul, funk y hip hop se encargan, a su manera, de hilvanar los puntuales flirteos con el house, el breakbeat y el rock. “Definitivamente. Creo que era el momento de reencontrarme con mis raíces musicales, ya sabes, el soul, el funk y el hip hop. Era el momento de recuperar aquella música que realmente me gusta. Se trataba de acercar todas esas influencias al discurso habitual de Fatboy Slim, pero con la intención de mantener un equilibrio entre ambos”. Y, para corroborarlo, nadie mejor que Macy Gray, quien vocifera con su voz de cazalla en un par de temas del álbum. Una colaboración poco imaginable a priori, la verdad. “Bueno, la verdad es que fue una colaboración que propusieron The Chemical Brothers. Yo la verdad es que no me lo había planteado, pero creo que su voz funciona muy bien en las canciones. Lo que me gusta más de Macy es su actitud, ya sabes, ella pasa de todo, y eso me encanta”. No es “Halfway Between The Gutter And The Stars”, empero, el disco definitivo que muchos esperaban. Para éstos, la continuación del celebrado “You´ve Come A Long Way, Baby” debía seguir las huellas de un camino distinto al trazado en esta nueva entrega. Y es que el mayor inconveniente de “Halfway…” reside en el hecho de que, debido al afán por ahuyentar los hits revientapistas y adoptar formas más relajadas, el conjunto no acaba decidiéndose ni por lo uno ni por lo otro. Es “Halfway…” un disco que, como diría Javier Blánquez, ni se escucha ni se baila. Sí se bailan, y, supongo, se seguirán bailando, los remixes de Norman Cook. Sus antológicas revisiones del legado de Cornershop, Beastie Boys, A Tribe Called Quest o Wildchild tienen el mérito de conseguir aquello que persigue el remix y no siempre consigue: mejorar el original. Está claro, pues, que el Norman Cook creador se distancia del Norman Cook remezclador. Dos mundos aparentemente opuestos. “El hecho de hacer un remix depende exclusivamente del gancho. No tiene nada que ver el hecho de que ese artista me guste o no me guste, sino que esa canción me enganche de alguna manera. Es lo que me pasó con Cornershop, ya que, por ejemplo, yo no conocía su música, pero vi que podía hacer algo por esa canción”. Ahora falta saber si con la edición del nuevo trabajo, esta faceta va a tener continuidad. “Sí, sin duda. De hecho, creo que se va a intensificar, porque en Navidades voy a tener un hijo, y supongo que tendré que estar mucho tiempo en casa (risas), ya sabes. Entonces podré dedicarle mucho tiempo a los remixes”. Cosas de la vejez, ¿no? “Sí, tienes razón: definitivamente, me estoy haciendo viejo”. Ah, se me olvidaba: en noviembre lo tendremos por Barcelona.