Con el sencillo “Ahí te quedas, Perarnau”, Mucho anunciaba su regreso, pero como proyecto personal y muy íntimo de Martí Perarnau IV. Después de mucho flirtear con ella en sus dos últimos trabajos como banda, su relación con la electrónica ya es seria, y se ha formalizado públicamente en ¿Hay alguien en casa? (Autoeditado, 19), una sesión sin cortes en la que el artista se ha dejado arropar un poco por la nostalgia, conjugándola hábilmente con el presente y la epifanía que para él ha supuesto el mundo de la electrónica.

De los Mucho de 2011 a los de 2019, quién os ha visto y quién os ve… ¿Dónde te has quedado, Perarnau?
Me quedé yo solo encima de la montaña (risas). La verdad es que hemos hecho un buen viaje, sobre todo yo. Si me lo llegan a decir, realmente todo ha sido ir aprendiendo a hacer canciones. Ahora, mirando atrás, siempre pienso que quizás el primer disco ni lo habría sacado, pero supongo que la única manera de aprender a hacer canciones es sacar un disco, que lo escuche la gente y vivir ese proceso interno de sacarlo ahí fuera, darte la hostia, aprender, y hacer uno nuevo. Ni me acuerdo de en qué pensaba yo en 2011, supongo que me gustaban The Black Keys y Jack White y andaba loco con la guitarra. Ahora si me pongo un disco de Jack White, me aburro. Forma parte de mi personalidad, me lo dice mi madre. Ya de pequeño me obsesionaba con algo, luego se me pasaba y me daba por otra cosa.

¿Cómo han sido estos tres años desde “Pidiendo en las puertas del infierno” (Marxophone, 16), este proceso en el que se ha convertido en un proyecto personal?
Con el disco anterior tuvimos muy buena aceptación, y la gira fue guay, pero la parte económica nunca funcionó. Y probablemente siga sin funcionar, porque tener un grupo en este país es un deporte de riesgo. El sueño de vivir de tu propia música no es más que eso, un sueño, a menos que tengas la suerte o el tesón, no sé ni cómo llamarlo, de poder llenar ya estadios. Como es tan difícil de mantener, queda la pasión y las ganas de seguir haciendo canciones y me he quedado solo porque soy el que hago las canciones. Y aunque siempre lo he hecho así, ha sido un proceso loco de componer en casa yo solo con el ordenador, vibrando y buscando, pero también aceptando la derrota, aunque sabiendo que las derrotas no son necesariamente fracasos. Culminado ese proceso, he podido grabar un disco con mis amigos, y fue heavy porque tenía una carpeta como para hacer un disco cuádruple, aunque muchas canciones serían una basura. A otros discos había llegado justo y para este tenía mucho material.

“He ido a unas cuantas raves, he visto a djs flipantes, y me han jodido la vida. Ahora los considero unos artistas, y me interesa más ese mundo que el de los músicos”

En el segundo, pero sobre todo en el tercer disco de Mucho, ya se notaba que te encantaba la electrónica, los sintetizadores… Con Zahara y demás artistas también has podido tocar a placer.
He tenido mucha suerte con la gente que he trabajado, porque allá donde he ido me han dejado hacer lo mío. Grabando el disco anterior, decidí especializarme en lo que yo sé hacer. Hay muchos teclistas y mucha gente, pero mi visión de la música no la tiene nadie. Decidí ir a muerte, aprender a manejar el Ableton, que me ha cambiado la vida, y convertirme en un verdadero especialista. Ahora me he convertido en un dios dorado de los cacharros estos (risas).

Con esto no quiero decir que estuvieras oprimido, pero suenas liberado, has podido hacer lo que verdaderamente te apetecía. ¿Qué lo ha facilitado?
Con el uso que le he dado al Ableton Live, considero que tengo una intimidad con el portátil que es absurda. Me pasaba en la adolescencia con la guitarra en la cama, que la cogía y me daba un placer infinito, y me sentía como arropado por mi madre; ahora me pasa con el portátil. Hacerlo solo ha sido una verdadera liberación; es un disco muy íntimo, porque me quejo mucho, pero en el fondo estoy hablando de mí todo el rato. Musicalmente no he tenido que rendir cuentas a nadie, mis amigos me han ayudado a llevarlo a cabo, y tengo la sensación de que grabar con ellos ha sido mi manera de compartir cosas que nunca les cuento.

Hay una influencia claramente ochentera, siempre has mencionado a Stevie Wonder, también se oye a Daft Punk o Justice, cosa que ya se apreciaba en el disco anterior, del que recogieron el testigo los dos primeros adelantos. Pero con “Putochinomaricón” te fuiste directamente de rave y diste a entender que el álbum traía otras cosas.
Los adelantos fueron difíciles de escoger, los elegí por las letras más que por la música; “Ahí te quedas, Perarnau”, explicaba muchas cosas y reflejaba el cambio. Es verdad que me volví loco con el mundo de las raves y los DJ’s. Yo era muy tonto con ellos. Era de los que decía que no son músicos, tenía esa mente cerrada, pero he ido a unas cuantas raves, he visto a DJ’s flipantes, y me han jodido la vida. Ahora los considero unos artistas, y me interesa más ese mundo que el de los músicos. Por eso todo el disco está enlazado como una sesión, y los directos van a ser así. Aunque parezca que la electrónica tiene unas fronteras marcadas, es una falacia. Siento que hay mucha más apertura y libertad en esa música, si sabes encontrarla. Mediante procesos electrónicos, me vienen ruedas de acordes nuevos que nunca podría haber imaginado. Es absurdo, pero la tecnología me ha otorgado una libertad que no sabía que era posible en la música, y le estoy muy agradecido a los DJ’s.

Nunca digas “de este agua no beberé”, Martí…
(Risas) Sí, exacto, me voy dando cuenta que todo de lo que he renegado alguna vez ahora me flipa.

Eso sí, “Las ventanas se encienden” recuerda un poco al “Dreams” de Fleetwood Mac, ¿iban por ahí los tiros?
Sí, sí, totalmente, esa es la única que toca toda la banda en directo en el estudio, íbamos a muerte con ese rollo setentero. Lo has pillado perfectamente.

Pero en general parece que, efectivamente, un DJ se ha apoderado de ti. Y aunque hay bajos, piano y alguna guitarra, se te ve más en tu salsa experimentando.
Fue muy bonito lo que pasó en el estudio. A algunas canciones les dimos la vuelta para tocarlas en directo, otras sonaban ya increíbles tal como las llevé yo de casa y así se quedaron. Tenía a los mejores músicos, que son mis amigos, que no me lo puedo creer, y solo hemos tocado juntos un par de canciones. Pero eso también les hace buenos músicos; saben escuchar, y si en unas solo tenía que entrar un bajo de Ricky, eso hacían y punto.

“Me encanta tocar en festivales, pero no pasa nada por afrontar la realidad: son como un centro comercial de la música”

Buen punto, por cierto, el de Ricky Falkner cantando “Amaia Montero me llama desde algún lugar” en “Sé que soy una anomalía”.
(Risas) Sí, hicimos ahí un homenaje (verso extraído de “El cielo es una costra” de Egon Soda). Durante la grabación entramos en mucha nostalgia y hermandad, y escuchábamos mucho a Egon Soda por las noches, después de grabar. Ricky siempre me estaba diciendo que tenía que hacer el disco de la amistad, que se debía transmitir eso. Luego me di cuenta de que era imposible, porque hacerle una canción a tus amigos es lo más difícil del mundo. Y no ocurrió, pero está ahí esa idea de la hermandad.

“1985” como introducción, menciones a Marty McFly y E.T., etcétera. ¿Nos querías poner en situación a nivel sonoro y/o compositivo?
Todo tiene conexión con mi infancia y mi adolescencia. Cuando llegué a Madrid, la gente no sabía decir mi nombre y me llamaban Marti, no Martí. Yo ya era fan de “Regreso al futuro”, nací en el año de la película… Todo me llevaba a hablar de mí. Hay canciones que me llevaban al pasado porque la electrónica es el sonido de mi infancia tardía. Escuchaba a The Beatles, pero también estuve loco con Telefon Tel Aviv comiendo pantalla y haciendo programaciones hasta que un día me aburrí y empecé a tocar la guitarra. Había algo muy mío ahí que nunca había expresado, de ahí los títulos de las películas, que están en el imaginario colectivo y es algo generacional, pero lo considero algo muy mío.

¿Es una sesión pensada para que bailemos mientras nos lanzas unos dardos dolorosamente verdaderos? Porque todo lo que cantas nos resulta familiar.
En realidad, no se lo canto a nadie, me lo canto a mí mismo. Soy yo el que está en el sofá mirando Twitter, diciendo que nunca voy a hacer nada. Pero también hay un poco de cabreo. Hasta me compré una máquina de escribir, y, como escribo vomitando, con ella sentía que tenía poder y que cada palabra requería mucho esfuerzo físico. Es un poco egoísta, en el fondo es una llamada a mí mismo, para despertar, no quiero dar lecciones a nadie.

¿Ha sido jodido comprobar que había demasiada materia prima de la que tirar para componer?
Sí, sí, es un puto drama. Cada vez que pongo las noticias, me enfado. También me sirve un poco de terapia; si no hiciera canciones, no sé cómo lo sacaría. Mis amigos me dicen que vivo enfadado (risas).

Ahora que tú controlas el proyecto, parece que te has permitido letras más mordaces si cabe (“El enemigo ahora vive en todos nosotros”, “Ahí te quedas, Perarnau”) y con mucho ingenio has colado frases que se van asimilando con las escuchas. A la primera no presté atención a “aún tiene el brazo alzado el constructor de pantanos”…
Es muy feo decir “Franco está vivo” (risas). Sí, es un disco de muchas escuchas, que es lo contrario a lo que se debe hacer ahora, pero realmente me da igual. Quien no tenga tiempo de escucharlo, se lo perderá.

“La tecnología me ha otorgado una libertad que no sabía que era posible en la música”

Siempre has insistido en la importancia de la obra frente a las canciones de consumo rápido, y, personalmente, se agradecen discos como el tuyo.
A mí me pasa lo mismo, como oyente me gusta que sea así. Si no va con los tiempos y no ayuda al negocio, me da un poco igual. Yo he aceptado la derrota y tengo decidido que no es un fracaso, yo hago los discos así. Ahora que tengo un estudio, a veces pienso en grabar canciones, pero pensaría en ellas de la misma forma, como si fueran una obra completa. Los discos que me flipan son así, como el de Frank Ocean o los de Caribou, que me jodió la vida. Le vi pinchando y me pareció de un nivel… Es un jefe ese chico.

Otra frase estupenda es “Buscaba una obra de arte, pero me encontré en un festival”. Y vas y anuncias festivales…
(Risas) He de confesar que la escribí porque me apetece cantarla en los festivales, me hacía ilusión. Me encanta tocar en festivales, pero no pasa nada por afrontar la realidad: son como un centro comercial de la música. Y los centros comerciales están bien a veces, pero no es el sitio en el que quieres estar siempre. Es otra manera de disfrutar de la música. Los shows son más cortos, todo es de consumo rápido y no da tiempo a entrar en un concierto. Es lo que hay.

Y “Buscaba un futuro pero llego tarde…”. Nunca lo es cuando finalmente das con lo que realmente te apasiona, ¿no crees?
Era otra manera de decir, “mierda, si hubiera sabido todo esto cuando empezaba…”. Es una canción un poco derrotista, pero cuando la compuse me sentía así, y quería enseñar esa otra cara, porque hacer este disco ha sido un puto sufrimiento. Y es que parece que todo es bonito: los grupos tocan en festivales, ganan dinero, tienen muchos fans, etc. Y la verdad es que yo he estado dos años metido en mi casa, y nadie ha sido mejor, solo mis amigos y mi familia. Es el engaño de las redes sociales, cómo los grupos ponemos todo en las manos de lo que está fuera, cuando la música viene de dentro y es lo único que hay. Ha sido un proceso muy duro, me ha ayudado mucho y ha sido hasta una salvación, pero solo se lo puedo agradecer a la gente que me ha apoyado. Agradezco mucho el público que tengo, pero a la hora de hacer un disco, uno lo hace por uno mismo.

AGENDA
FechaCiudadRecintoHoraPrecio
martes 30/04/19ValladolidPorta Caeli21:0012€
De 24/05 hasta 25/05/19MadridFestival: TOMAVISTAS FESTIVAL
De 07/06 hasta 09/06/19PalenciaFestival: PALENCIA SONORA
De 26/07 hasta 28/07/19BenidormFestival: LOW FESTIVAL
De 07/08 hasta 11/08/19Aranda de Duero / BurgosFestival: SONORAMA RIBERA