“Nuestra música es instintiva, nada cerebral”
Entrevistas / Mogwai

“Nuestra música es instintiva, nada cerebral”

Carlos Pérez de Ziriza — 22-02-2021
Fotógrafo — Antony Crook

Mogwai, los reyes del pandemónium sónico, están de vuelta. As The Love Continues (Rock Action/PIAS, 2021) es su décimo álbum de estudio. Lo han grabado con un viejo conocido, Dave Fridmann – con quien ya trabajaron en “Every Country’s Sun” (2017), entre otras cimas – y han dispuesto para ello con más tiempo del habitual: la pandemia abortó su plan de grabar en Nueva York, todo se tuvo que hacer a distancia.

Nos lo cuenta por zoom desde su domicilio berlinés Barry Burns, teclista, bajista y guitarrista del cuarteto escocés, el miembro más polivalente de la banda que completan el vocalista y guitarrista Stuart Braithwaite, el bajista Dominic Aitchinson y el batería Martin Bulloch.

Teníais previsto grabar en EEUU con Dave Fridmann, y os habéis tenido que limitar a trabajar con él a distancia. ¿Cómo ha sido todo el proceso?
Sí, fue muy extraño durante los primeros días, hasta que nos acostumbramos. No era la situación ideal, pero era mejor que no grabar un álbum nuevo. Había una diferencia horaria entre el Reino Unido y Nueva York, obviamente, con lo que se nos hacía raro empezar a trabajar tarde, ya después de comer cada día, pero una vez te acostumbras, es fácil. Dave (Fridmann) estuvo mucho más implicado de lo que pensamos porque, aun sabiendo que para él era una situación difícil, le dedicó mucho trabajo. Como nosotros, vaya (risas).

“Más que escuchar música hecha por otros, lo que mas nos ha influido, al menos a mí, es el trabajar con otros músicos”.

¿Por qué habéis querido trabajar con él de nuevo?
Él entiende perfectamente lo que somos, y quedamos muy contentos del último álbum que nos produjo, “Every Country’s Sun” (2017). Es una pena que no pudiéramos viajar para estar con él y salir por ahí con él y su familia, y para pasar tiempo en su estudio, que es fantástico.

¿Os ha dado esto más tiempo para trabajar en el disco, en comparación con los anteriores?
Sí, porque en teoría lo íbamos a grabar un año antes, en 2019, hasta que nos dimos cuenta de que no íbamos a estar preparados, y luego se retrasó a abril de 2020, y llegó la covid. Tampoco íbamos a llegar a tiempo de tenerlo hecho en abril, así que en cierto modo se puede decir que tuvimos suerte. ¡Tuvimos suerte de que llegara la covid! (risas). Estoy bromeando, obviamente. Tuvimos más tiempo del habitual para trabajar en él, eso sí. Es el único aspecto positivo.

Es una pregunta obligada, aunque sea recurrente a gran parte de la producción musical de los últimos tiempos, al menos cada vez que un título admite esa lectura previa: ¿Por qué “As The Love Continues”? ¿Es el amor lo que debe continuar, ante la imposibilidad de abrazarnos a muchos de nuestros seres queridos?
La hija de Martin (Bulloch), nuestro batería, que tiene siete años, pronunció esa frase. Íbamos a llamarlo “Dry Fantasy”, como una de las canciones, pero en cuanto escuchamos esto, tuvimos claro que era una opción mucho mejor. Por supuesto que puedes relacionarlo con lo que estamos viviendo, pero como ocurre habitualmente con los títulos de nuestros discos, realmente no significa nada (risas). Con que suenen bien, nos gusta mantenerlos.

Vuestro discurso sigue sonando un poco hermético, como si nunca os dejarais empapar por otros sonidos. ¿Es así?
Más que escuchar música hecha por otros, lo que mas nos ha influido, al menos a mí, es el trabajar con otros músicos de la escena electrónica de Berlín, donde yo vivo. Gente como Kangding Ray (el proyecto del francés David Letelier), con quien he aprendido muchísimo sobre producción y sobre música electrónica, y cómo aplicarla a Mogwai. Es más el hecho de colaborar con alguien, y aprender a hacer las cosas de una forma diferente, lo que hace que pueda haber algún cambio en nuestro sonido.

“Siempre necesitamos cambiar un poco para no hartarnos de nosotros mismos”.

Vuestra música sigue teniendo, en cualquier caso, propiedades cinemáticas, y no sé hasta qué punto eso se ha reforzado con vuestros trabajos para algunas bandas sonoras en los últimos diez años. Cuando estáis empezando a componer una canción, y en vuestro caso entiendo que hay más motivos para pensarlo, al no haber letras ni voz, ¿concebís las canciones como paisajes imaginarios?
No, pero me divierto mucho mucho leyendo e-mails de gente que nos dice eso mismo, porque en realidad somos una banda muy práctica, apenas hablamos de música entre nosotros. Y tampoco colaboramos de forma directa, escribimos las canciones por separado… así que no sé qué decirte (risas).

Te preguntaré lo mismo, pero de una forma distinta: ¿cuánto hay de intuición y cuánto de planificación en Mogwai?
Creo que muchos músicos tienen una idea muy clara de lo que quieren plasmar, y tienen muchas conversaciones entre ellos. Recuerdo que Arab Strap o The Delgados, con quienes trabajé antes de unirme a Mogwai en 1999, tenían largas conversaciones sobre cómo debía ser su música. Al llegar a Mogwai, todo era como “Ok, adelante, hazlo”. No había ningún plan, todo era instintivo, nada cerebral, simplemente tocar nuestras canciones. Así es como funcionamos. Puede que sea un poco decepcionante para la gente escucharnos decir eso, pero es que es así. No discutimos, no deliberamos, no tenemos un paisaje mental en la cabeza. Es todo más directo.

Habéis celebrado en 2020 el 25 aniversario del grupo. ¿Cómo mantenéis la ilusión por seguir haciendo música después de tantos años?
¡Nos encanta nuestro trabajo! También ayuda el hecho de que somos muy buenos amigos, porque conozco a muchas bandas que no mantienen esa amistad. Nos encanta tocar en directo, algo que estamos echando muchísimo de menos ahora. Nos gusta juntarnos, tocar nuestra música y hablar de fútbol, ya sabes, blablabla….

¿En qué medida han afectado a vuestro trabajo los grandes cambios en la industria de las últimas dos décadas?
Seguimos publicando álbumes, pero somos conscientes de que mucha gente ya no los escucha, no al menos como antes. Sí que hay todavía gente que compra nuestra música en vinilo, lo que significa que les gusta lo que hacemos. Pero la música, en general, se ha convertido en un animal muy diferente. Me sabe muy mal por los músicos que están empezando, porque tienen ante sí una cumbre muy pronunciada que escalar para optar a hacerse un hueco en el mercado, especialmente con el Brexit, que es un desastre para nuestras bandas. Todo se ha hecho más difícil, por un lado. Pero, por otra parte, cosas como bandcamp son increíbles, es mi plataforma de streaming y de descarga preferida, y al menos permite que algunos músicos se saquen un dinero decente. Es muy buena para grupos que aún no tienen una gran base de fans. No todo es malo, solo diferente. ¿Tú qué opinas?

“Recuerdo un Primavera Sound en el que tocamos a las 3 de la madrugada, y los cinco que estábamos sobre el escenario lo disfrutamos a tope”.

Bueno, creo que está claro que hoy en día puedes lograr que tu música llegue más lejos, pero también hay mucha más competencia, una enormidad de músicas compitiendo entre sí por captar nuestra atención.
Hay mucha mas música instrumental ahora mismo, por ejemplo. Eso me complace, para mí es algo bueno.

¿Crees que habéis sido influyentes para músicos más jóvenes?
Creo que lo hemos sido, pero siempre sobre bandas que luego han encontrado su propio sonido. Y aunque tenemos un sonido muy identificable, siempre tratamos de cambiar un poco, en la medida de nuestras posibilidades (risas), aunque siempre vayamos a sonar a Mogwai. Siempre necesitamos cambiar un poco para no hartarnos de nosotros mismos (risas).

Sí, porque vuestra carrera es muy consistente, sin apenas altibajos, y supongo que siempre habéis tratado de encontrar un equilibrio entre la fidelidad a vuestro sonido y la necesidad de añadir ligeros retoques, pequeños giros dentro de la misma fórmula.
Sí, somos cuatro personas que llevamos muchos años juntos y sabemos cómo vamos a sonar, siempre va a ser un disco de Mogwai, pero tratando de añadir cosas nuevas. Este disco tiene cajas de ritmo, cuerdas, nuevos sintetizadores y cosas que no solemos utilizar tanto. Siempre hay un nuevo truco, por decirlo de algún modo, que tenemos que usar.

Vives en Berlín, y el resto de Mogwai aún vive en Escocia. Pero te quiero preguntar por la escena de tu país en este momento, porque cuando empezamos aquí a escucharos, teníamos a toda esa cantidad de bandas escocesas a cuyos discos era muy fácil acceder, y también era sencillo verlas por aquí: The Delgados, Arab Strap, Bis, Urusei Yatsura, Camera Obscura… y teníamos una visión de vuestra escena como algo muy fértil. No sé si es por la globalización, por la saturación de músicas que tenemos encima, o por cualquier otro factor, pero no tenemos esa misma percepción hoy en día.
Estoy de acuerdo contigo. El asunto con los músicos escoceses es que nunca ven atractivo mudarse a Londres, a diferencia de lo que ocurre con los de otros lugares del Reino Unido, que se marchan allí y editan sus discos en sellos de la capital. Eso no ocurre con los músicos de Glasgow o Edimburgo. Hubo una explosión de grupos en la época que comentas, con gente como John Peel y otros DJs, que se tomaron mucho interés en darles voz en la radio. Pero esa escena siempre ha estado ahí.

Supongo que estaréis desenado volver a tocar en directo. Más aún teniendo en cuenta que vuestra música es muy física, muy inmersiva, muy de sentirla atronar y perderte en ella.
Sí, creo que hablo por toda la banda si te digo que nos gusta grabar discos y escribir bandas sonoras, pero lo más excitante para nosotros son esos noventa minutos de cada concierto. Diría que el público español, el japonés y el de Glasgow, son con los que más disfrutamos. Recuerdo un Primavera Sound en el que tocamos a las 3 de la madrugada, y los cinco que estábamos sobre el escenario lo disfrutamos a tope. Y no creas que es tan habitual, porque lo normal es que, de los cuatro o cinco, siempre haya al menos uno que no esté tan motivado. En Japón son más educados, no tan locos, pero también se entregan por completo.

Creo que el concierto que mencionas del Primavera Sound es el de la edición de 2003, con Sonic Youth o los White Stripes en el cartel. Lo recuerdo por la hora: ese momento en el que uno está a punto de irse a dormir. Hasta que llegasteis.
Sí, sí, fue ese año. ¡Yo estaba igual, ojo! Dormido en el hotel, desde la medianoche hasta las dos. Eso sí, después del concierto ya no pude dormir en toda la noche, del subidón que teníamos.

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